ALBA PETRÚNGARO. Las randeras

Estándar

Todo lo que se hace tiene un porqué, y porque perpetuar las cosas produce siempre menos dolor que queres cambiarlas, para cambiarlas (a pesar del dolor) hay que conocer, conocernos, aprehendernos.

Este es un paso más, un paso de acercamiento, de dialogo, conocimiento, comprensión, amor, deslumbramiento, agradecimiento, con profunda y enorme ternura por mi tierra y su mujeres; por mi planeta y su género mujer.

RANDA:     del alemán rand=borde. Femenino. Adorno de encaje que se pone generalmente en la ropa blanca, vestidos  y otras cosas. Encaje de bolillos.

RANDERA: femenino. La que se dedica a hacer rondas. (Del Diccionario enciclopédico ilustrado Oriente.

O sea RANDA:

1) ascendencia castellana y catalana, por lo tanto el vocablo estaría emparentado con el accitano randar adornar (Joan COROMINAS)

2) ascendencia germánica, derivaría de rand=borde.

3) ascendencia árabe,

Sabemos que los encajes de aguja (randas, sales, orlas, etc.) como los de bolillo –todos de gran difusión y valor de España, Alemania, Bruselas, Flandes, Italia, durante los siglos XVI, XVII y XVIII- tienen un origen común: el artesano árabe.

Con la conquista del Nuevo Mundo es España la que desparrama su artesanía a toda a América, llegando al Rio de la Plata a través, además, de las emigraciones de las familias de distintas regiones. En este caso particular se difunden las randas de los pueblos castellanos

Leemos y vemos:

+-Los encajes del Sol, que se originaron en las Islas Canarias, también tejido de Tenerife, es facsímil de nuestro ñanduty. (Hay un film documental de Ana Montes, con la historia y leyendas del ñanduty paraguayo, realmente bueno).

+-Paul Groussac y el Padre Cattaneo, atestiguan presencias de canarios en el sur de América.

+- Como documentos gráficos tenemos a los artistas del siglo XVI, que son los pintores, pues en sus cuadros y estampas ilustran la belleza de estos trabajos en los vestidos, frisos, cortinados, ornamentaciones litúrgicas.

+-Miguel de Cervantes Saavedra dice en la Quijote, en el trabajo de Sandria quien “… hace puntas de randas, por ocho maravedíes que va poniendo en la caja de sus ahorros…”

+- En el siglo XV se tejían las randas (orlas o bordes) con hilos de oro y plata y se vendían en madejas.

+- En el inventario de ropa de Juana La Loca, reina de Castilla y Aragón, se citan rondas de hilo de plata que enjoyaban sus trajes.
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Deducimos: una artesanía no es un fenómeno aislado.

En nuestro país: después de recorrer varias provincias, recalan las randeras en El Cercado, Monteros, provincia de Tucumán.

Cuando digo recalan significa que existía esta artesanía en varias provincias, pero hay solo las encontré en Tucumán.

Para hacer la randas se emplea hilo común de coser, que viene en ovillo o bobinas, una aguja común de coser y una espina de quimil, para regular el ojo de la malla: hoy se trabaja también con un alambre en vez de la espina.

Una vez que está hecha la malla o red, se la tensa en bastidor y recién entonces se comienza a bordar. Originalmente se bordaba con el mismo grosor de hilo, hoy generalmente se utiliza un hilo de mayor grosor (hace más rápido el trabajo o sea, representa menos costo tiempo-horas de trabajo por cada creación).

La variedad de puntos es infinita. La verdadera randera sabe como quedara el trabajo antes de comenzar a hacerlo y generalmente hacen trabajos a ojo y dibujos aplicados desde un dibujo al papel.

Ana María Toledo, una randera, se considera representativa de Monteros. Vive en El Cercado (como ya la mayoría de las randeras) en un lugar tan bello como ella misma.

Tiene hecho el 6° grado primario (Escuela Nacional N° 29 de Tucumán). Ha obtenido menciones, medallas y un sinnúmero de premios por sus trabajos a nivel nacional.

Hay una zamba Ana María del Aire con letra de Nicandro Pereyra y música de Leónidas Arnedo dedicada a ella.

Un poema, también dedicado a ella en el libro ¡Tucumán! ¡Tucumán! Con grabados de Antonio Berni y textos de Nicandro Pereyra.

Figura en el Catálogo de la 1° exposición representativa de artesanías argentinas del Fondo Nacional de los Artes (10 al 26 de mayo de 1968).

Artículos sobre su trabajo en diversas publicaciones (léase revistas, diarios y publicaciones diversas).

Ha dado clases, enseñando su arte (mas que artesanía) en la Municipalidad de Monteros.

Ella (como la mayoría de las randeras), ha recibido sus conocimientos de su madre, suegra, abuela, y esta a su vez de sus mujeres mayores.

Hoy la randa no es simplemente un borde (para pañuelos, baberos, etc.) sino grandes manteles redondos, cuadrados, rectangulares, carpetas de formidable belleza y diafanidad.

Trabajos que llevaban de cuatro a cinco mese, con otros oras diarias de trabajo… ¡realmente formidables!

Existe un libro de poesía La randera tucumana y otros poemas de Amalia Prebisch de Piossek, donde hay un poema a la randera del año 1915.

A partir del año 1990, la máxima y única distinción que el Festival de Folklore de Monteros entregara año tras años será la “Randa de Plata”.

C.I.N.I (Centro de Intercambio Nacional e Internacional) de Monteros, entrega una exquisita randa enmarcada a distintas personalidades de quehacer cultural argentino e internacional. En la parte posterior del cuadro C.I.N.I informa:

“La Randa, delicado y artístico tejido realizado pacientemente por manos expertas con hilo y agujas comunes.

Esta artesanía fue introducida por las damas castellanas que acompañaron al capitán Don Diego de Villarroel en su expedición del año 1565.

En febrero de 1991, se filmo en Súper VHS video un documental sobre las randeras para presentar al festival Mujer y Cine; fue su directora Alejandra Turaty.

Allí se refleja esta artesanía creada por mujeres. Abuelas, tias, sobrinas, nietas, vecinas, hijas. A veces se reúnen, así, en grupos de amistad, pero las mujeres trabajan solas en sus casas, en los horarios de “sobra” de los quehaceres de la casa.

El conocimiento pasa de generación en generación y como enfermedades de arte y profesión (para mí esto es arte y profesión), padecen de la vista y columna.

Venden sus trabajos en las ferias y festivales folklóricos, algunas veces a intermediarios; pocos turistas van a buscar de ellos, algún que otro coleccionista y algo para el mercado local.

Por supuesto están muy mal pagas. Nunca reconocemos ni valoramos lo nuestro, mucho menos el trabajo de mujeres. He visto y oído a personas regatear el precio aun sabiendo que era bajo, y lograr (por necesidad) obtenerlo a menor costo, sin valorar el trabajo-horas, creativo y material.

Queda mucho por decir, contar, aprender, como por ejemplo que las randeras se ayudan económicamente con estos trabajos más de una sostiene malamente su casa con él, puesto que es el único ingreso, ya que su compañero (generalmente zafrero) lo que gana, lo bebe … con sus sabidas consecuencias.

Que este trabajo sea un abrazo largo, que nos una, así desafiaremos el tiempo, el espacio y juntas tendremos uno mirada nueva para aprehender la realidad como mujeres, pero mujeres de género.

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