ANNEMARIE HEINRICH, sesenta años de fotografía argentina

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En fotografía, podemos decir sin equivocarnos que una cantidad abrumadora de los mejores fotógrafos, son profesionales. Pero no todos los profesionales son creadores. ¿Cuál es entonces la división o la unión entre lo profesional y lo creativo? Existe una gran mayoría de profesionales de ambos sexos que poseen una obra correcta, seria, de acuerdo a las normas vigentes o a las necesidades de sus clientes y que llegan hasta allí, sin traspasar el límite de lo funcional. El ejercicio de una profesión puede ser un medio de vida –excelente a veces- sin apartarte de la rutina o de una agradable formalidad. El trabajo sostenido no es garantía de trascendencia.

Esa unión casi intangible que convierte a un trabajo profesional en una obra de más vastos alcances, es siempre producto de talento. Annemarie lo tiene y eso le ha permitido estar en primera línea de la fotografía argentina a través de casi sesenta años de fotografía. A ella le resulta difícil dividir trabajo y creación; ha sido una trabajadora nata y un espíritu disciplinado desde el comienzo, con un sostenido sentido del deber.

Nació en Alemania el 3 de enero de 1912 y llego con sus padres y su hermana a la Argentina en 1926, después de haber pasado la Primera Guerra Mundial y viendo que se avecinaba la segunda. Su padre era músico y su madre entendida en especias.

Un tío suyo era fotógrafo en Larroque, Entre Ríos, y salía con su sulky a recorrer la zona y buscar el trabajo. Annemarie lo acompaño con las fotos, que en ese entonces se imprimían al sol, al aire libre. La familia se traslado luego a Buenos Aires y Annemarie comenzó a trabajar barriendo los pisos en laboratorios fotográficos de gente alemana, pues no sabia el idioma. Su vocación entonces era la escenografía, pero la necesidad de comenzar a trabajar inmediatamente y el no saber castellano se lo impidieron. Encontraría luego la formula para integrarse al espectáculo a través de otra disciplina. Primero con la Sra. Weber, luego con Melita Lang, (destacada retratista de la década del 20); mas tarde con Rita Branger y con Wilensky. Primero limpiaba los pisos, luego trabajo en el laboratorio: las divisiones eran muy rígidas y las necesidades especificas. Fuera de su horario de trabajo, con una cámara de su padre, comenzó a sacar chicos, a los vecinos, y “para practicar”, hojas y plantas en el parque de Agronomía. Leía todas las revistas alemanas que conseguía y también se ejercito con “table-top”, fotografía de mesa. Cuando sus patrones advirtieron su interés, le armaron un pequeño espacio para que tomara fotos carnet, lo que “fue una gran practica”. Los fines de semana o durante las noches, comenzó a tener encargos fotográficos y luego realizar fotos para revistas.

En el año 1933 comenzó su actividad creativa: era el sostén de sus padres. Luego instalo su primer estudio en la calle Paraguay. No tuvo graves problemas en lo domestico, pues como trabajaba todo el tiempo, tenia quien hiciera las tareas del hogar. Luego vino su casamiento con Ricardo Sanguinetti, dos hijos, Alicia y Ricardo Sanguinetti que hoy también son fotógrafos, el cambio de estudio a la calle Santa Fe primero y finalmente a Callao, casi esquina Las Heras. Siempre trabajo sin horarios, pues anqué existía uno en el estudio, las fotos de espectáculos o teatro extendían las horas y la dedicación. Trabajo, trabajo, trabajo constante durante toda su vida. Su espacio era el estudio y de allí surgía su creación; más del noventa por ciento de su producción nació en el estudio. La formula era tomar las fotos que necesitaba el cliente, pero si le inspiraba, luego de cumplido el encargo continuaba trabajando de la forma que a ella le gustaba, es decir con la pose y con la luz.

“En esa época se trabajaba en estudio, hasta las notas para revistas se hacían allí. Como mujer no hubiera podido hacer un trabajo en exteriores. Si tenía que salir por algún trabajo, me acompañaba mi padre. Por ser mujer,  encontré dificultades. Cuando empecé, más de una vez cuando entraba un hombre, me veía y preguntaba: ¿Usted me va a tomar? Ah, no, usted es muy joven. Y se iba. También con presupuestos para fábricas: directamente me decían que yo no podía hacer el trabajo. Encontré también obstáculos por ser alemana. Durante la Segunda Guerra lo primero que pensaban era que era nazi.

La mujer fotógrafa era un bicho raro, sobre todo al comienzo. Otras mujeres ayudaron a abrir el panorama. Con la Segunda Guerra vino una gran inmigración y con ella Grete Stem, Rosa Kardoz, Melita Lang. Las extranjeras podían permitirse cosas que las nativas les estaban vedadas.

Todos eran muy machistas y las mujeres no les daban bolilla. Sin embargo, fueron los retratados quienes cambiaron las cosas. Muchas actrices o la gente en general se sentían mejor por ser fotografiados por una mujer. Decían que la mujer cuidaba más al  modelo, en los detalles de la posa o en la ropa. Se sentían más cómodos con una mujer. En el domicilio o en el estudio pasaba lo mismo.

Siempre las fotos de Annemarie Hienrich tuvieron una técnica impecable, que la destacaron del resto de sus colegas. Llego a ella a través de una formación rigurosa y en gran parte autodidacta. “Al principio compraba una revista americana de cine que salía en castellano,-afirma- donde aparecían fotos de George Hurrell, con una iluminación especial, con luces y sombras, muy cinematográfica. Luego la revista Life con fotos de Tonie Firesel y de Margareth Bourke-White. Muchas fotos me gustaban pero no sabia de quien eran, recién ahora les ponen los nombres. Edward Steichen me gusto por los retratos y Edward Weston por los detalles y paisajes. Liselotte Strelow por sus retratos y espectáculos, sobre todo teatro. Ahora destaco a Graciela Iturbide por sus ensayos y a Lord Snowdon por sus retratos, a pesar de que no tiene una personalidad muy fuerte.

La foto es la foto. La foto es una expresión directa y no transformable. Siempre trabaje con sistemas directos fotográficos.

Una fotografía tiene que ser buena, no importa el sexo de quien la produce. Importa mas el individuo en si mismo, no toda la gente piensa igual. Importa más el carácter o la personalidad del fotógrafo.

Al principio de mi carrera, veía más creatividad en los aficionados que en los profesionales. Me asocie a un foto club y comencé a enviar fotos a los concursos, para tener una base de critica. Del Conte (director de Correo Fotográfico Sudamericano) me decía siempre: No pierdas el tiempo en hacer paisajes, vos sos retratista. Quería tener pautas de la aceptación de mis trabajos. Mi primera exposición fue en 1947 en los Salones Peuser y tuvo mucho éxito. La segunda fue en el 52 con el tema de la danza. Mis fotos gustaron por igual a varones y mujeres. Las tapas de las revistas (Antena-Radiolandia) me dieron mucha popularidad –concluye-”.

Indiscutida numero uno en el mundo del espectáculo, el tratar con actrices y actores, bailarines, animadoras de televisión “estrellas” y directores, la hicieron contribuir al brillo del mundo de las candilejas. Para ello, sus fotos fueron casi idílicas con sus modelos, es decir que contribuyeron a crear ese mundo de ficción, brillo y simpatía. El sabio retoque fue una ayuda que disimulo en los primeros pianos el transcurso del tiempo, suavizo rasgos, disimulo arrugas que otros medios como la televisión o el reportaje se encargaron de desmitificar en parte. Su carrera acompaño al cine y teatro argentino durante sus mejores épocas de expansión y esplendor, sin dejar por eso de participar activamente en concursos y salones nacionales e internacionales donde gano numerosos premios. Realiza exposiciones colectivas e individuales hasta el presente y es distinguida como una de las figuras más importantes de la fotografía argentina.

Annemarie sabe compartir su amor por la fotografía. Participa en grupos, asiste a todas las exposiciones, comparte con sus amigos las noticias y se demora, otorgándole un espacio especial, en la contemplación de las fotos o los libros de sus autores preferidos. Piensa que no solo las creadoras tienen que unirse: todos deben hacerlo para lugar por sus conquistas específicas. Sabe que el movimiento de mujeres ayudo mucho en las luchas por los mismos derechos que tiene los varones. Ella lucho siempre por jerarquizar su profesión de la mejor de las maneras: con su labor y actualización constantes. Su trabajo son sus fotos. Su trabajo son sus fotos. Sus fotos son la evidente demostración de su talento.

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