Beatriz Broide: Segunda parte: Las mujeres judías

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Segunda Parte:  LAS MUJERES JUDIAS

Constituyeron un grupo inmigratorio minoritario que logró insertarse en el corazón de las actividades políticas y culturales de la Argentina. Fueron  mujeres que cruzaron fronteras de diferentes modos, se modernizaron y reclamaron derechos y espacios en la nación. Ese cruce de fronteras  representa mucho más que una metáfora que señala los caminos y los cambios que esas inmigrantes realizaron para instalarse en la vida del nuevo país. No fue sólo en lo político, sino también en la  actividad fabril, sindical, el comercio, la docencia y las profesiones liberales.

Así van emergiendo una gran variedad de historias diferentes que, superpuestas, dan cuenta de la multiplicidad y riqueza de las experiencias de estas mujeres. A medida que se analiza su inclusión y su integración van surgiendo aspectos  de la historia nacional habitualmente  desdeñados por los estudios que  no atienden al género, confirmando  la afirmación que el estudio de las mujeres permite re-evaluar las historias nacionales. Porque historizar a las mujeres implica mostrar cómo el género ilumina aspectos de la vida  política, social y cultural que son  constantemente  omitidos o desestimados por la historiografía tradicional.

Cuando se estudian las historias personales, las historias de vida, puede observarse que ninguna de ellas es menor, como no es menor, nunca, el desgarramiento producido por los desplazamientos de las inmigraciones. Y es de este modo, con la fundamental  inclusión del estudio de las mujeres, como debe incursionarse en la historia nacional.

Alumbrar  la vida de las mujeres judías en tanto mujeres en la participación de la construcción nacional  y en los movimientos políticos y sociales no sólo las reivindica y las re-ubica, sino que también cambia el modo de leer y entender esos movimientos. Las identidades nacionales se van forjando en los márgenes de la sociedad  En este sentido, el estudio de las mujeres judías, como doblemente marginales, lo demuestra ampliamente .

Por otra parte, las mujeres judías llegaron a la Argentina con altísimos niveles de analfabetismo y en dos generaciones se transformaron en el grupo inmigrante con mayor nivel de educación formal y mayor profesionalización. También tuvieron, en comparación con otras comunidades inmigrantes, más presencia en la arena política y posteriormente una participación notable en los movimientos antifascistas.

Así, es posible mostrar que la actividad política nacional  no estaba restringida a dudosas  maniobras electorales y a una evidente violencia sectaria, sino que desde la militancia femenina se estableció un ambiente más democratizador y participativo.

Partiendo  de la premisa que las identidades nacionales se forjan en los márgenes de la sociedad, queda claro que las mujeres judías llegaron a la médula misma de la sociedad argentina como profesionales, artistas, escritoras o científicas. En ese pasaje desde el margen al centro de la vida pública del país, enfrentaron obstáculos , pero también recibieron estímulos y apoyos.

La Argentina es un país contradictorio, con períodos de mucha violencia, pero también es un país generoso. Y las mujeres supieron aprovechar los períodos de apertura para abrirse camino. Entonces es necesario preguntar y preguntarse cómo cambia la lectura de la historia argentina al centrar el estudio en estas mujeres.

Porque los estudios sobre migraciones en América Latina en general y en la Argentina en particular se han aglutinado en torno  de las miradas de los varones, mencionando a las mujeres tan sólo en lo que se refiere a su contribución al crecimiento vegetativo y a los cambios en los índices de natalidad..

Poniendo el enfoque en las mujeres, se puede dar cuenta de aspectos que han sido ignorados, como las normas sexuales, la sociabilidad, la vida doméstica y la crianza de los hijos.  La utilización de las historias orales es revelador  en este sentido, ya que permite el acceso privilegiado al interior de las casas y sumergirse en la cotideaneidad de estas mujeres inmigrantes.

También es importante mencionar la existencia de una nueva corriente en los estudios de  los/as  judíos/as latinoamericanos/as. A diferencia de los estudios anteriores que insistían en la excepcionalidad de los judíos/as , la nueva propuesta es que ellos(ellas) son “ much like everyone else” , según la feliz  expresión de la historiadora norteamericana Sandra Mc Gee Deutsch. La propuesta, por consiguiente, es estudiarlos/las en relación a otros grupos y en relación a los espacios nacionales donde están establecidos/as. Este enfoque descentra a Israel como modelo de la vida judía y rompe la dicotomía entre Israel y la diáspora.

Los judíos y las judías argentinas componen un grupo multifacético, con diferentes niveles de participación comunitaria y religiosa, aunque  en la actualidad  la gran mayoría  no tiene  una importante inserción institucional  formal.

En el período de las primeras inmigraciones, ser judía podía significar muchas cosas: desde militar en el Partido Comunista (que a menudo deliberaba en idish); dar a luz en el Hospital Israelita o nó tener hijos; ser anarquista o religiosa; estudiar medicina o ser prostituta.

Esas mujeres se cruzaban en distintos espacios, pero también interactuaban activamente con la población en general.

El judaismo argentino ofrece una gran complejidad  y está lejos de ser monolítico. Representado  por grupos de diferentes tradiciones culturales, diferentes idiomas y diferentes historias anteriores a la inmigración, invitan a re-pensar una serie de procesos socio-culturales que tuvieron lugar en la República  tales como ciertos cambios de hábitos,  las migraciones hacia los centros urbanos, la emancipación femenina, los hilos entrecruzados  entre clase y género, la cultura política argentina y la transnacionalización de la política.

Las mujeres judías inmigrantes y también las  de la primera generación nacidas en la Argentina  tuvieron que enfrentarse a las discriminaciones y a los límites tanto de la sociedad argentina como de sus propias comunidades. pero pudieron cambiar gradualmente su realidad y también la de las comunidades donde crecieron y al país en general.

Como ha señalado Zizek el pasado existe en la medida que ingresa “en la sincrónica del significante, es decir  en la medida que es simbolizado en el tejido de la memoria histórica”. Se trata entonces de un esfuerzo por re-escribir la historia produciendo en el espacio público las marcas del espacio individual y colectivo de las mujeres colocadas entre y ante nosotras mismas.  La mirada de las mujeres es un espejo que tiene a la vez el papel pasivo de recibir una imagen y el papel activo de devolverla. Ese espejo permite a las mujeres que en él se contemplan , reconocer  sus rostros fragmentados que se rehacen a partir de esos mismos fragmentos  insólitamente  articulados. Y es precisamente en ese encuentro donde se presenta tanto su enigma como su desafío.

Así van surgiendo algunas preguntas claves: ¿ Cómo participaron las mujeres judías en los sueños de pluralismo y movilidad social? ¿Cómo afectó el transnacionalismo a sus actividades? ¿Qué medios usaron para obtener espacios en la nación e involucrarse en proyectos nacionales?

Desde finales del siglo XIX las mujeres judías inmigrantes priorizaron  su condición de “mujeres argentinas” como baluarte político. La gran diversidad que exhibieron esas mujeres judeo-argentinas no constituye  un obstáculo  para estudiarlas desde los espacios tradicionalmente femeninos  (el hogar, la familia, el burdel)  hasta llegar a los espacios públicos ( la fábrica, la tribuna política, la escuela, la nación)  cruzando así el objetivo  de luchar por los problemas comunes de las argentinas.

Las complejas realidades del judaísmo actual (hijos exiliados , matrimonios mixtos, familias ensambladas, familias ortodoxas y laicas, violencia familiar y social, incertidumbre laboral, asimilación, antisemitismo, pobreza, etc)  hacen necesario un amplio debate  que incluya la perspectiva que  puedan aportar las mujeres judías argentinas de nuestro tiempo,  planteando como meta ineludible su máxima participación para lograr ocupar lugares de dirigencia sosteniendo una ética  democrática, pacifista y antidiscriminatoria, promoviendo proyectos  que afiancen este objetivo en el seno de la sociedad argentina  y que puedan operar como faros  lúcidos   en la construcción de  soluciones reales a problemas reales.

También deben buscar un diálogo fluído entre las mujeres de diásporas de distintas procedencias, más allá de su idioma o su etnia,  indagando en sus dilemas cotidianos, creando lazos de intercambio desde  una actitud de responsabilidad social.

Y todo ello  con el respeto por las diferentes formas de sentir, de ejercer y de decidir la convicción judía de modo abierto y plural.

BEATRIZ BROIDE
beabroide@fibertel.com.ar

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