Alicia Gallegos: Lxs dueñxs de las palabras

Estándar

En el libro “ Raíces en la arena “ encuentro este poema que leo y vuelvo a leer :

                           Transitando la casa transito el tiempo.

                          Recorro los largos corredores

                          como largos corredores de la memoria,

                          túnel que del instante

                          lleva a las suntuosas estancias del recuerdo.

 


                          Esta casa de contrastes,

                           la casa que me recibe,

                           la de los lugares de mi historia,

                           que, como un yo cambiado,

                           recorro hoy.

                                                    Leonor Calvera

 

Algunos amigos expertos en fenómenos extraños, coinciden en que soy un ser que podría catalogarse como raro. Ni me asombra ni me asusta. Sin explayarme sobre dichas apreciaciones puedo referir que camino por un mundo que a veces se torna amigable y otras hostil. Me pierdo entre imágenes: fotografías, videos, cortometrajes, documentales, películas antiguas. Voces que hablan enunciando discursos antológicos. Voces que cantan. Cuerpos que danzan. Animales que sonríen. Personas que ladran.

Mi distracción favorita es prestar atención a las palabras, por eso cuando tengo que llenar un formulario donde me preguntan acerca de mi trabajo o mi profesión digo que soy “Buscador de palabras .Desterrado del Paraíso”

Imagino al  Paraíso de las Palabras, como  ese lugar de la infancia donde habitaban los primeros cuentos, las adivinanzas y canciones , los libros ilustrados, el momento de aprender a leer y a escribir. Magia y felicidad. No siempre belleza: los piratas eran malos y feos con sus patas de palo y sus manos de garfio, barbudos y sucios. Crueles. Siempre listos para colgar a los buenos del palo mayor o arrojarlos a los tiburones.

Hay palabras y palabras. Algunas benditas y otras malditas, algunas demasiado usadas y otras totalmente olvidadas. Palabras como: mapa, tesoros, timón, ron, ancla, abordaje, proa, popa, isla, nativos, grilletes. Designan campos o pertenecen a ellos. Se cargan del poder de  quien las invoca: El juez, la jueza, el mago, el brujo, la bruja, el guerrero, el rey o la reina.

Sueño.

Sé que sueño.

Me gusta soñar.

Sueño que alguien me habla, creo que es mi padre que me dice que escriba un texto acerca del valor de la memoria, yo le digo que no recuerdo que es la memoria, pero que le voy a preguntar a Jorge Luis Borges.

Salgo corriendo detrás del tren que va de Hurlinghan a Federico Lacroze, quiero ir a la Biblioteca Nacional . Después de pasar unas seis estaciones me canso y me siento  a un costado de las vías para comer un sándwich de manteca y mayonesa, debajo de unos eucaliptus.

Sigo soñando, ahora hablo por el chat con Maguila Gorila un dibujito animado muy inteligente, le digo :

-¡Maguila!  Me tenés que salvar necesito un texto que explique y documente  que los intelectuales que trabajan para los gobiernos manipulan las palabras.

-¿Leiste a Pierre Bourdieu ? – Me contesta Maguila y me manda por mail un texto que dice:

Pierre Bourdieu escribe que “algunas prácticas son poderosas y difíciles de combatir precisamente porque son silenciosas e insidiosas, insistentes e insinuantes” .

En “La censura y la imposición de la forma” dice que los lenguajes especializados, en concreto, los lenguajes especializados del mundo académico no sólo se basan en la censura, sino también en la sedimentación y en los sesgos que aporta el uso lingüístico cotidiano, “estrategias de eufemización.

Centrándose en la obra de Heidegger, Bourdieu afirma que el lenguaje de Heidegger se basa en una estrategia que produce la ilusión de que ha roto con el lenguaje ordinario. Los códigos de legitimidad se establecen precisamente por esa utilización de palabras no ordinarias de forma que parecen tener una relación sistemática entre sí , las palabras pierden su identidad social y su sentido ordinario para asumir un  sentido tergiversado “

palabras

Le contesto, le grito: – Las palabras son un arma para la alta Intelligentsia que las usa y manipula a gusto sabiéndolas más potentes que  la información , las balas o el dinero.

¿De qué hablan los políticos cuando gritan sus discursos a través de esa pantalla que magnifica sus miradas y hasta sus mínimos gestos? Discursos pensados y escritos por expertos alquimistas, manipuladores de fórmulas destinadas a mantener el equilibrio basado en la desigualdad de los oprimidos.

Así cuando los políticos gritan ¡Seguridad! temblamos arrasados por el fantasma de la inseguridad. O  cuando dicen Educación nos debatimos inermes sobre los rastrojos quemados  por la barbarie.

Maguila se ríe y me dice :

– Alice tranquilízate , estás a punto de tener un ataque de ansiedad.

Maguila lleva  un bolso cargado de libros porque aunque es un gorila sabe leer saca uno de Foucault y me muestra un subrayado que dice :

 

 “Poder y saber se articulan por cierto en el discurso. Y por esa misma razón, es precio concebir el discurso como una serie de fragmentos discontinuos cuya función táctica no es uniforme ni estable.

Más precisamente, no hay que imaginar un universo del discurso dividido entre el discurso aceptado y el discurso excluido o entre el discurso dominante y el discurso dominado, sino como una multiplicidad de elementos discursivos que pueden actuar en estrategias diferentes.”

Entramos a una pizzería, creo que es Los Inmortales.

Pedimos  una grande napolitana , para tomar un Luigi Bosca, malbec  y agua sin gas, porque somos adictos al agua. Al fondo hay un televisor y escucho:

¡Memoria! ¡Memoria! Memoria! ¡Memoria!

Sale en la pantalla un documental acerca de la dictadura militar.

-¿Eso es Memoria? -Le pregunto al mozo.

El tipo me dice:

-Memoria es la cara de Videla y el cura cómplice sonriendo desde una foto blanco y negro.

Aparece en la tele  Salvador Allende en su último discurso por Radio  Magallanes:- “Qué no nos roben la memoria, sin ella no tendremos verdad”- dice

Le digo a Maguila:

–  ¿Ya está!

Tengo que escribir acerca de un período histórico signado por la palabra Memoria, porque  una época  donde una palabra pasa a tener una connotación tan particular, significativa y reconocible  se convierte en marca registrada.

Tengo que disertar acerca de  “el valor de la memoria ” decir que puede remitirnos a un terreno amplio como el relacionado al recordar, a la nostalgia, a la infancia, a la casa paterna pero principalmente al recuerdo del  ronronear de los aviones militares y el temblor de las paredes producido por los tanques de guerra  cuando cruzan la ciudad en fila india.

Nosotros sabemos que la historia la escriben los vencedores pero eso no lo sabe “el pueblo”  empobrecido en cuanto a capital cultural  porque el avance de las tecnologías en el área de la comunicación ha sido la gran bomba atómica que explotó sobre el lenguaje pulverizando la palabra y privilegiando la exhibición del cuerpo, la gestualidad y la violencia.

Le digo todo esto a Maguila, parada sobre una silla y gesticulando con los brazos como lo hacía el General Perón.

Maguila recibe una llamada telefónica, es su dibujante, le dice que la semana que viene ya estará en los cines  su película “Maguila, la memoria perdida” . Maguila  me sigue escuchando, yo vocifero :

  -“Violencia, gestualidad o exhibición que nada tienen que ver con animalidad en el sentido deleuziano de la palabra.

Cuando en la década del 60 , la tira de dibujos animados de ciencia ficción llamada Los Supersónicos nos deslumbraba con un mundo donde los robots convivían con los humanos complementándolos en el accionar de las tareas cotidianas, no imaginábamos que los robots reales que nos acompañarían en nuestras  vidas de adultos serían objetos cuya característica es la de tener una Memoria : teléfonos fijos y móviles, computadoras, máquinas de fotos, cámaras de video, agendas electrónicas, todo tiene Memoria.

Paradójicamente y como si estuviéramos habitando un film de terror  los objetos se vuelven personajes siniestros, vampiros futuristas  que absorben y acumulan la Memoria que le roban a la gente. En ese escenario enfermedades como el Alzehimer estarían convirtiendo en zombies a los humanos cada vez a más temprana edad.

El valor de la memoria, cotiza en dólares. Los dueños de la memoria en este campo son los chinos o los japoneses o quien domine el mercado de chips.

Recordar no sirve para nada, eso ya lo intuyeron los niños de hace tres décadas  cuando comenzaron a resistirse a memorizar cosas como las tablas de multiplicar o las famosas escalas numéricas.

¿No hay aparato que reemplace al amor? ¿No hay? Ni hay memoria de computadora que reemplace a un ser querido que ya no está. ¿No hay? “

Lloro, lloro y grito en el sueño y no logro despertar.

En la mesa de al lado Salvador Dalí arregla unos negocios con Pierre Bourdieu. Mientras Dalí firma unos papeles, Bourdieu me pasa una hoja que dice :

“Lo que, fundamentalmente, desearía explicitar es un modelo muy simple que podría formularse así:

habitus lingüístico + mercado lingüístico = expresión lingüística, discurso”.

 El discurso, por tanto, lejos de cualquier código formal, lleva la marca social –el poder y el valor- de la situación en que se ha producido. La misma producción del discurso se realiza anticipando sus condiciones de recepción en el mercado lingüístico, no tanto mediante la realización de un cálculo estratégico individual como por la adhesión naturalizada a los valores dominantes estructurantes y estructurados, en forma de habitus en el p ropio mercado”

Despierto, tengo los lentes de leer puestos, la luz está prendida.

Escribo el sueño para contárselo a Jacques Lacan, a Lacan le gustan los relatos de sueños en los que aparece Foucault, pero creo que no le gusta Pierre Bourdieu.

De algo estoy segura y es que después de tomar un café, el sueño ya se habrá escapado de mi memoria.

Adentro de una de mis zapatillas encuentro un papel que dice :

1) Leer:  Pierre Bourdierz, el lenguaje y la comunicación: de los mercados linguísticos a la degradación mediática.. Ensayo de Luis Enrique Alonso.

2) Leer a Michel de Certeau.

3) No leer a Judith Butler: es puro refrito.

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