Beatriz Broide. Susana Hoffmann: Una educadora multifacética

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Quizás su vida podría haber sido el dibujo de una historia más.  Fue, sin embargo, una pionera que dejó huellas indelebles en varias generaciones. Tengo el privilegio de haberla conocido durante muchos años, manteniendo con ella largas conversaciones plenas de significados y también compartido experiencias enormemente ricas permeadas por un entrañable afecto recíproco.

Nació en el seno de una familia judía tradicional, en Carlos Casares, provincia de Buenos Aires. “En un humilde rancho durante una noche de lluvias y tormentas”, acota con un gesto entre enigmático y sugestivo, como si lo recordara.

Quedó huérfana a los 10 años. Fue acogida por sus abuelos maternos y con ellos convivió, no sólo con su hermano, sino también con varios tíos y tías mayores y de su misma edad.

Quiso ser abogada, pero no se lo permitieron. “En aquellos años, sólo los varones de la familia podían hacer una carrera universitaria. Las mujeres, no”, señala con voz firme y quizás un tanto melancólica en el marco de una respetuosa pero enfática crítica testimonial.

Devoradora de libros desde muy niña, interesada desde siempre por todo lo que ocurría a su alrededor y en el mundo, cursó el Profesorado de Castellano y Literatura, graduándose en 1934. Fué alumna de grandes profesores y no cabe duda que Susana Hoffmann supo aprovechar sus enseñanzas con inteligencia y con rigor. Y así comenzó a delinear el camino de su fecunda trayectoria.

Inmediatamente después de la invasión nazi a la Unión Soviética en 1941, se creó la Junta de la Victoria, una organización exclusivamente de mujeres destinada a la lucha contra la opresión, la discriminación y el racismo. Obviamente, en el convulsionado contexto de la Segunda Guerra Mundial la lucha anti-nazi tuvo una especial prioridad. La Junta de la Victoria llegó a tener 45.000 adherentes en 1943 y 50.000 en 1945, en un país que por entonces

contaba con alrededor de 13 millones de habitantes. Fue la primera organización femenina de ese tipo y tamaño en América Latina.

Y aunque surgida de las entrañas del Partido Comunista fue, sin embargo, una organización multipartidaria y de amplio espectro, a la que también adhirieron grupos confesionales de católicas y de judías.

Su carácter multipartidario parece demostrarlo la elección de su presidenta Ana Rosa Schlieper de Martinez Guerrero, una luchadora radical irigoyenista y progresista , defensora de la libertad, la democracia y de la participación de las mujeres en la vida política.- La tesorera fue Leonor Vasena y la secretaria general, Cora Ratto de Sadosky.

En su conjunto, la actuación de la Junta de la Victoria está muy opacada en nuestra historiografía, aún la abordada por mujeres, Existe un significativo silencio referido al tipo de acción colectiva desempeñado por estas luchadoras que se conjugaron en un proyecto de mujer ciudadana activa y participativa en la arena política y social. Porque en esa lógica de la apelación anti-nazi, las mujeres se lanzaron a la esfera pública demandando no sólo por sus derechos sino también por un sistema democrático al que veían en peligro.

Susana Hoffmann comenzó a militar muy pronto en la Junta de la Victoria del barrio de Liniers. Su dedicación, energía y compromiso hicieron que fuera designada presidenta de esa sección. La tarea fundamental a la que se abocó fué explicar y concientizar a las mujeres sobre lo que estaba ocurriendo en Europa y lo que significaba el nazismo. Fue una tarea enorme, ciclópea.

Todas las tardes salía a recorrer las calles de su barrio, tocando el timbre casa por casa para hablar personalmente con cada mujer.

“Nos atendían en la puerta”, rememora. “Jamás nos invitaron a pasar” . Pero ella explicaba, enseñaba, educaba incansablemente y las mujeres le prestaban atención.

Usaba una expresión : “Yo amo a mi marido, pero si fuera nazi lo repudio” Era una especie de fórmula que había acuñado para darle más fuerza a lo que explicaba y lograr que se entendiera mejor el mensaje que quería trasmitir.

“La ignorancia que tenían esas mujeres era monstruosa. Analfabetismo total-” señala. “No tenían la menor idea de lo que pasaba en Europa ni en el mundo” “Pero tampoco era para asombrarse demasiado”, reflexiona con firmeza y serenidad. “Aún hoy en muchos hogares no se habla más que de trivialidades, del precio de las verduras ¡una apatía absoluta!”

Y es muy probable que esa fuerte militancia en la Junta de la Victoria la marcara de modo definitivo, ayudándola para tomar posteriormente otras importantes decisiones desde su identidad de mujer.

Simultáneamente, Susana Hoffmann se nutría en el Colegio Libre de Estudios Superiores, una institución privada fundada por un grupo de destacados intelectuales: Luis Reising, Roberto Giusti, Alejandro Korn, Anibal Ponce, entre otros. Allí se dictaban cursos y conferencias y había también un conjunto de cátedras libres, con materias incluídas o nó en los planes de estudios universitarios que habitualmente no se profundizaban demasiado o bien escapaban del dominio de las Facultades.

Miembros del Consejo Directivo, como Francisco Romero y Jorge Thenon dieron varios de los cursos y conferencias.

Susana Hoffmann asistió, entre muchas otras, a las conferencias de Borges. “¡Era algo extraordinario!” exclama con entusiasmo. “A pesar de su voz monocorde era algo extraordinario”, repite con énfasis.

Y fue precisamente en el contexto del Colegio Libre de Estudios Superiores donde “ descubrió” a Freud y el psicoanálisis.

“Yo nunca fuí una invitada de piedra, todo me interesaba. Una persona no puede vivir paseando por el mundo permaneciendo impasible. No lo concibo. No lo concibo. Hay que vibrar frente a todo lo que sucede”, dice con energía.

En 1951 se divorció por propia decisión. Se sentía lesionada en su autoestima y no quiso continuar aceptando una situación que ofendía su dignidad de mujer. “No hubiera tenido fuerzas para educar a mis tres hijas”, sostiene con brío.

Como necesitaba encontrar un medio de vida para mantenerse, y además le gustaban los niños y le interesaban los distintos aspectos de la educación resolvió crear un Jardín de Infantes modelo y de avanzada. Así nació Peter Pan, y hasta la misma elección del nombre resulta simbólica.

Peter Pan es el personaje creado por el escritor escocés James Matthew Barry que lo presenta como un niño pequeño que no quería crecer y que convive con otros niños en el Pais del Nunca Jamás. Susana Hoffmann aspiraba a que el Jardín de Infantes bajo su dirección estimulara a los niños para crecer felices, despertando su independencia e imaginación, guiándolos en su aprendizaje de observación, dándoles amplios márgenes para cuestionar y cuestionarse explorando sus ideas, motivando su interés por la cultura y por la ciencia.

Lo logró. “Los niños felices se van a convertir en individuos proyectados al mundo, proyectados al futuro”, sostiene.

Aunque su título la habilitaba para hacerlo y para que su propósito tuviera la excelencia que pretendía, buscó el asesoramiento de Isabel Luzuriaga, una brillante pedagoga y psicoanalista nacida en España que por esos años vivía su exilio en Buenos Aires.

En el verano de 1952, Isabel Luzuriaga comenzó a formar a las maestras. Les daba clases no sólo sobre la pedagogía de Montessori sino también sobre los principios psicoanalíticos necesarios para obtener un mejor desarrollo de los niños .

Cuando empezó el año lectivo, se agregaron reuniones semanales para estudiar y discutir textos: Helen Deutch, María Montessori fueron algunos de ellos. Asimismo, una vez por mes había una reunión con los padres, con el objetivo que esos padres entendieran y comprendieran las etapas evolutivas de los niños.

Susana Hoffmann notó que los padres estaban muy confusos. “Querían saber algo, pero no sabían que querían”.   Con su enorme capacidad para motivar y a fin de ayudarlos a esclarecerse en la difícil tarea de ser padres, contrató psicólogos especializados a los cuales esos padres podían recurrir voluntariamente y en forma gratuita.

Y una vez más, Susana Hoffmann fue una precursora: educaba para educar.

Peter Pan continuó funcionando de modo ejemplar durante cerca de 45 años. Hoy, muchas y muchos memoriosos, algunos de ellos diseminados en diversos lugares del mundo, mujeres y varones exitosos que siguieron distintos y fértiles rumbos, aún recuerdan a Peter Pan con cariño y reconocimiento. Sin embargo, es curioso que fuera del estrecho círculo de su familia y sus amigos , apenas unos pocos recuerdan a Susana Hoffmann como su creadora, impulsora, directora, educadora de ese Jardín de Infantes de vanguardia que rompió con los cánones de la enseñanza tradicional de su tiempo y continuó manteniendo su alto nivel y su prestigio durante toda su existencia.

Ella siempre fué la protagonista y la hacedora de su propia vida. “Las mujeres de mi época eran sumamente indiferentes. No tenían intervención alguna fuera del hogar. No se lo permitían. Y tampoco fueron muchas las que tenían algún interés en hacerlo”, asevera.

“Yo era un fenómeno y fuí muy diferente a las demás mujeres. Pero una mujer fuerte se hace oir . Y creo que no fuí una mujer débil”. “¡No claudiqué jamás!”, sintetiza.

Para redactar esta condensada nota, recurrí a tres breves pero riquísimas entrevistas personales con Susana Hoffmann, respetando sus tiempos y la fatiga de sus años. En la última de esas entrevistas dijo esbozando una sonrisa: “Che, qué lindo es rememorar” “ ¡Qué apasionante es la fauna humana!” “¡Y qué valiente fuí yo!”

Falleció dulcemente con sabios y lúcidos 104 años.

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