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LUISA VALENZUELA, la visión múltiple de la realidad

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Un edificio colindante con los bosques de Palermo. Los verdes intensos de comienzos de la primavera trepan hasta el balcón de la casa, hasta el amplio living con reminiscencia española  y se abren en flores moradas, lilas, amarillas y en frutas inesperados. Allí, en esa zona intermedia entra la naturaleza y la ciudad, vive Luisa Valenzuela. Habitante por igual de Nueva York y Buenos Aires, viajera de los cinco continentes, Luisa transita en sus obras, con pareja seguridad, el territorio de la realidad tanto como el de la fantasía.

Nos recibe a pocas horas de haber puesto el punto final a su última novela: Realidad nacional desde la cama.

Tal vez no sea oportuno ni apropiado hablarle a una creadora de otra creadora pero este es un caso muy especial. Esa otra creadora es Luisa Mercedes Levinson, con quien te une la sangre y la pasión literaria. ¿Podríamos hablar además de una misma concordancia en el manejo casi mágico de la realidad?

Creo que mi madre tenía una fantasía más rica, yo pretendo quedarme más cerca de lo racional, digamos, y pienso que mi literatura es muy realista aunque no lo aparente. La realidad tiene más secretos, más vericuetos de lo que la gente considera estrictamente la realidad. Esos secretos se manifiestan en mi obra mediante el juego con el plano metafórico. Mama también os descubría. Aparecen cuando se enfrenta a lo simbólico cara a cara. Uno tiene que hacerlo, aunque de mucho miedo. No se trata solo de verlo enfrente sino de observarlo, y el conocimiento da miedo.

¿El lenguaje es un modo de enfrentarte a lo simbólico?

Si, fundamentalmente, el resto va como vagón de cola, va a la zaga. El juego del lenguaje dice una verdad que tenemos que reconocer, por eso, en un momento, deja de ser un juego para convertirse en un desentrañamiento. Si se quiere que algo diga algo, se tiene que empujar los límites. Todos los límites, incluso lo de la desmesura, así las cosas dicen algo distinto a lo que ya se sabe.

En mis novelas, en mis cuentos, yo no me siento a contar una historia; cuando me siento a contar una historia; ésta ya está muerta. Por el contario, sigo la realidad, busco comprenderla; en este sentido, soy auto-biográfica por cuanta esa necesidad de mi inserción en el mundo, de mi cosmovisión.

¿Esto es válido también para la vida cotidiana?

Nunca sabemos que se está diciendo en lo que se está diciendo, por eso me interesa el discurso político. A veces se da la paradoja de que incluso los políticos no se dan cuenta que están diciendo lo que te están diciendo. Por ejemplo, la frase “el silencio es salud” de la época de López Rega. Se refería a que debía haber menos ruido, pero luego supimos cuanta verdad había. En este momento, todo gira alrededor de la palabra transparencia. Pero lo que se transparenta es la ineptitud, el no hacer lo que se está diciendo.

Personalmente, me divierte, como a mi madre, jugar con el lenguaje; luego me da horror: me cabe lo del silencio es salud.

¿Tus personajes se expresan con esos dobles y triples sentidos?

Los personajes se expresan como son. Respecto a las mujeres, por ejemplo, quisiera hacer personajes de triunfo femenino, pero no siempre responden a esa realidad. En Hay que Sonreír, la prostituta Clara se salva. En cambio Bella, de Cuarta Visión, no se salva. A Clara la salva el sonreír porque no responde a la realidad.

En todas tus obras hay siempre una elevada cuota de humor.

Al buscar comprender, entender, hace falta sonreír porque el humor abre puertas que otras modalidades cierran. Primero, abre las puertas de la censura. Nadie piensa que los temas serios pueden ser tomados en broma. Segundo, el humor abre las puertas de la autocensura: hay cosas que cuesta mucho decirlas y se puede hacer si se dicen con humor.

Mama tenia muchísimo humor, yo no lo aprendí, lo mame; entre en mis genes. Cuando tenía dos años hacia juegos de palabras. Me contaron que para esa época había un señor muy latoso que siempre me preguntaba mi nombre. Yo respondía “Luisa Carnes Valenzuela”. El sonreír logra llevarte por situaciones laterales.

¿Tu intención es mostrar zonas que otros no alcanzan a ver?

No tengo intención pedagógica. No, si tengo; es el alma de exploradora que se tiene. Uno quiere no escribir un mensaje, pero pone señales de alerta cuando se atenta contra a libertad; la falta de memoria, la falta de interés, la indiferencia, todo ello atenta contra la libertad. Entonces viene el decir: ¡ojo! Abramos los ojos, que nadie piensa por nosotros; que no nos dan vendan buzones. Pero esta son reflexiones a posteriori de la escritura, que incluso puede formar parte de ese buzón.

¿La escritura te traiciona?

La escritura me utiliza; uno descubre cosas que dan miedo en una misma: es una situación de riesgo. Al escribirla, aprendo menos de lo que la novela sabe. Uno aprende y desaprende. Se modifica incluso corporalmente; hay somatizaciones propias de cada novela.

¿Te llegas a enfermar de escribir?

Si, con Cola de Lagartija estaba teniendo unas hemorragias terribles; estaba haciendo una profecía que debía correr en un río de sangre. Yo respondía a eso; cuando me di cuenta, las hemorragias cesaron.

Un tema recurrente en tu obra es la memoria, ¿te preocupa?

La memoria colectiva es lo que me preocupa. Somos un pueblo desmemoriado, que mira el pasado por necesidad de aferrarse a algo que no es cierto. Martí decía: Los pueblos que no tienen memoria están condenados a repetir la historia. Uno, como la nación, repite las cosas por no tomar el toro por los cuernos. Y somos desmemoriados por pereza, por indiferencia, distracción, olvido. Yo misma hago cosas, viajo, para no caer en la pereza. ¿Qué seria de mí si no se hubieran inventado los aviones?

¿No te fatiga estar constantemente en tránsito?

Soy realista: creo que es la condición del ser humano. Ahí esta la metáfora del lenguaje. Es la impermanencia de la vida: el microcosmos dentro del macro-cosmos. Uno repite, es transitorio.

¿Fue esa u otra razón la que te levo hace diez años a vivir en Nueva York y ahora a volver para quedarte?

Me fui y volví en defensa de la memoria. Solo ahora lo entiendo. Me fui porque pensé que no me iba a acordar de lo que estaba ocurriendo: los horrores, la tortura, la situación general. Y volví porque la memoria se diluye, se aferra a otras realidades, y yo quería recuperar la mía. Me fui en un tiempo de paranoia y vuelvo para encontrarme con la esquizofrenia.

¿Dónde se respeta más a las creadoras, allá o acá?

Aquí no tenes orgullo de ser creadora; te sentís culpable. Antes, cuando me preguntaban que hacia, decía “escribo, pero soy periodista”: tenia que justificarme con una profesión práctica. Allá el ser escritora es una profesión reconocida. Indirectamente, se puede vivir de lo que se escribe: lecturas, cursos, talleres. Se me reconocía como Latinoamérica, pero sin discriminaciones; en Nueva York, hablando ingles, soy uno más de ellos. Aquí hay cierta actitud sobradora que resulta insoportable. Pero sin duda hay gente interesantísima. De todos modos, no quiero entrar en el círculo de escritores porque ya lo viví en Nueva York y aquí vine para encerrarme a escribir.

En tu obra se nota un trabajo constante sobra la sexualidad.

La sexualidad, como otras cosas. Siempre lo exacerbado te lleva a otra dimensión. En Los Heréticos lo religioso era lo que abría el ancho campo de las posibilidades. Un tema que no me interesa es el poder. En Cambio de Armas es el poder sobra la mujer; pero no necesariamente tiene que ser ese poder. Siempre me parece interesante encontrar el resorte de explotación. Esto, la explotación, es un tema del feminismo; hasta la amabilidad tiene su valor.

Volviendo un poco a poco a uno de los puntos del comienzo. ¿Crees en una sola realidad, única, o en mundos paralelos?

Hay un branching de la realidad; esta se ramifica. La física actual te lleva, por ejemplo, a una metafísica, pero no creo que podamos hablar de diferenciaciones. Creo en una sola realidad, no en mundos paralelos.  Lo que sucede es que vemos la realidad con anteojeras. Lo que propongo es aceptar como real movimientos del espíritu o energéticos que la gente se resiste a aceptar como reales. ¿Qué realidad podemos tener si no comprendemos el valor de lo denotativos? Hasta una simple palabra es diferente. Y la realidad puede ser espiralada, concéntrica, helicoidal. Mi conjetura literaria, modesta, esta visión lateral de las situaciones. Hay una definición de un navajo: “El mundo hay que verlo dos veces; una mirada agudizada, perspicaz, de frente y simultáneamente, la visión lateral, sin foco, del mundo de las sombras, lo  lateral, lo que no se ve”. No se puede decir “esto es la realidad”, “estos son los sueños”, así sucesivamente. Los navajos, en cambio, ven lo simultáneo.

De acuerdo a eso, quizá no haya diferencia entre la descripción de personajes y lo autobiográfico.

No podes pintar el bambú y su sombra sin contemplarte el propio ombligo. Empecé no siendo nada  auto-biográfica, si bien los insight vienen de algo propio. Ahora soy mas auto-biográfica que antes, al revés de la mayoría, que empiezan siendo auto-biográficos. Pero yo siempre nado contra-corriente; soy el salmón de la literatura.

¿Cómo te trata la critica en general?

Me da siempre un poco de miedo leer una critica. La gente entiende cosa sueltas; ven conexiones que no creo haber hecho. Creo que lo que escribo da que pensar: me sorpréndelo que descubren. En Estados Unidos, la gente común, los lectores, son más articulados para hablarte de literatura. También, son más generosos. Allí lo que se hace muchos son los readings, donde se paga para escuchar la lectura de las obras.

Novela, cuento, obra teatral, ¿Qué determina la elección de un género u otro?

Los distintos géneros están determinados por un tiempo interno, por el tema. ¿Por qué se elige le tema? ¿Quién persigue, uno al tema o el tema a uno? Bien, distintas formas que se ven, sobra las que se reflexiona.

Escribo para entender, para aprender; empiezo a cuestionar, a preguntarme. Quiero ver como son las cosas, ver como están hechas las cosas, como funcionan los juguetes. Por eso la literatura es para mí una maldición de tiempo completo, no puedo evitar hacerla, es un karma. Ahora estoy escribiendo unos cuentos Cuadernos de la Crisis. Me están saliendo cosas con mucha ternura. Creo que siempre hubo ternura, pero ahora esta apareciendo mas desembozadamente.

Si, estoy creando porque el tiempo es muy limitado. Uno se esta moviendo porque no sabe lo que viene después. Sin la muerte, no habría creación.