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MANE BERNARDO – SARAH BIANCHI- El títere, de lo popular a lo político, de la infancia a la vejez

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mane02Muñecos, libros, pinturas, máscaras, ceniceros. Objetos pequeños, grandes, de todo tamaño, abarrotan el estudiotaller de Sarah Bianchi y Mane Bernardo. Sarah nos ha conducido desde la puerta de entrada hasta aqui, subiendo dos pisos de escaleras. Precisamente es con Sarah que comenzamos la charla, a la que mas tarde se unirá Mane. Cada una de las palabras del diálogo reverberan con la rica experiencia que les da casi sesenta años de un trato vivo e inteligente con los títeres y el público. Sin embargo, no podemos dejar de subrayar varios comentarios que nos resultaron especialmente significativos. Uno de ellos es la capacidad que tiene la gente de completar la realidad con su imaginacion. Otro es que niños no videntes hayan podido seguir una funcion no por la palabras sino  por la accion de los muñecos. El tercero, es el uso politico de los titeres, que casi no se conoce en nuestro pais. El ultimo, pero no el menos importante de los conceptos que queremos remarcar es que cada titere tiene una muerte propia. Pero no nos adelantemos. Todo comienza con una obsevacion –obvia- sobre la cantidad de objetos que nos rodean.

Sarah: Antes viviamos en Piedras, que ademas es la casa donde nació Mane. Luego vino Bianca, la tercera del grupo. En Piedras viviamos y trabajabamos y poco a poco las cosas del teatro, los cuadros de Mane, las exposiciones, fueron ocupando el espacio que primero era vivienda. Como es una casa muy antigua, hicimos altillos porque ahi la cama estaba más tranquila; ahí por lo menos no ibamos a poner nada arriba de la cama. Terminamos por vivir en los altillos y tener el lugar de trabajo en la parte inferior hasta que dijimos no, vamos a buscar un lugar para tener una casa que no esté invadida por el trabajo. Asinos mudamos acá y dejamos Piedras para todo lo dem´ss. Pero, ¿qué pasó? En el lugar adonde una va, las cosas la persiguen; entonces esto se fue llenando. Se dio la oprtunidad de que se desocupara y dijimos; “vamos a poner un semi-taller, estudio, lugar de reunión en este lugar y vamos a vivir en el primer piso”. Y ahora esta todo todo lleno. En Piedras, arriba, abajo, es terrible.

Nosotras empezamos a trabajar juntas en titeres en el año 44. Yo la conoci a Mane en el 42. En el 44 la llamaron a Mane para crear el Teatro Nacional de Titeres en el Instituto Nacional de Estudios de teatro que funciona en el Teatro Cervantes. Yo estudiaba con ella pintura  y me llevo como plastica, para modelar, para pintar telones, para todo eso. Y ahi me enchufe un titere en la parte actoral y se acabo.

¿Qué siente alguien que es titiritera? Cuando una persona dice que es titiritera yo de inmediato siento que se me ablanda el corazon, que me invade la ternura.

Sarah: Es un mundo mágico, pero no tierno. Yo, por ejemplo, no soy nada tierna. Y con los muñecos, no es que los maltrate, sería idiota, pero les tengo rigor. Esto porque el titere debe responder para lo que fue creado. Si no, no me importa desarmarlo y volver a hacerlo.

De pronto si tenes algun muñeco al que tuviste calzado toda la vida en la mano y, lógicamente, le tenés cariño, sentís un atractivo especial por ese muñeco. Yo tengo uno, desde luego, que desde el ’44 no me lo saco de la mano, es el otro yo. Cuando habla él no se si hablo yo por él o habla él por mí. En cambio, hay otros titeres que lo suso profesionalmente para actuar en una obra y punno, se acabó, no hay otra correlación que esa del trabajo.
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¿Te sentís un poco una diosa manejando las muñecas?

Sarah: Hay un titiretero francés que dice “yo soy el dios de un mundo que yo mismo he creado; de acuerdo a mi voluntad los seres son buenos o malos, reyes, mendigos o princesas. Todo ese poder único lo tengo solamente tirando los hilos de mis marionetas

¿No se rebelan nunca los muñecos?”

Sarah: Bueno, este muñeco que yo te digo, si, si. A veces, en la funcién, me lleva a cosas impensadas. No se si soy yo quien las digo o él que me las trasmite, tal es la comunicación. desde luego que es otro yo de uno mismo que se manifiesta a través del muñeco, pero tiene su magia.

Al comienzo, la forma de los muñecos surge como una puesta en escena de cualquier obra de teatro. Empezas por el boceto del personaje, por el boceto del traje, caracteristicas de acuerdo a la obra y despues las volcas al modelado, al vestuario y todo lo demas. Es teatro. En cambio de maquillarte vos, o ponerte una peluca vos, se la ponés al personaje.

En ese momento entró Mane Bernardo. Recuento entonces la charla con Sarah y le pregunto a Mane si es dificil hacer titeres porque no hay demasiada gente que se dedique a eso.

Mane: En general si, hay poca gente. Pero no porque sea difícil sino porque no los estudian, no los comprenden bien, es por desnococimiento de lo que es el titere. El titere es una rama del teatro, como puede ser el mimo, la pantomima.

Sarah: son formas del teatro.

Mane: y todo sale de ahi. Hay grandes autores que ecribieron  para titeres: Claudel, Ghelderode, Valle Inclàn.

¿El títere es una exageración de la realidad?

Mane: no, eso es tal vez un poco superficial, el títere, en realidad -como acaba de decir Sarah- es una forma teatral en la cual el titiritero es el actor. Solamente que hay una trasmutación de actor-muñeco, como puede ser el actor-máscara. Claro está, es una cosa muy especializada: hay que conocerla. Por lo general, la gente dice “ yo voy hacer teatro para niños: total, cualquier cosa que haga, el chico no se da cuenta”. Pero está equivocado, el teatro para niños es una especialidad dentro del teatro, así como el teatro para titeres es una especialidad. Asi que cuando se hace teatro como nosotras, primero es teatro, luego teatro de títeres y tercero teatro de titeres para niños, de modo que no es tan fácil. Lleva años adquirir esas especialidades, en general, la gente subertima lo que desconoce.

El titiretero, como lo definimos nosotras, es un ser muy completo y muy complejo. Muy completo porque tiene que saber de teatro, de plástica, de cosas técnicas. Y, al mismo tiempo, no hay que olvidarse que es una cosa popular

Hay una definición muy interesante de la enciclopedia italiana que dice que el títere nace conjuntamente con el hombre, allá por los arcanos del tiempo, como compañero del ídolo y de la muñeca. El ídolo es la parte espiritual del hombre, es el misterio. La muñeca es la parte afectiva. Y el títere es una amalgama de ambos.

Por supuesto que el verdadero titiritero hace sus propios títeres.

Mane: Hace todo, es aquello de “yo lo hago, yo lo vendo”. Hay quienes no, hay quienes tienen una gran visión, como Podreca, que creo que nunca manejó un muñeco. El no trabajaba, era como Diaghilev con el ballet, que nunca bailó. Nuestro equipo es de diez o doce personas, de modo que todo se hace muy difícil. Inicialmente éramos un dúo, pero, por ejemplo, pasó lo siguiente: la voz masculina tiene mucha más posibilidades porque es grave y también puede hacer falsete. En consecuencia, entonces, necesitamos un varón, porque es horrible que una mujer hable con voz masculina. Tuvimos que incorporar varones, porque al principio hacíamos teatro para mayores, de obras clásicas –los títeres que realmente nos interesa hacer. Esto antes era muy difícil, ahora la cosa está un poco mejor. Hay gente joven que lo hace, que no sigue solamente la tradición del titiriteo feriante.

¿Cuántos títeres se manejan usualmente en una obra?

Sarah: Un espectáculo nuestro lleva por lo general entre 30 y 40 muñecos, aunque a veces se hace teatro de sombras, siluetas para luz negra. Y nosotros hacemos todo.

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¿Cómo consideran a la sociedad de títeres creada por ustedes?

Mane: Para mí es una filosofía. El títere transmite un mensaje muy íntimo de vida y comunicación. De cominación dentro de la fantasía y la imaginación. Porque el público es el que redondea la idea, el que ve lo que no existe y que uno quiere que vea. Supongamos una danza en un muñeco de guante, que usualmente no tiene piernas. Al terminar la función, uno le pregunta a alguien del público, ¿de qué color eran los zapatos? Y la gente se pone a pensar de qué color eran, cuando en verdad no tenían zapatos. Otro ejemplo: en un espectáculo de pantominas de manos, en la cual la mano, el gesto, sustituye al muñeco, se daba una situación de una pareja que se iba a casar y un hermanito que los molestaba y le avisaba al padre si iban a besarse. Una vez, al terminar la función, alguien dijo “ese chico pelirrojo era terrible”. Había asociado el color del guante a que el chico era pelorrojo.

Sarah: Se dio el caso de hacer una danza clásica con una mano con un tutú puesto hasta la mitad y bailar todo un adagio de Chopin y después decir alguien “¡ah, esos pies, cuando hacían punta!”

Mane: Alguna vez hiciumos funciones para chicos no-videntes, y su reacción fue fabulosa. Lo único que nos había pedido el médico era que no dijéramos “ahora van a ver tal cosa”. Pero siguieron atentamente todo el libreto actuado y después todos pidieron tocar los muñecos. En esa época hacíamos una “Caperucita” y los chicos pidieron el lobo y le metían la mano en la boca.

Sarah: Otros, al tocar unos cow-boys, por ejemplo, decían éste es tal y este otro es cual. Nosotras habiamos dicho que para que ibamos a hacer un espectaculo para no-videntes si leyendo el texto era lo mismo. No se como, la atencion de ellos estaba puesta donde estaban los muñecos, no abajo, de donde salian las voces.

Mane: En general, todos los chicos son muy curiosos, muy extraños. Uno puede tener el titere en la mano y hablar como titere y al chico no le importa absolutamente nada: se sigue conservando la magia. Tambien son muy sadistas.

Sarah: Sí, se forman bandos. Nosotros los titireteros tambien contribuimos a ese clima cuando hay personajes controvertidos. Decimos: “hoy los voy a tener  conmigo” y hacemos todo lo posible para que se inclinen por nuestro personaje. A veces los chicos interrumpen y hay que inventar la letra y luego ir llevandolos para que entren de nuevo a la obra. Por eso, ademas de titiriteros, hay que ser conductores del programa que se va desarrollando. Hay que aprender a contenerlos para que no se desborden, porque si no pueden llegar a destrozar el teatro.

Y al mismo tiempo hay que aislarse de ese público, como puede ocurrir en un espectáculo de mayores, donde se hace la obra tal como se tenia programada.

Mane: Nosotras siempre tratamos de poner algo con manos porque al chico  le interesa.

En una oportunidad, unas maestras llevaron a unos cuantos chicos a ver la funcion. Al terminar , una nenita de 6 años se fue a un rincón y la maestra la encontro dici´rndole a sus manos: “pensar que hacía tanto tiempo que viviamos juntas y yo no sabía que hablaban”.

Ustedes, como titiriteras, cuando abandonan los muñecos ¿no se sienten como desnudas, que les falta un pedazo, ese que quedo ahí mudo frente a ustedes?

Mane: para mi son seres que están alrededor de uno. Dentro de muy poco va a salir un libro que tenemos con Sarah que se llama A cuatro  manos y dos manitas. Las cuatro manos son las nuestras y las dos manitras las de un títere: son memorias titiriteras, testimonios. Todo lo que nos ha pasado a dos seres cualquiera que andan por la capital y el interior.

Son 60 años de tener el títere en la mano. Y el libro está dedicado al teatro y es increible cómo los acontecimientos sociales están ligados a lo que hemos hecho, aunque nunca nos hemos metido en nada. La censura, por ejemplo, cómo se lihó a momentos del espectáculo nuestro

¿Censura con los títeres?

Mane: Uhh. ¡Cuántos pagaron con su cabeza! El titere se presta enormente para la accion politica. Hay que tener mucho ojo, porque puede haber politica encubierta, sobre todo por lo popular.

¿Cuando deja de servir un titere?

 Mane: hay algo muy especial.

Los que estamos con los muñecos sabemos que tienen su vida y su muerte propia. Tienen la muerte que le corresponde a su vida. Una vez, por ejemplo, en el ’44, nos llamaron para trabajar en el Instituto Nacional de Estudios de Teatro. Tres años después hubo un incedio- llamémoslo asi- y muchos titeres murieron alli. Y habia que ver cómo murieron: de una manera muy peculiar. Lucecita,por ejemplo, el títere más antiguo que tenemos, es un enanito que está con nosotras desde los comienzos, debió quemarse en el incendio. Sin embargo, un dia apareció en un paquete en casa y no podemos saber cómo apareció alli. Este enanito, Lucecita, nos conoce muy bien. De pronto, se pone a hablar por nosotras: en el libro de nuestras memorias, dice las cosas que sabe que nosotras no vamos a decir.

¿Han podido vivir economicamente de los íiteres?

Mane: como los encaramos nosotras, no. Pero hay quien vive de ellos.

¿Cuántos títeres crearon?

Sarah: 700 u 800. Los tenemos en Piedras donde se encuentra el material en el Museo Argentino del Títere.

¿Qué les dirian a alguien que empieza a hacer títeres?

Mane: Cada cual puede manifestarse de distintas maneras. Por ejemplo, ahora tengo 6 alumnos de titeres, y cada uno de ellos tiene un motivo diferente.

Sarah: Para quien quiera ser un titiritero, yo agregaría, que no es solamente una filosofía que hay que profesar sino que es todo un sistema de vida. En una gira nos tocó actuar en la mina Aguilar en el Altiplano. Nos apunamos y tuvimos que actuar con un tubo de oxigeno al lado. Uno perdía sangre por la nariz, a otro del equipo le sangraban las encías pero igual hicimos la función. Por eso digo que ser titiritero es un sistema de vida: uno tiene que amar a las dificultades. Y, aunque se trabaje en una sala profesional, nunca uno se debe alejar del origen popular. El titiritero tiene que ser él mismo, con todos los elementos, con todo el retablo a cuestas, vaya a donde vaya, en las condiciones que fuere.

Nos alejamos de la presencia cálida, feérica, sencilla, sabia, de Sarah Bianchi y Mane Bernardo. A nuestra memoria acuden insistentemente las palabras con que Aloysius Bertrand cierra su Gaspar de la Noche: “¡Ah! ¡Dímelo, si lo sabes…! ¿Acaso el hombre, frágil juguete, que danza pendiente de los hilos de las pasiones, no será más que un muñeco, que la vida gasta y que la muerte rompe?”