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Beatriz Schaefer Peña: Leonor Calvera “Los fuegos de la risa”, presentación

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libro de la risaY de pronto, algo acontece que nos obliga a la celebración. Algo indefinible que nos sacude por dentro, por decirlo de alguna manera. Algo distinto que, por un instante, desde ese intersticio que se abre, inesperadamente, se nos  escapa esa expresión de la alegría. Bienvenida alegría! capaz de cicatrizar la herida del alma,  de opacar los vestigios del dolor! Pero…esa sana convulsión que nos obliga a sacudirnos en su máxima expresión ¿es realmente una manifestación de lo genuino?
Desde esta nueva obra:” Los fuegos de la risa”, Leonor Calvera, su autora, una vez más nos obliga a adentrarnos en lo sorprendente, en este caso ese territorio donde la interpretación de la hilaridad toma rumbos controvertidos.
Dividido en tres partes, el libro se inicia con  palabras de Leonor, a modo de umbral y que nos inducen a la lectura. Y entonces nos encontramos con esa  nutrida  variedad de risas que se nos manifiestan desde la evocación de las antiguas Diosas y  Dioses, celebradores de los nacimientos y la sexualidad, pero también  de la muerte.  Así asistimos, desde un imaginario escenario, al pasaje del gozo, como en el caso de las diosas lunares, hasta lo impiadoso de la destrucción, con la risa orgullosa y aterradora de Kali, la Madre de piel negra  quien, como lo expresa la autora, nos recuerda que “todo devenir extinguido conlleva a la regeneración, ya que destruir lo hecho es parte estructural del proceso de creación.”  Y, desde esta memoria, no podía estar ausente la figura implacable de Yavhé, quien se reía  y mofaba de los impíos y de los gentiles, conforme lo expresan los Salmos que se mencionan al pie de página. Pero también se ha argumentado, alguna vez, que cada destino humano obedece a su tirada de dados y que seguramente, durante tantos siglos de Humanidad contemplados desde su trono, esos destinos nacidos del azar le habrían provocado  (y le seguirían provocando, claro)  millones de sonrisas cuando no carcajadas.
También, en esta primer parte del libro, nos encontramos con los distintos sonidos de la risa: la ritual, la prohibida, la del Zen, la risa pascual, la que no tiene sonido, la sardónica, entre otras.
Imposible expresar y/o comentar en tan breve tiempo, toda la riqueza que nos va dejando en el ánimo esta lectura, con ese pasaje incesante de  personajes míticos y  reales, protagonistas de hechos y situaciones provocadoras la hilaridad. Pero entiendo que más allá de lo expresado, es desde esa vibración de las risas enunciadas donde la autora se apoya para desarrollar todo el contenido de esta obra que se origina aludiendo a épocas remotas hasta llegar a  nuestros días. En su acepción común y más frecuentada se define a la risa como “una expresión tranquila y plácida del gozo y la satisfacción del ánimo” pero sabemos, también, que muchas veces lo que hace a su acontecer es la burla del otro, como nos advierte la autora  al referirse a las Mimas, Bufones, Payasos y Clowns  cuando dice, cito: “ El rechazo a la alteridad diferenciada se manifestó casi sin excepción en toda sociedad humana”, o sea, se desprende de esta realidad que detrás de esa risa contenida o exteriorizada ante lo ridículo del otro o su torpeza,  se oculta el gozo del dolor ajeno, la perversidad, el revés de esa aparente cadencia cristalina  de la carcajada. Desde este contexto  la risa se nos revela, entonces,  no solamente desde esa amplia gama antes aludida,  sino también de las circunstancias y hechos  que pudiesen  provocarla y en este devenir de las diferentes mutaciones de la risa, pasamos del relámpago del sufismo al nacimiento de la sonrisa que aparece celebrada en el Siglo XII: sonrisa que queda definitivamente consagrada como tal en el Renacimiento  desde el rostro memorable de la Mona Lisa.
La primer parte del libro se cierra con el Carnaval, la mascarada y el bullicio “que suscita tres risas amalgamadas: la carnavalesca, la satírica y crítica y la humorística” conforme lo expresa Leonor Calvera.  Pero después del Carnaval y sus festejos de máscaras, los hombres quedaban solo frente a frente con el Diablo. Despojado de la investidura del Ángel, se lo representaba ajeno a todo vestigio de su antiguo esplendor;   portador, ya no de la Luz sino de la Muerte. Celebrador de la concupiscencia, el Diablo es condenado al Fuego y entonces, cuando ya nada queda de su presencia, se entierran sus cenizas. Y en este punto vale la transcripción de las palabras de Leonor: “No tardaría mucho  en llegar el momento en que fuera una realidad permanente la sepultura de las verdades del Ángel Caído. Las risas populares se extinguieron; la autoridad de la Iglesia y la monarquía decretaron la persecución de cualquier indicio de la presencia igualitaria de Lucifer entre los hombres. Los que desobedecieron fueron entregados a las llamas de las hogueras de la Inquisición.”
Ya en la segunda parte de la obra  y desde la Antigüedad se nos manifiestan diferentes presencias evocadas, desde Platón ,  Aristóteles y Santo Tomás quienes desdeñaban la risa, hasta Nietzche, Bergson y Freud, entre otros. Aquí Leonor nos recuerda que “la Iglesia Católica fue la gran reguladora de la risa durante la Edad Media”.  Y aquí me detengo en esa otra risa antes enunciada: “la prohibida” y que sucedía en el  Hades porque “quien ríe en el inframundo demuestra que no está suficientemente purificado de su humanidad  y por lo tanto, de lo terrenal”, conforme nos lo revela Leonor. Pero  también en la tierra y en pleno Medioevo, los monjes estaban restringidos de exteriorizar cualquier asomo de lo que se consideraba un signo de debilidad y corrupción de la carne, porque Cristo nunca reía. Y aquí nos retrotraemos a esa risa “prohibida” a la que se hizo alusión. Seguramente en estos hechos se inspiró Umberto Eco para la construcción de su memorable novela “El nombre de la rosa”.
Antes de cerrarse esta segunda parte, nos encontramos con la descripción del lenguaje y los  diferentes colores con los cuales se puede investir al humor. Del blanco al negro, pasando también por el verde y el rojo, según el contenido de ausencia o carga de malicia y procacidad.
Ya en la tercera y última parte del libro, nos adentramos en el fascinante mundo “Junguiano”, por definirlo de alguna manera, que nos remite a los opuestos. El Yo y sus semejantes. Lo subjetivo y la objetividad que se extiende a  toda acción humana., a los medios de comunicación, las redes sociales, lo genérico, los juegos que no le ponen límite a la edad.
Y esto me hizo rescatar de la memoria la figura del genio: Wolfang Amadeo Mozart , ese eterno niño que también “jugaba con el viento de la música” creando, en el momento, “música sobre música”,* por pura diversión, y desconcertando a los músicos que lo acompañaban, obligándoles a cambiar una y otra vez el orden  pre-establecido en la partitura original.
La risoterapia, como también nos  menciona Leonor,  ya está instalada en nuestros días  como función que hace a la salud.
Y aquí hago un paréntesis para detenerme en el título que ya es un símbolo que nos puede llevar a la interpretación de la obra: ese fuego que acompaña a la risa, más allá de la naturaleza de la misma, de todos modos la va a redimir en su acción purificadora. Creo que Leonor Calvera  así lo revela en las últimas palabras que cierran la obra.
Antes de concluir con estas breves consideraciones, me retrotraigo, por unos instantes a ese lejanísimo Siglo VII a.c. cuando Licurgo, según nos revela Plutarco, mandó erigir en Laconia, región donde su ubicaba Esparta, una estatua en honor a la Risa para motivar la misma a sus habitantes que hablaban en un lenguaje afilado y conciso denominado “lacónico”.
Después de la lectura de “Los Fuegos de la Risa”, de Leonor Calvera, nos queda la convicción que cada uno dentro de sí, buceando en el océano del alma, encontrará, sin duda, el secreto mensaje que conduce a la alegría, a esa
celebración del espíritu que se traduce en lo exultante: la risa.

*Henri Bergson,” Ensayo sobre La Comedia”      

Moira Soto: Los fuegos de la risa

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libro de la risaLos fuegos de la risa es un ensayo que ronda con erudición no exenta de amenidad el tan humano e inagotable tema de la risa que puede ser “fascinante y aterradora, saludable y letal, crítica y festiva”, en palabras de la autora.

Vinculada al sentido del humor en sus más diferentes tonalidades, la risa tiene una larga historia que la poeta, especialista en religiones orientales y temas de género va desgranando a partir miles de años antes de Cristo, en los remotísimos tiempos de las venus paleolíticas, cuando Baubo hace reír a Deméter, devolviéndole las energías para que siga buscando a su hija Perséfone.

Los antiguos dioses del Olimpo también conocen el placer de la risa, al igual que las deidades originales del suelo americano. Calvera enumera y describe la risa ritual, la prohibida, la del Zen, la pascual, la callada, la sardónica, la reparadora…La risas conectadas con la vida cotidiana ante situaciones, gestos o palabras que pueden resultar graciosos, y las risas ligadas a lo sagrado, la muerte, la renovación.

Las payasadas y las bufonerías en las cortes y en las comedias, el sorprendente jolgorio desvergonzado de las fiestas medievales y la desinhibición de los carnavales, donde el Diablo lograba meter la cola. En la Antigua Grecia, el verbo reír y el verbo brillar se nombraban de idéntica manera, aunque hubo filósofos solemnes que desconfiaron de la risas. La Iglesia Católica de mucho antes de la sonrisa bonachona de Francisco, no veía con buenos ojos las manifestaciones hilarantes, sospechando con fundamente que la risa podía ser liberadora y transgresora.

Leonor Calvera convoca a Rabelais: “Más vale de risas y no de lágrimas que escriba, porque la risa es lo típico del hombre”. A Descartes que la describe con ánimo entomológico, lo mismo que Joubert en un tratado de 1570 que entrevé un dejo de amargura en la carcajada. El chiste, más tarde, interesa a Kant, a Schopenhauer, a Kiekegaard. La risa es una virtud digna de ser cultivada para Nietzsche. El clásico trabajo de Bergson no escapa al afinado análiisis de Leonor Calvera, así como tampoco el discurrir de Freud acerca del chiste.

El sentido del humor, “esa lente que sesga la realidad, la distorsiona, recorta, amplía o deforma”, encuentra su cauce en la negrura y en la blancura, pasando por todo un espectro de colores. La caricutura política que se las toma con el poder de turno y lo socava, es un recurso que se emplea desde tiempos lejanos.

Tratándose de una feminista de la primera hora como Leonor Calvera, no podían faltar un espacio dedicado a los códigos de género, al humor de las mujeres, latente muchas veces en la historia, y que se ha ido desplegando y tomando rasgos propios en el siglo XX, en el XXI…

En suma, un libro imprescindible para quienes deseen explorar el amplio, diversificado y hasta cierto punto misterioso tema de la risa. Un libro que se juntó con la portada soñada: Jigoku Zoshi (El rollo del infierno), período Kamakura, siglos XII-XIII, Japón.

 

Publicado en Damiselas en apuros

Guadalupe Treibel: Sangre nueva para Carmilla

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Que, en tiempos victorianos, las vampiresas sacaran a relucir sus punzantes colmillos no solo amenazaba el plácido sueño de damas y caballeros de cuellos sensibles; también atentaba contra los pilares esenciales de una sociedad que reservaba para la mujer el rol de “ángel del hogar” (mote acuñado por el poeta inglés Coventry Patmore en su homónimo poema de 1854). Aunque el tópico revenant había capturado la atención inglesa -e incluso autores como Charles Dickens o George Bulwer-Lytton incursionaran en la temática-, la hipocresía de época solo permitía las más sangrientas aproximaciones siempre y cuando triunfase la moral. Y las reprimidas querubinas, alejadas de cualquier atisbo de sensualidad sanguinaria, continuasen ejerciendo el rol pasivo y paciente de esposas y madres. Y los seres de la noche, encarnación total del Mal, perecieran con estaca o decapitación final.

En este contexto, en el que –harto sabido- la homosexualidad era considerada un crimen, mostró su pálido rostro y afilados dientes Carmilla, protagonista de la homónima nouvelle del irlandés J. T. Sheridan Le Fanu. En 1872, 25 años antes que Bram Stoker lanzara al mundo Drácula, la novela que codificó el género para siempre, este coetáneo y paisano autor regalaba el subyugante relato de una vampiresa melancólica que profesaba devoción por (la hemoglobina de) su víctima/enamorada: Laura, quien narra en primera persona el discurrir ambiguo de la ilustre succionadora entre apariciones nocturnas, formas felinas, pelo sugestivamente largo, dedos más finos que la lluvia (como diría e.e. Cummings)…

Entre ósculos que Laura intenta esquivar y raptos de fervor (Carmilla me tomaba entre sus brazos, me miraba intensamente a los ojos, sus labios ardientes recorrían mis mejillas con mil besos y, con un susurro apenas audible, me decía: ‘Serás mía… debes ser mía… Tú y yo debemos ser una sola cosa, y para siempre’”), la pionera obra de Le Fanu -ligeramente inspirada en la historia de la condesa Báthory y sutilmente homoerótica- ha dado suficiente ADN para que los microscopios de estudios de género, queer y feministas le dedicaran unas cuantas páginas. E incluso fue recuperada por la industria cinematográfica de países varios, que adaptó libremente Carmilla en films como los de Carl Dreyer (Vampyr, 1932), Roger Vadim (Et mourir de plasir, 1960, localmente Rosa de sangre), Roy Ward Baker (Vampyre Lovers, 1970), Vicente Aranda (La novia ensangrentada, 1972) o Mauricio Chernovetzky y Mark Devendorf (Styria, 2014). Empero, acaso una de las versiones más inspiradas de este clásico ineludible llega en formato menos convencional: el de webserie, como ya ocurriera con otras “actualizaciones” narradas cual podcasts, respetuosas del espíritu del original, trasladadas a la época actual (The Lizzie Bennet Diaries, Emma Approved, Frankenstein, MD, entre otras).

Con dos temporadas de 36 capítulos cada una (los episodios varían entre los 2 y 15 minutos en duración) y próximas por venir, Carmilla -la webserie- es una producción canadiense hecha con más entusiasmo que recursos (su única financiación proviene de U By Kotex, empresa de tampones porque: ¡sorpresa!, las vampiresas no se guardan toda la sangre, ¡también menstrúan!). Lo cual no resiente el resultado final, gracias a una troupe mayoritariamente femenina que, delante y detrás de las cámaras (ejem, “la” cámara), ofrece un guión estupendo con sobrados guiños al texto original y actuaciones encantadoras (a la cabeza, las protagonistas: Elise Bauman y Natasha Negovanlis). “Carmilla es una carta de amor a Buffy la cazavampiros y Veronica Mars, y Lovecraft y Neil Gaiman, y The Lizzie Bennet Diaries y Welcome to Nightvale; y tantas otras piezas y autores que adoramos por su riqueza, su humor y su ironía atemporal”, sostiene la escritora y co-creadora Jordan Hall respecto a un producto cuya primera temporada amasó más de 15 millones de visionados en su canal YouTube. Un auténtico hit, nutrido por la inquebrantable devoción de un famdon que engorda mitología generando sus propios fanfics, cantándole loas en redes sociales, presionando y presionando para que siga llegando la financiación…

Con resultados positivos, afortunadamente. Porque así como Sheridan Le Fanu torciera ¿intuitivamente? el todavía oculto brazo de las identidades de género a fines del siglo 19, la serie web continúa la cruzada con genuina inspiración LGBT y, además de flechar a las antagónicas protagonistas, no escatima en secundarios que amplían el arcoíris (Perry es asexual, LaFontaine no-binaria, Danny bisexual…). Y aunque no falta trama romántica, el quid de la cuestión es… monstruoso (chupasangres, gigantes peces del infierno, ¿Lilith?, etcétera), con fuerzas del mal alimentándose ya no de sangre virginal sino de cualquier grupo sanguíneo y social que provenga de la estudiantina de la Universidad de Silas, en Styria, Austria. Puntapié para que la soñadora Laura (geek adoradora de Doctor Who, con problemática adicción al… azúcar) arrastre a la indiferente vampiresa (nihilista y sardónica condesa Karnstein, aka Carmilla, su compañera de cuarto) a nuevas aventuras, y juntas aprendan que ni siquiera puede aplicarse el binarismo en conceptos estáticos como Mal vs. Bien. Y, por supuesto, que la unidad damisélica hace a la fuerza. Pero eso ya lo sabíamos.

Irene Viscarra Mujer Búho Blanco: El Árbol y el orden cósmico femenino

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En la Naturaleza todo tiene un Orden y un Ritmo. La AntiguaCosmovisión enseñó y enseña cómo alinearse con ese Ordeny Ritmo: es la Religión de la Diosa. Se respetaba porque ésteorden beneficiaba a todas las especies, seres humanos incluidos, sinque el beneficio y sacrificio causara enfermedad o desequilibrio en laNaturaleza: a éste ritmo sagrado lo denomino «El Orden CósmicoFemenino».

Leer más:
http://elsenderodeladiosa.com.ar/elarbolyelordencosmicofemenino.pdf

 

 

Beatríz Schaefer Peña: Homenaje a Nina Thürler

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  “Íbamos por el mundo/ con plenitud de arcángeles y pájaros/ destellantes y ardientes/ como el sol del mediodía…”

Un homenaje implica una recordación, es decir, el rescate de la memoria de algo o alguien que merece ser preservado del olvido, pero también un juramento de fidelidad.

Nina era bulliciosa, alegre. ¿Quiénes que la conocieron no recuerdan su risa contenida y casi interminable en el momento de las celebraciones?

Había nacido en Bragado, Buenos Aires, cuando Santa Rosa anunciaba su  tormenta, esa que, quizá, le dejó su paso en el ánimo y el verso: “ qué podíamos sospechar de las tormentas/ qué podíamos saber de otros designios/ que no fueran los nuestros?”, pero el suyo era habitar el mundo de la Poesía y su búsqueda incesante la convirtió en autora de once poemarios, entre otras disciplinas, desde los cuales podemos percibir ese ahondar, no solamente en lo entrañable de la vida, sino también en todo aquello que colinda con el misterio. Siempre le preocupó el más allá, lo no develado, el descubrir  los juegos del destino…”marchábamos/ simplemente marchábamos/ los pies desnudos/ y el pelo al viento…”ella nos sigue diciendo en el poema , desde esa voz ya  reconocible y que la hizo merecedora de tantas distinciones de las cuales jamás hizo ostentación, por el contrario: Nina se guardaba de sí para darse a los demás con una generosidad raramente habitual, y es válido decirlo,  en esta gran familia que conformamos los llamados poetas. -…“en qué momento cruzamos el puente que habría de dividir nuestra existencia?/ cómo fue que no vimos los nubarrones/ que ya antes/ otros habían visto por nosotros?”

Hay poetas de la palabra reflexiva que induce a la introspección y los hay de la palabra encantada que se convierte en conjuro. Nina se corresponde con ambos porque en toda su poesía descubrimos ese deslumbramiento por lo oculto, lo vedado al simple conocimiento del hombre, en un constante acecho de la palabra trascendida que la llevó a detenerse en lo entrañable de la vida y todo aquello que linda con el misterio.

En algunos de sus poemas  la palabra se le encarnaba en la desventura y en otros  volaba hacia lo imponderable. Y como esa palabra, la trascendida, se vale en sí, el poeta entonces se inmortaliza y por eso la poesía de Nina seguirá subsistiendo, más allá de su ausencia corporal, porque lo perdurable siempre vence a la desmemoria.

seniora“¿En qué momento se eclipsó la vida? ¿cuándo fue que cruzamos las puertas del Infierno?”

Desde este final del bellísimo poema de Nina Thürler : “Marchábamos con los pies desnudos” y que conforma parte de su último libro: “Tiempo de ausencias y campanarios rotos”, podemos percibir toda la nostalgia, toda la tristeza de las despedidas. Seguramente ella sabía, por esa aguda percepción que la caracterizaba, que su tiempo se abreviaba y ese Infierno al que alude no sería más que la metáfora de las claudicaciones, propias y de los otros, y también del destino incumplido de los sueños.

Pero sus amigos que tanto la queremos, que tanto la disfrutábamos, también sabemos que no existen ocasos en el lugar donde los dioses se reclinan celebrando a sus elegidos. Y allí está ella,  plena de luz y viéndonos,  seguramente, desde su mirada ahora sin velos, para celebrar junto a nosotros su nueva canción, porque, como nos proponía desde los versos, habrá “risas y poemas y vino / en esta medianoche”.

María del Rosario Andrada: Mujeres en la representación indígena del noroeste

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“Mujeres Siempre” es el título de la muestra  original que exhibió el Museo Arqueológico Adán Quiroga de Catamarca. Se realizó una selección de  figuras de mujeres en  diversas expresiones  en los distintos períodos de la cultura indígena con la apoyatura de arqueólogos que interpretan que las imágenes se corresponden con la de una mujer.

En el período pre-cerámico (culturas más antiguas) con 7000 años de antigüedad, no hay una clara evidencia material de figuras femeninas. En cambio en Período Temprano (350 a C-650 d.C.) de la Cultura Cóndor Huasi se observan figuras  que representan mujeres indígenas como es el caso de la Fig. 1.

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Fig. 1

Es un vaso ritual, con formas desarrolladas, prevalencia del color rojo sobre crema y negro. Se ha interpretado que los diseños pintados son pinturas corporales y faciales o tatuajes. Muestra senos abultados, orificios en el tabique nasa ly en el lóbulo de la oreja. Tiene las manos en el vientre como símbolo de la fertilidad-

Generalmente la cerámica Cóndor Huasi fue encontrada en tumbas, como parte del ritual. Se observa una mujer -que se cree está en posición de parir- (Fig.2), las piernas abiertas, las manos sobre los pechos.

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Fig. 2

De la parición hay evidencias materiales, son las parideras, un tipo de morteros gigantes donde  las mujeres apoyaban los pies y parían de esta forma, paradas, generalmente a la orilla de los ríos.

También se observa una figura gateando con toda la pintura corporal y boca. Se cree  se han utilizado piedras de turquesa como adornos. Se interpreta que es una mujer porque su espalda y zona de glúteos muestra una sensualidad muy definida.

En el período Temprano y en la Cultura Candelaria se encuentra una vasija – posiblemente representando una mujer-. (Fig.3) Posee el vientre abultado en un posible estado de embarazo, y se encuentra sostenida sobre los pechos de una mujer, símbolo de la alimentación de la vida. Se interpreta que la mujer está representada por un ave con plumas.

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Fig.3

Una pieza que llama la atención es la de un hombre apoyando las manos en el vientre de la mujer. En este período (Temprano) siempre está presente el tema de la fertilidad, el embarazo.

La Cultura Candelaria se caracteriza por siluetas femeninas con cuerpos globulosos, senos cónicos y cuerpos rechonchos que destacan pliegues adiposos (Gonzalez A, 1977),

En  la Cultura La Aguada- PERÍODO MEDIO (600-900 d.C.) encontramos una vasija de cerámica, una ollita que tiene  dos piernas a los lados y el motivo representa un personaje humano con aspecto felino.(Fig.4) Néstor Kriscautzky  la describe como el símbolo del útero, el nacimiento del hombre, representa la matriz.

           fig4

Fig.4

En este período de la Cultura de la Aguada,  no se observa gran significación de la mujer, en cambio está presente el hombre a través del símbolo del jaguar, del guerrero, del sacrificador, del chaman, quizás el único signo es el de la matriz o útero  y de algunas muñecas trabajadas en arcilla, como lo es la de esta imagen (Fig,5), donde se observa la presencia de grandes ojos ovalados en relieve demarcados por grandes cejas. Lleva una camisa andina “uncu”, y su peinado es importante .

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 Fig. 5

Aquí podemos observar una Figurina, lleva un vestido por donde asoman las manos. En su mano derecha  tiene algo que parece un pequeño animal-Cultura La Aguada,

fig6   Fig.6

Se exhiben además otras evidencias respecto al peinado, peines,  vinchas en el período Tardío. Los peines de metal se caracterizan  por sus pequeñas dimensiones, de escaso espesor, se trata de piezas cuyos mangos han sido modelados en un molde refractario en forma antropomorfa. Los dientes del peine, cuyo número varía entre 11 y 24 se ubican en la base de las representaciones, que carecen de piernas ya que luego de la pelvis están los dientes del peine.  En la figura que muestra  la Fig. 7 (Museo Arqueológico de Belén), una mujer desnuda, con signos de vulva, clítoris y senos. Su rostro es triangular. Sus ojos y su boca están abiertos y una línea delgada hace la nariz. Brazos y manos están integrados al cuerpo, diseñados con trazos delgados. Muestra un collar de dos vueltas (Guzmán Geraldine; Representación Humana y Género en Piezas de Metal del Noroeste Argentino – Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino- Vol 15, nro. 2)

fig7 Fig 7

Apartándonos de la muestra en sí, las Urnas funerarias que exhibe el Museo Arqueológico Adán Quiroga, son demostrativas  de la representación de la mujer sobre todo en lo referente  a la Cultura Cóndor Huasi. Urnas funerarias de  iguales características también se encuentran en otros Museos; Belén, Santa María, Instituto de Arqueología- Universidad Nacional de Tucumán y Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Int. y Culto.

“Pintadas, cuerpo pequeño ovoide, coronado por un gollete largo, cilíndrico, que va ensanchándose a medida que llega al borde. El gollete en general es más largo que el cuerpo, o por lo menos del mismo tamaño, y las pinturas casi siempre están divididas en tres secciones; las del gollete, las del cuerpo, y las del vientre, separada entre sí por líneas horizontales. En todas las urnas predominan los símbolos de animales” (Ambrosetti; “La Antigua Ciudad de Quilmes-Valle Calchaquí”-Boletín Instituto Geográfico Argentino, T.XVI)

“Estas urnas están formadas por un cuerpo ovoide provisto de dos asas simétricamente colocadas, de un cuello sensiblemente cilíndrico que se abre en campana y de una base que reproduce exactamente la forma de un puco…en lo decorativo lo fundamental de estas urnas es que ellas representan una figura humana en muchos casos con los brazos recogidos en actitud de sostener un recipiente” (Serrano; “Manual de la Cerámica Indígena,Ed. Assandri citado por César Augusto Velandia Jagua-Iconografia en la Cultura Arqueológica de Santa María)

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  Fig.8

 Al igual que Weber años atrás, César Augusto  Velandia Jagua (2005), dice que, estas urnas santamarianas  no solamente son antropomorfas porque algunos signos pintados sobre su superficie tengan la apariencia de rasgos humanos sino que ellas mismas, las urnas, son humanas en el  sentido de que son mujeres, y que guardan los restos de sus niños muertos.  A esta tesis llega el investigador después de un proceso de disección de las piezas totales en sus partes articuladas. Deduce que cada urna es una imago de una mujer, sentada, con las piernas dobladas bajo el cuerpo en reposo, la cual se encuentra ataviada con una manta o uncu  colocada sobre el cuerpo globular y con la cara pintada (o tatuada) con representaciones geométricas y figurativas.

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  Fig. 9

Las vasijas cerámicas son comprendidas como un vientre de barro mediante el cual regresa un ser (salido de otro vientre), al vientre original que le dio vida. Son el vehículo que permite cerrar el círculo pues garantizan simbólicamente  el proceso de retorno.

Estas urnas están colmadas de pinturas simbólicas. En algunos casos el cuello de cada una muestra rasgos típicos de un halcón o lechuza, las cejas son grandes arcos de círculo que se unen en un extremo para formar la nariz, generalmente desmesurada. Estas caras carecen de orejas. Debajo de los arcos de las cejas se visualizan cabezas de serpientes, cabezas de suri con Imaymanas estrellados. Las mejillas a veces están cubiertas de símbolos. En la parte del cuerpo aparecen los arcos de los brazos con las manos abiertas, levantadas hacía arriba. En ambos costados se observan cruces, suris, serpientes, aves bicéfalas, sapos. (FIG. 9.1) La ornamentación del cuerpo de algunas de las urnas está dispuesta en tres registros verticales, formados por una guarda angosta en el centro y dos secciones más ancha a los costados, que ocupan el resto de la superficie ventral. La guarda del centro está constituida generalmente por triángulos escalonados, que terminan en espiral y se encadenan unos a otros. (Véase Adán Quiroga; “La  Cruz de América”; Velandia Jagua; “Iconografía Funeraria en la Cultura de Santa María”). La diversidad de símbolos y rasgos antropomórficos encontrados en las distintas urnas funerarias y pucos, determina un universo cosmogónico y cultural único en la región.

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   Fig. 9.1

Una de las representaciones que abona la tesis de Velandia Jagua es  la urna funeraria – Cerámica del Período Tardío- Se exhibe en el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas de Sgo. del Estero (FIG. 10). Muestra en su cuerpo dos manitos como si estuvieran tomando el vientre, además se observan lágrimas en sus ojos. Hay urnas  que – según las interpretaciones- muestran a una mujer pájaro, una mujer búho como es el caso de la Cultura Belén, donde se dice que son lágrimas de río, llora a su hijo que ha muerto.

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 Fig. 19

En idéntico sentido la vasija tipo Urna- Santa María- altura 37 cm (Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto), donde se advierte el rostro  en la parte superior, y los brazos que se cruzan sobre su vientre (Fig.11)

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      Fig.11

Las fotografías pertenecen al Museo Arqueológico “Adán Quiroga” de Catamarca, también han sido extraídas de “Tesoros Precolombinos del Noroeste Argentino; “Cerámica Precolombina” de César Sondereguer-Mirta Maarziali; “Iconografía Funeraria en la Cultura de Santa María” de César Augusto Velandia Jagua; “Representación Humana y Género en piezas de Metal del Noroeste Argentino” de Geraldine Gluzmán- Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino, V.15

Adriana Gaspar. Mujeres del tercer MILENIO. Un espacio de debate y reflexión

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Leonor Calvera, quien ha realizado una incesante labor en la traducción de textos sagradoa orientales, tales como el Dhammapada y el Bhagavad Gita, habiéndose especializado en religiones comparadas, como así también en los estudios de género, decide realizar, en la década del ’90, la publicación de tres cuadernos -uno de ellos era doble- llamados Mujer y Creación, los que tenían como objetivo promover y difundir la labor creativa de mujeres protagonistas del paisaje cultural de la época, como también de otras que, desde su anonimato, se animaron a transitar por el camino de la creación, un camino muchas veces silenciado por ellas mismas.

Hoy el avance tecnológico nos posibilita interactuar con actores sociales de diferentes hemisferios; las redes de Internet nos permiten la multiplicación de saberes e inquietudes que podemos compartir con quienes hace algunas décadas creíamos inalcanzables. Esto provocó la decisión de convertir gran parte de aquel material en un blog:  Mujeres del Tercer Milenio (mujeresdelmilenio,wordpress,com)  y generar así un espacio para la reflexión y el debate, un espacio con perspectiva de género, feminista.

Su directora, Leonor Calvera, con esta iniciativa nos acerca la producción creativa  de mujeres de diferentes épocas, las que a través de relatos, ensayos, entrevistas, dan testimonio de su quehacer creativo, muchas de ellas hoy continúanla lucha por sus derechos, por la igualdad de oportunidades en la sociedad, igualdades que aún permanecen enquistadas en la cultura patriarcal, en la que lo femenino ocupa un lugar de cuestionamiento a la autoridad, una autoridad milenario pero vigente en estos tiempos.

Mujeres del Tercer Milenio posibilita la apertura del debate, genera un espacio de convivencia; nos posibilita un abanico de viejos y nuevos enfoques. Un entramado investigativo, cargado de vivencias y conocimientos, se entrelaza en una urdimbre de experiencias,, vivencias, las que fortalecen el espíritu creativo de un espacio como éste, que no sólo difunde la producción o el testimonio de importantes creadoras, sino también de aqwuellas que realizan su trabajo cotidiano desde la creación y la ética. Trabajo muchas veces realizado en un profundo anonimato, temiendo quizás al desafío que nos propone la creación como expresión de un desarrollo pleno, o desconociendo la potencialidad creadora, la que muchas veces permanece oculta. Como dice Leonor Calvera : En todo ser humano hay un principio de creación que está dormido, pero todos lo tienen.

Lo interesante de este espacio es la convivencia e interacción de aportes de diferentes décadas, los que formaban parte de la década del ’90 y los nuevos que comienzan a recorrer el camino de lo digital: todos ellos hot conforman un escenario atractivo para el conocimiento, la reflxión y el debate. El trabajo de valiosas creadoras e intelectuales, vanguardistas y transgesoras de su tiempo y de este nuevo milenio, hoy cohabitan en esta página, como es el caso de María Luisa Bemberg, Olga Orozco, Alicia D’Amico, Mireya Baglietto, Leda Valladares, Mildred Burton, Luisa Valenzuela, Beatriz Schaefer peña, Beatriz Broide, entre otras hacedoras de la escena cultural. El cine, su estética feminista, la literatura, la fotografía, la música y las artes plásticas, tienen en Mujeres del Tercer Milenio un lugar de encuentro, de intercambio, el que posibilita la apertura a nuevos interrogantes, un sinfín de preguntas a develar acerca de la mujer, su desarrollo creativo y su lugar en este siglo XXI.

El pensamiento que cada una de estas mujeres manifiesta en este blog concientiza, profundiza y estimula el desarrollo de la labor creativa, la necesaria para vivir y desarrollarse en una sociedad en la que la equidad sea cada vez más justa y solidaria, en la que se pueda debatir con total amplitud.

 

Publicado en GENERACIÓN ABIERTA, Nro. 66