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Beatríz Schaefer Peña: Homenaje a Nina Thürler

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  “Íbamos por el mundo/ con plenitud de arcángeles y pájaros/ destellantes y ardientes/ como el sol del mediodía…”

Un homenaje implica una recordación, es decir, el rescate de la memoria de algo o alguien que merece ser preservado del olvido, pero también un juramento de fidelidad.

Nina era bulliciosa, alegre. ¿Quiénes que la conocieron no recuerdan su risa contenida y casi interminable en el momento de las celebraciones?

Había nacido en Bragado, Buenos Aires, cuando Santa Rosa anunciaba su  tormenta, esa que, quizá, le dejó su paso en el ánimo y el verso: “ qué podíamos sospechar de las tormentas/ qué podíamos saber de otros designios/ que no fueran los nuestros?”, pero el suyo era habitar el mundo de la Poesía y su búsqueda incesante la convirtió en autora de once poemarios, entre otras disciplinas, desde los cuales podemos percibir ese ahondar, no solamente en lo entrañable de la vida, sino también en todo aquello que colinda con el misterio. Siempre le preocupó el más allá, lo no develado, el descubrir  los juegos del destino…”marchábamos/ simplemente marchábamos/ los pies desnudos/ y el pelo al viento…”ella nos sigue diciendo en el poema , desde esa voz ya  reconocible y que la hizo merecedora de tantas distinciones de las cuales jamás hizo ostentación, por el contrario: Nina se guardaba de sí para darse a los demás con una generosidad raramente habitual, y es válido decirlo,  en esta gran familia que conformamos los llamados poetas. -…“en qué momento cruzamos el puente que habría de dividir nuestra existencia?/ cómo fue que no vimos los nubarrones/ que ya antes/ otros habían visto por nosotros?”

Hay poetas de la palabra reflexiva que induce a la introspección y los hay de la palabra encantada que se convierte en conjuro. Nina se corresponde con ambos porque en toda su poesía descubrimos ese deslumbramiento por lo oculto, lo vedado al simple conocimiento del hombre, en un constante acecho de la palabra trascendida que la llevó a detenerse en lo entrañable de la vida y todo aquello que linda con el misterio.

En algunos de sus poemas  la palabra se le encarnaba en la desventura y en otros  volaba hacia lo imponderable. Y como esa palabra, la trascendida, se vale en sí, el poeta entonces se inmortaliza y por eso la poesía de Nina seguirá subsistiendo, más allá de su ausencia corporal, porque lo perdurable siempre vence a la desmemoria.

seniora“¿En qué momento se eclipsó la vida? ¿cuándo fue que cruzamos las puertas del Infierno?”

Desde este final del bellísimo poema de Nina Thürler : “Marchábamos con los pies desnudos” y que conforma parte de su último libro: “Tiempo de ausencias y campanarios rotos”, podemos percibir toda la nostalgia, toda la tristeza de las despedidas. Seguramente ella sabía, por esa aguda percepción que la caracterizaba, que su tiempo se abreviaba y ese Infierno al que alude no sería más que la metáfora de las claudicaciones, propias y de los otros, y también del destino incumplido de los sueños.

Pero sus amigos que tanto la queremos, que tanto la disfrutábamos, también sabemos que no existen ocasos en el lugar donde los dioses se reclinan celebrando a sus elegidos. Y allí está ella,  plena de luz y viéndonos,  seguramente, desde su mirada ahora sin velos, para celebrar junto a nosotros su nueva canción, porque, como nos proponía desde los versos, habrá “risas y poemas y vino / en esta medianoche”.

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