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Claudia de Bella: María Montessori. La educadora para la libertad

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María Montessori. La educadora para la libertad
Por Claudia de Bella

En 1860, Alessandro Montessori y su flamante esposa, Renilde Stoppani, vivían en Chiaravalle, un pueblito de Italia de apenas 4500 habitantes. Alessandro era un caballero chapado a la antigua, heredero de una familia de alcurnia y con buena posición, muy conservador y habituado a la disciplina militar, porque en su juventud había sido soldado, aunque después abandonó la carrera castrense y de allí en adelante se dedicó a trabajar como funcionario público. Renilde, 8 años menor que él, era una mujer muy educada para la época, que amaba la lectura y que apoyaba la unificación de Italia que estaba terminando de concretarse en esos tiempos. Podríamos decir que, para un pueblo como Chiaravalle, donde casi todos eran analfabetos, Renilde era una especie de eminencia.

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Apenas un año después de la boda, el 31 de agosto de 1870, nació la única hija de la pareja, María, que muy pronto comenzó a dar señales de su aguda inteligencia. Desde una edad muy temprana, se destacó como una personita muy decidida, segura de sí misma, optimista y extremadamente interesada en el cambio. Casi siempre asumía un rol de liderazgo en los juegos y en las conversaciones con sus pares o con los adultos. Tenía el hábito de intervenir en las charlas de sus padres para dar su opinión, algo bastante impertinente en una época en que los niños no tenían injerencia ni en las cuestiones más banales. Alessandro y Renilde debatían largamente, casi siempre sin ponerse de acuerdo, sobre qué era lo mejor para su hija, si disciplinarla o dejarla desplegar todo su talento. Durante esos años, la pequeña María se volvió muy apegada a su padre, aunque la única que alentaba sus ambiciones e intereses y la apoyaba en todo lo que emprendía era su madre.

Hasta el año anterior al nacimiento de María, el sistema educativo italiano había sido un feudo exclusivamente masculino. Las mujeres se educaban en casa o en la iglesia y su destino se limitaba a ser esposas, madres o, a lo sumo, maestras, la única profesión considerada aceptable para el género femenino. Sin embargo, en 1870, el gobierno de la Italia unificada estaba en manos del rey Víctor Manuel II  que, poco a poco, fue introduciendo cambios fundamentales, como reducir la influencia de la iglesia católica en los asuntos de estado, instaurar el derecho al voto, las libertades civiles y la igualdad impositiva, abolir el trabajo infantil y establecer la educación pública, gratuita y obligatoria para ambos sexos.

Gracias a estas nuevas reglas de juego, María y todas las niñas de su edad pudieron cursar la escuela primaria, aunque con un problema: de pronto, con todo el caudal de alumnado femenino que se sumó al ya existente, las escuelas quedaron chicas y se produjo una superpoblación. Los niños recibían sus clases en aulas abarrotadas, ruidosas y sucias, factor que favorecía el bajo rendimiento escolar. Pero María, a pesar de estas condiciones adversas, cursó sus estudios primarios con gran facilidad y con excelentes calificaciones. Y quiso seguir estudiando. A los 13 años ingresó en una escuela técnica donde era la única mujer en todo el establecimiento. En esa escuela obtuvo calificaciones tan altas (con un promedio general de 137/150) que, cuando finalizó en 1886, logró entrar en el prestigioso Instituto Técnico Leonardo da Vinci —equivalente a lo que hoy serían los dos últimos años de una escuela secundaria—, donde cursó matemáticas, ciencias sociales, ciencias naturales e idiomas, distinguiéndose una vez más por su desempeño sobresaliente en todas las materias. Cuando egresó, en 1890, ya estaba decidida a volcarse a las ciencias biológicas y estudiar medicina.

Su familia quedó consternada ante la noticia y rechazó por completo la idea de María porque, a pesar de todas las reformas educativas, todavía era inconcebible que una mujer ingresara en la Facultad de Medicina, no tanto por considerar al género femenino incapaz de absorber esos conocimientos, sino por la manipulación de cuerpos desnudos necesaria para el aprendizaje práctico y, más tarde, para atender a los pacientes. Una señorita no podía ni debía dedicarse a tareas tan indecorosas. Alessandro, el que más se oponía, llegó al punto de prohibirle a su hija que estudiara esa carrera. Las discusiones y peleas entre ambos se hicieron habituales y, rápidamente, fueron deteriorando su relación.

Sabemos que la educación es una de las herramientas principales que nos permiten acceder a la verdadera libertad. Cuanto más sabemos, más somos conscientes de lo que tenemos derecho a hacer y a ser. No en vano los hombres mantuvieron a las mujeres lejos de las escuelas y universidades durante tantos siglos: una sierva que se vuelve sabia ya no acepta ser sierva, quiere mucho más. Y María Montessori, a esta altura de su vida, no sólo había recibido ya varios años de educación, sino que además contaba con su inteligencia innata y su temperamento decidido y tenaz. Ni la autoridad de su padre ni los prejuicios sociales que aún ahogaban a las mujeres iban a intimidarla.

Poco tiempo después de egresar del Instituto da Vinci, se presentó en la Universidad de Roma y solicitó ingresar en la Facultad de Medicina. Como era previsible, la rechazaron por su condición de mujer, pero no se desanimó y aplicó otra estrategia: modificó su solicitud, postulándose para otra orientación. Finalmente, fue aceptada para cursar física, matemáticas y ciencias naturales, materias donde las mujeres estaban “bien vistas”. María se dedicó a estudiar con todas sus energías, mientras la mayoría de sus compañeras soñaban con casarse pronto. Su padre seguía furioso con ella y la censuraba duramente, pero ella persistió y obtuvo una licenciatura dos años después, con un promedio más que suficiente para volver a intentar el ingreso en Medicina, aunque la objeción principal, su género, aún se mantenía firme. María volvió a la carga. No hay registros de cómo lo consiguió pero en 1892 la Universidad le permitió iniciar los estudios que tanto anhelaba.

Imaginemos por un momento la conmoción que causó este hecho inaudito en todo el ámbito académico: una mujer trabajando codo a codo con los hombres por primera vez, examinando pacientes y estudiando el cuerpo humano. Sus compañeros y profesores la miraban con desconfianza y recelo. En la casa familiar de Chiaravalle, el ambiente también era muy tenso: su padre y ella ya no se dirigían la palabra. En contraposición, seguía contando con el apoyo incondicional de su madre, que incluso a veces la ayudaba a estudiar.

María terminó la carrera en apenas cuatro años. Su brillante tesis final, presentada en 1896, impresionó tanto a los diez hombres que integraban el comité examinador que le otorgaron el título habilitante de doctora en medicina y cirujana sin ninguna restricción, con una calificación de 105/100. Así, María cumplía su sueño y se convertía en la primera médica de la historia de Italia. Y apenas tenía 26 años.

Inmediatamente, la seleccionaron para representar a su país en la Conferencia de la Mujer que se llevó a cabo en Berlín ese mismo año, en donde habló de las condiciones de vida de las mujeres y los niños y de la manera en que éstas repercutían en la sociedad. En noviembre, la nombraron cirujana asistente en el hospital Santo Spirito y al año siguiente, 1897, pasó a formar parte del cuerpo académico de la Universidad de Roma, en calidad de voluntaria, para dedicarse al trabajo de investigación.

Al mismo tiempo, inició una relación con el psiquiatra Giuseppe Montesano, que había sido su profesor, y muy pronto quedó embarazada. Desde luego, esto provocó otro escándalo, tanto en su familia como en la de Giuseppe. Para colmo, María, de espíritu siempre independiente y poco convencional, quería tener a su hijo pero no casarse… en otras palabras, pretendía cometer el “sacrilegio” de ser madre soltera y continuar con su vida (María adhería al movimiento feminista y más tarde comenzó a militar activamente); por otra parte, Giuseppe tampoco estaba interesado en el matrimonio ni en reconocer al niño y la abandonó. La tolerancia de los padres de María se terminó definitivamente: ella había tenido relaciones sexuales sin casarse, estaba embarazada y pretendía tener a su hijo sin ningún marido al lado… era una verdadera deshonra para una familia tradicional y católica. En consecuencia, las familias de María y Giuseppe idearon juntas el plan de mantener el embarazo en secreto y entregar al bebé a otras personas apenas naciera.

El único hijo de María nació el 31 de marzo de 1898 y fue bautizado con el nombre de Mario Montessori, es decir, con el apellido de su madre. Solamente quienes pertenecían al círculo más íntimo se enteraron de su existencia. María tuvo que ceder a las presiones de sus parientes y, en definitiva, Mario fue llevado al hogar de una familia que vivía en el campo, donde creció sin que nadie le dijera una palabra de la situación. Aunque María se preocupaba mucho por él, lo visitaba de vez en cuando y le enviaba dinero a la familia que lo cuidaba, Mario no se enteró de quién era su verdadera madre hasta los 15 años.

Paralelamente a su drama personal, en ese momento una de las responsabilidades laborales de María consistía en visitar hospicios para enfermos mentales. Fue allí donde tomó contacto con niños que sufrían de retraso mental y que no podían convivir en las escuelas ni con sus familias, pero que no disponían de otro tipo de institución especializada que los cobijara. Observó que esos niños estaban ávidos por aprender y comenzó a pensar de qué manera podía ayudarlos, porque descubrió en ellos mucho potencial que podían desarrollar para tener una vida más digna. Algunos de esos niños, que habían sido catalogados como “imposibles de educar” por las instituciones que los alojaban, vivían encerrados en cuartos despojados, sin ningún objeto, y parecían buscar desesperadamente algo que hacer. María se dio cuenta de que varios chicos siempre dejaban algunas migajas del almuerzo o de la cena y que luego se ponían a jugar con ellas. Voy a repetirlo, porque la imagen es desoladora: dejaban restos en el plato para poder tener algo con qué jugar. A partir de estas observaciones, María concluyó que el ser humano tenía una necesidad innata de manipular, de estar en contacto con la realidad, de aprender y de estar en actividad.

Habló de este tema en el Congreso Pedagógico de Turín en 1898, donde centró su exposición en dos cuestiones: la primera, la educación de los menores con deficiencia mental; la segunda, la tendencia de los niños abandonados a convertirse en delincuentes cuando eran mayores, un tema  de gran actualidad para la época porque, poco tiempo antes del Congreso, había muerto la Emperatriz Elisabeth de Austria, más conocida como “Sissi”, apuñalada por un joven de 25 años cuya madre lo había abandonado en un orfanato cuando era muy pequeño. Al año siguiente, María participó de la Conferencia Feminista de Londres, donde también se refirió a un tema relacionado con los niños: la explotación infantil en las minas de Sicilia.

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Tal vez porque sentía la ausencia de ese hijo al que había tenido que renunciar, María fue orientando su trabajo cada vez más hacia los chicos y el comportamiento humano. En 1901 retomó los estudios universitarios, pero no del cuerpo, sino de la mente: comenzó a cursar psicología, antropología y filosofía, materia en que obtuvo un doctorado. En 1904, la Universidad de Roma le ofreció una cátedra de antropología, que ejerció durante sólo dos años, porque en 1906 decidió volcarse definitivamente a lo que más tarde se convertiría en la mayor obra de su vida: rediseñar completamente la manera de educar a los niños. En principio, el objetivo que se fijó fue la rehabilitación de todos los menores desechados por la sociedad: los retardados y los que sufrían trastornos de conducta. Consiguió excelentes resultados; los niños mentalmente deficientes, que otros hubieran enviado al hospicio sin más discusión, aprendían a cuidar de sí mismos y algunos hasta lograban aprobar los exámenes escolares destinados a los alumnos con capacidades cognitivas normales. Esto llevó a María a la conclusión lógica de que los niños normales estaban intelectualmente subdesarrollados, puesto que aquellos que tenían impedimentos podían alcanzar su mismo nivel de rendimiento académico con  relativa facilidad mediante una rehabilitación y reeducación adecuadas. Se preguntó, entonces, qué ocurriría si aplicaba su método a los niños sin deficiencias.

Sobre esta base, empezó a trabajar con sesenta chicos normales de diferentes edades, provenientes de familias analfabetas de bajos recursos, reuniéndolos en un edificio situado en San Lorenzo, una zona muy pobre de Roma, al que llamó “Casa de los Niños”. La Casa no era una escuela típica, sino un espacio pensado para que los chicos tuvieran toda la comodidad necesaria y desplegaran libremente sus actividades. María comenzó a notar que ellos, por sí solos, absorbían conocimiento casi sin esfuerzo, interactuando con el entorno y “enseñándose a sí mismos”. Fruto de estas observaciones, nacieron las ideas que plantearía más adelante: que el aprendizaje era un proceso natural, que no se adquiría escuchando palabras sino experimentando el ambiente y asimilando naturalmente la enorme masa de información y sabiduría que éste ofrecía, y que la tarea de un educador consistía en ayudar a los niños a hacer y descubrir las cosas solos, no en hacerlas y descubrirlas por ellos.

María observó que el aprendizaje natural se potenciaba si se permitía que los niños, bajo la mirada atenta de los adultos, actuaran en libertad y echaran mano de todo lo que más les interesaba sin que nadie los dirigiera. Teniendo a su disposición todo tipo de muebles, equipos y objetos a los que podían acceder con facilidad, se automotivaban para explorar, experimentar y lograr una nueva comprensión de la realidad. En este sentido, comprobó que los materiales que brindaban la posibilidad de autocorrección (por ejemplo, los rompecabezas y los juegos de encastre de figuras geométricas en orificios con la forma correspondiente, que permiten darse cuenta en el acto si las piezas están bien colocadas o no) eran fundamentales para el aprendizaje independiente. Otro de sus importantes hallazgos fue que si los niños estaban agrupados con otros mayores y menores, aunque con no más de tres años de diferencia (de 3 a 6, de 6 a 9, etc.), no sólo trabajaban juntos perfectamente bien, sino que se enseñaban unos a otros. En esas interacciones, los más grandes del grupo aprendían a transmitir conocimiento y a cuidar de los demás, mientras los más pequeños asimilaban las estrategias de aprendizaje y juego de los mayores que aún no se les habían ocurrido a ellos mismos.

En la Casa de los Niños se hizo evidente que, cuando se les daba la posibilidad de experimentar y alcanzar el dominio de habilidades y conocimientos prácticos  adecuados para su edad y desarrollo, los chicos de cualquier edad lograban progresos. Por ejemplo, los pequeños en edad preescolar se entusiasmaban cuando los llevaban a ayudar en la cocina, se enorgullecían cuando ponían la mesa y se sentían más seguros y valorados cuando lograban conducirse con los modales correctos. La autoestima y la alegría de los preadolescentes aumentaban enormemente cuando aprendían a manejar la economía doméstica básica, administrar una tienda o construir muebles; además, también tenían mejor desempeño cuando se ponía el acento en el aprendizaje práctico y orientado a la acción, más que en el estrictamente intelectual. Según María, esto se debía a que los adolescentes se encontraban en una etapa de la vida donde existían muchas presiones psicológicas y físicas, con muchos altibajos de humor y emociones encontradas, producto de los cambios hormonales, que les impedían concentrarse cuando los estudios se basaban únicamente en lo abstracto.

Pero quizás el concepto más revolucionario que planteó María Montessori fue el que proponía una inversión completa de lo que, hasta ese momento, se consideraba la base de la relación docente-alumno: que los estudiantes debían prestar atención a los maestros durante una clase. Ella postuló todo lo contrario: que eran los docentes los que tenían que prestar atención a los alumnos, para observar cómo reaccionaban ante los diferentes métodos y materiales de enseñanza y, de este modo, saber cómo presentar los próximos contenidos de la manera más efectiva para ellos. Esto suponía reconocer a cada niño como un individuo, con necesidades y capacidades particulares, y asumir la tarea de guiar a cada uno de la manera adecuada para ayudarlo a desarrollar al máximo su potencial.

En aquella Casa de los Niños, María puso en práctica todas estas ideas y demostró la efectividad de su perspectiva al provocar una verdadera transformación en las vidas y las mentes de los menores que educaba. Los padres y docentes estaban atónitos con los resultados y María comenzaba a ganar cada vez más seguidores, al tiempo que provocaba una conmoción en esa sociedad de principios del siglo XX, que daba por sentado que la única manera de transmitir conocimiento a los niños era a través de la “instrucción”, es decir, de las palabras de un maestro o profesor durante una clase.

En 1909, María dictó los primeros cursos para formar “guías Montessori”, a los que asistieron profesionales de todas las especialidades y, al final de ese ciclo, escribió su libro El método de la pedagogía científica, en el que detalló el fundamento de su sistema y los materiales necesarios para implementarlo. Más adelante, dio a conocer sus experiencias y conclusiones en el libro El método Montessori, publicado en 1912. En sus páginas, criticaba a las escuelas tradicionales, donde los niños eran “pinchados con alfileres como las mariposas” para que se quedaran quietos en su lugar, anulando su disposición natural a la acción y el movimiento. La primera edición de esta obra (5000 ejemplares) se agotó en cuatro días. El método Montessori ejerció una enorme influencia en todo el mundo y fue la chispa que detonó una reforma educativa en muchas naciones.

El método de María Montessori se basa en el concepto de que la mente de todos los niños pequeños es absorbente como una esponja, con una capacidad casi infinita de internalizar conocimientos en el nivel inconsciente para luego transferirlos gradualmente a la conciencia, atravesando un proceso natural que les provoca satisfacción y alegría, en oposición a la instrucción externa, que les resulta aburrida y frustrante. Por eso, se debe considerar a los niños como personas que necesitan ayuda y apoyo para autoeducarse a su modo y a su ritmo y no como seres de menor categoría o de intelecto inferior a los que hay que llenar de conocimientos predigeridos como si fuesen recipientes vacíos.

 

MÉTODO TRADICIONAL MÉTODO MONTESSORI
Énfasis en la memorización. Énfasis en las estructuras del conocimiento.
Enseñanza que sigue el modelo utilizado para los adultos. Enseñanza individual y/o en grupo, adaptada al estilo de aprendizaje del niño.
Grupos de la misma edad. Grupos de distintas edades.
Programa de estudios fijo que no tiene en cuenta el interés del niño. El niño elige su propio trabajo según sus intereses y habilidades.
Refuerzo del aprendizaje por repetición de palabras (externo). Refuerzo del aprendizaje por repetición de actividades (interno).
Sistema de premios y castigos que fomenta el desaliento y la baja autoestima. Sistema donde el niño reconoce internamente cuando ha tenido éxito; se estimulan las ganas de aprender y  la autoestima.
Pocos materiales para manipular y desarrollar los sentidos. Gran cantidad de materiales para manipular y desarrollar los sentidos.
Menos énfasis en la higiene personal y la limpieza del espacio. Aprendizaje programado de la higiene personal y la limpieza del espacio.
El docente:

– ejerce un rol dominante y activo;

– impone la disciplina;

– es el único que enseña y no motiva a los niños a colaborar entre sí;

– guía al niño hacia los conceptos;

– marca el ritmo de los aprendizajes;

– corrige los trabajos y señala los errores.

El docente:

– guía y apoya sin obstaculizar;

– deja que el ambiente y el método generen la autodisciplina;

– fomenta la autoenseñanza y motiva a los niños a enseñarse mutuamente;

– permite que el niño forme los conceptos a partir del material autodidáctico;

– deja que el niño aprenda y asimile la información a su propio ritmo;

– deja que el niño descubra y corrija los errores por sí solo, a través de la interacción con los materiales.

El niño:

– es un participante pasivo de su propio aprendizaje;

– cuenta con un tiempo específico para realizar su trabajo;

– debe sentarse en un lugar asignado y no puede desplazarse por el aula;

– debe hablar en voz alta cuando se lo indica el docente y no puede murmurar ni cuchichear con sus compañeros;

– trabaja en grupo cuando lo decide el docente.

El niño:

– es el protagonista activo de su propio aprendizaje;

– trabaja el tiempo que quiera con los proyectos o materiales elegidos;

– se ubica donde se siente más cómodo y se mueve libremente;

– no está obligado a hablar y puede conversar en voz baja;

– trabaja en grupo cuando lo desea.

 

 

En su libro La mente absorbente, María Montessori escribió:

El nuestro, más que una escuela, era un hogar, un sitio preparado para los niños donde asimilaban difusamente la cultura, sin ninguna instrucción directa. Aprendían a leer y escribir antes de los cinco años y por sus propios medios. En aquel momento, parecía milagroso que los niños de cuatro años fueran capaces de escribir sin que nadie les hubiese enseñado.

El tema nos intrigó durante mucho tiempo, pero después de repetir los experimentos una y otra vez con los mismos resultados, llegamos a la firme conclusión de que todos los niños están dotados de esa capacidad para absorber la cultura. Entonces, nos planteamos que, si esto era cierto, si la cultura podía adquirirse sin esfuerzo, debíamos poner otros elementos de la cultura a disposición de los niños. Así lo hicimos y entonces los vimos absorber mucho más que la lectoescritura: botánica, zoología, matemáticas y geografía, todo con la misma facilidad y espontaneidad, y sin cansarse.

Así descubrimos que la educación no es el resultado de lo que hace un docente, sino un proceso natural que se desarrolla espontáneamente en el ser humano. No se adquiere escuchando palabras, sino en virtud de las experiencias vividas por el niño mientras interactúa con el medio ambiente. La tarea de un docente no es hablar, sino preparar y organizar una serie de motivadores de la actividad cultural dentro de un ambiente pensado especialmente para los chicos. 

Todo esto atrajo la atención del científico e inventor escocés Alexander Graham Bell, del norteamericano Thomas Alva Edison, también inventor y empresario, y de Helen Keller, la famosa mujer sorda, ciega y muda que se transformó en activista a favor de los discapacitados luego de haber experimentado en carne propia que era posible llevar una vida digna e independiente a pesar de los impedimentos físicos. En 1913, Alexander Graham Bell fundó la Asociación Educativa Montessori, con sede en Washington y presidida por él mismo y por Margaret, la hija del Presidente Wilson, e invitó María a viajar los Estados Unidos.

Mientras tanto, Mario Montessori ya conocía la identidad de su verdadera madre. Ambos comenzaron a establecer una relación que, con el tiempo, se volvería cada vez más estrecha, aunque María, por respeto a su familia, siempre lo presentó como su “hijo adoptivo”. Cuando surgió el viaje a los Estados Unidos, decidió llevar a Mario con ella y, de allí en adelante, nunca volvieron a separarse.

María difundió ampliamente su método en diversos puntos del país y desató una explosión de interés por aplicar sus teorías en las escuelas de los EE.UU. Dio una conferencia en el famoso Carnegie Hall de Nueva York, con capacidad para 2800 espectadores, y causó una profunda impresión cuando hizo una demostración de sus técnicas en la Exposición Internacional Panamá-Pacífico, en la ciudad de San Francisco. Los diarios la describían como la mujer que había revolucionado el sistema educativo mundial con un método que causaba sensación hasta en lugares tan remotos como Corea y la Argentina (recordemos que, en aquel tiempo, aún no existían los vuelos comerciales; los viajes se hacían en barco y los países lejanos se percibían casi como si estuviesen en otro planeta). Pero todo este entusiasmo decayó abruptamente cuando, en 1914, el reconocido pedagogo y profesor de la Universidad de Columbia William Kilpatrick defenestró el método Montessori, criticando duramente a María. Esto representó un fuerte revés para ella, aunque pudo afrontarlo con relativa calma gracias a la presencia y el apoyo de su hijo. Ambos partieron de los EE.UU. y regresaron a Italia.

Ese mismo año, María escribió su libro La autoeducación en la escuela primaria y al año siguiente participó de la Conferencia Internacional de Roma, donde gran cantidad de personas de todo el mundo se acercaron a escucharla. En la Casa fundada por María, los niños de 4 años aprendían solos a leer y escribir, eran independientes, sabían conducirse con total libertad sin caer en el descontrol porque eran capaces de autodisciplinarse y demostraban un gran amor por el estudio y el trabajo. Tanto los italianos como los extranjeros que visitaban el establecimiento quedaban fascinados al ver los resultados que allí se obtenían. Por eso, y a pesar del desprestigio que había sufrido en los EE.UU., la obra de María continuó despertando gran interés en otros países, que requerían su presencia para dictar cursos de formación, llevándola a emprender muchas giras internacionales. La relación personal y laboral de María y su hijo ya estaba bien afianzada; él acompañaba en todos sus viajes y la ayudaba a organizar los cursos.

En 1919, María viajó a Londres, donde fue recibida con los honores propios de un miembro de la realeza. En 1922, el gobierno de Italia la nombró Inspectora General de Escuelas y más tarde, en 1925, se realizó el Congreso Montessori Internacional en la ciudad finlandesa de Helsinki. A los 55 años, María se había convertido en una celebridad de fama mundial, pero este punto alto de su carrera pronto se vería ensombrecido por los infortunados acontecimientos que ocurrieron después.

En el año 1926, el dictador italiano Benito Mussolini fundó la Real Academia del Método Montessori, que estimuló la creación de más escuelas y centros de capacitación en toda Italia. Pero la verdadera intención de Mussolini era utilizarlos como usinas de adoctrinamiento para que, más tarde, los alumnos apoyaran sus ideas fascistas y se incorporaran de buena gana a su proyecto bélico. Cuando María se percató de todo esto, de inmediato le comunicó al dictador que, a partir de ese momento, rechazaba cualquier tipo de apoyo del gobierno porque ese plan aberrante era el polo opuesto de todo lo que ella había defendido siempre: la libertad, la independencia mental, la dignidad y la integridad de los niños. Como resultado de la valiente actitud de esta mujer eternamente fiel a sus convicciones, Mussolini ordenó clausurar la Academia y todas las escuelas Montessori de Italia.

En 1929, María y su hijo fundaron la Asociación Montessori Internacional (AMI), con sede en Holanda, destinada a supervisar a las escuelas Montessori que se abrían en todo el mundo y a la capacitación de educadores. Mientras tanto, en Italia la situación iba de mal en peor. La actividad de María estaba prácticamente prohibida y, finalmente, en 1934, Mussolini decretó el exilio de los Montessori, que fueron a refugiarse a la ciudad de Barcelona, España, donde María comenzó a elaborar un sistema de aprendizaje para la catequesis. Por desgracia, su trabajo volvió a frustrarse cuando, en 1936, estalló la Guerra Civil Española y ella y Mario debieron huir nuevamente. En esta ocasión, el país elegido fue Holanda, donde los Montessori tuvieron que empezar desde cero una vez más. Mario, que ya tenía 38 años, se abocó de lleno a ejercer la presidencia de la AMI y María, de 66, se dedicó escribir su libro El niño, secreto de la infancia, que publicó en 1938.

Poco después, la Sociedad Teosófica de la India —país que, en ese entonces, aún estaba gobernado por los colonizadores británicos— invitó a María a viajar a Madrás para dictar un curso de tres meses. Hacia allí fueron ella y su hijo, en octubre de 1939, con la idea de regresar a Europa en algún momento del año siguiente. Pero la Segunda Guerra Mundial, que había comenzado un mes antes del viaje, los obligó a quedarse en la India mucho tiempo más: la estadía se prolongó durante casi siete años.

Como los Montessori procedían de Italia, nación que estaba en guerra con Gran Bretaña, el gobierno local envió a Mario a un campo de trabajos forzados para civiles; en cuanto a María, le dieron permiso para seguir trabajando, pero no para salir del país ni para circular libremente por el territorio indio. Mientras se dedicaba a su labor con niños en edad escolar, iniciando una escuela primaria Montessori y aplicando allí su método de educación, María sufrió tremendamente la ausencia de su hijo, después de tantos años de tenerlo a su lado como mano derecha y principal sostén emocional. Para su fortuna, sin embargo, las autoridades británicas, decidieron liberarlo al año siguiente de su detención. Desde entonces y hasta 1946, María dictó dieciséis cursos, capacitando a más de mil docentes indios en la utilización de su método.

En este período, se le despertó un interés específico por los niños de 0 a 3 años. Siempre sobre la base de sus observaciones, notó que los pequeños de 3 años ya eran capaces de elegir un objeto por sí solos y de fijar su concentración en él y que, aun a edad más temprana, era posible educar a los niños para optimizar su desarrollo mental. Sobre esta base, y como alternativa superadora de las simples guarderías, implementó las Comunidades Infantiles, donde se estimulaba el autoaprendizaje desde el mismo nacimiento. Dentro de esos ámbitos, María modificaba constantemente los materiales de trabajo y las características del entorno hasta que encontraba los que le permitían captar al cien por ciento el interés de los pequeños. Como ella decía, eran los propios niños los que le enseñaban el método Montessori.

María había llegado a la India a la edad de 70 años y pudo marcharse de allí recién a los 76, pero, a pesar de haber vivido intensamente hasta ese momento, estaba muy lejos querer descansar y abrazar el estilo de vida de la mayoría de las mujeres de su edad. Regresó a Holanda con su amado hijo y luego recomenzaron sus viajes por todo el mundo para dictar cursos y conferencias que la llevaron a lugares tan disímiles como Escocia, Ceilán, Francia, Pakistán y Argentina. En 1947, fundó el Centro Montessori de Londres, mientras en todo el globo comenzaban a abrirse cada vez más escuelas que aplicaban su método y en la Italia post-Mussolini volvían a ponerse en marcha todos sus establecimientos.

Francia la condecoró con la Orden de la Legión de Honor y recibió el diploma Honoris Causa de la Universidad de Amsterdam. En 1948, volvió a visitar la India; al año siguiente publicó su libro La mente absorbente y fue nominada para el Premio Nobel de la Paz, que finalmente no le fue otorgado. Lo mismo ocurrió en 1950 y 1951, cuando también fue objeto de sendas nominaciones. El hecho de haber sido ignorada durante tres años consecutivos por el Comité del Nobel fue interpretado en algunos círculos como un acto de sexismo.

En 1951, María presidió el Congreso Montessori Internacional realizado en Londres y luego dejó de dar conferencias para instalarse un tiempo en Italia, después de tantos años de exilio, donde colaboró en la reorganización de las escuelas y asumió un cargo docente en la Universidad de Roma. Finalmente, el 6 de mayo 1952, ya de vuelta en Holanda, esta mujer admirable, creativa, inteligente, emprendedora, de principios firmes, de coraje y energía inagotables, que dedicó su vida al perfeccionamiento de la humanidad a través de una educación que permitía que los niños y niñas se convirtieran en hombres y mujeres independientes y autosuficientes, que sabían vivir en libertad con responsabilidad, que valoraban el trabajo y se valoraban a sí mismos, llegó al fin de su vida en la localidad de Noordwijk, poco antes de cumplir 82 años, víctima de un derrame cerebral, cuando planeaba una visita al Continente Africano por invitación del presidente de Ghana.

Después de la desaparición de su madre, Mario continuó con la tarea de organizar cursos y de difundir activamente su método. Siguió al frente de la AMI hasta su propia muerte, en 1982, cuando fue sucedido por su hija Renilde, que hasta el día de hoy lidera la Asociación de su abuela. Por otro lado, la Dra. Nancy McCormick Rambusch reivindicó el método en los Estados Unidos al fundar la Sociedad Montessori Americana, que funciona desde 1960.

Hoy en día, después de más de cien años de la publicación de El método Montessori, muchos de sus conceptos nos parecen tremendamente obvios porque han calado tan hondo en los sistemas educativos que nos parece que han estado allí desde siempre. No deben existir muchos jardines de infantes y preescolares en el mundo que no apliquen, como mínimo, algunas de estas técnicas: muebles del tamaño de los niños, armarios y percheros a su alcance, juegos que involucran la reproducción de las tareas domésticas, prácticas de higiene personal, actividades al aire libre, uso de rompecabezas, bloques de madera para construir y juegos de encastre, canciones, pinturas, recorte de figuras… todas propuestas de María Montessori. Su trabajo ha influido en la educación de los niños de 0 a 5 años más que el de cualquier otro pedagogo.

Cuando María nació, los adultos no reconocían que los más pequeños tenían voluntad, personalidad, fuerza moral, opiniones, preferencias y ganas de aprender y expresarse. Ella logró comprender profundamente el alma de los niños, su potencial y las leyes que rigen su desarrollo, elevándolos a un rango mucho más alto del que les atribuían y que, por desgracia, todavía muchos les atribuyen. Sin duda, integra el grupo de las personalidades destacadas que colaboraron en la construcción del mundo contemporáneo.

Si tenemos en cuenta, además, la época en que se crió, sus logros se vuelven aún más extraordinarios. Cuando María tenía 20 años, las mujeres no podían caminar solas por la calle, tener una cuenta en el banco, tomar decisiones ni hacer nada sin el consentimiento de sus padres o su marido. Ella fue contra la corriente y superó con éxito superlativo la escuela primaria, la secundaria y la universidad del mundo de los hombres, afrontó todos los problemas de su vida con coraje y energía, se mantuvo activa hasta la muerte y, como si no alcanzara con todo esto, también redefinió la manera de considerar y de tratar a los niños. Sin embargo, tenemos que lamentar que, en la actualidad, no se la reconozca masivamente en toda su dimensión, como bien lo merece esta mujer que puso tanto amor y esfuerzo para ayudar a los niños a crecer felices y libres.

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Ana María Torres: La Obsesión de la muerte en Luisa Mercedes Levinson

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Podemos considerar a Luisa Mercedes Levinson como una escritora regional: A la sombra del buho (1) describe zonas de la provincia de Buenos Aires; en La isla de los organilleros, el delta del Paraná y sus islas; La Casa de los Felipes, (2) el Buenos Aires de antaño; en el cuento Sumergidos, la provincia de Misiones, El último zelofonte, (5) el Buenos Aires actual y el tango.
“En todas las novelas y cuentos encontramos una clave: la persistencia de situar la narración en un territorio específicamente argentino”, nos dice María del Carmen Suárez. (3)

luisamlevinsonLuisa Mercedes Levinson

La muerte es un tema recurrente en la obra de Luisa Mercedes Levinson. Para ella la muerte es femenina y la vida y la muerte están entrelazadas.
Si consideramos que A la sombra del búho (1) comienza con una muerte, que la muerte asola La Casa de los Felipes, (2) donde hay un clima envenenado, que otra de sus obras se titula Ursula y el ahorcado (4) -por sólo citar algunos ejemplos-, no podemos dejar de pensar que el tema de la muerte siempre estuvo presente en su obra.
¿Cómo es la muerte para Luisa Mercedes Levinson?
A veces tiene efectos curativos como en A la sombra del búho, (1) donde los indios enfermos piden permiso a Felicitas para “tomar una mano del finado y pasarla por su cara, o sus llagas u otra parte del cuerpo y para curar el mal de ojos.” Y luego: “Se dice que un ciego recuperó la vista después de la noche del velatorio.”
Otras veces trae suerte, como en el caso de Ursula y el ahorcado: (4) “La Gertrudis, cercenó la mano de un ahorcado y tuvo clientela rica y gozadora toda la semana.”
Hay, entonces, partes del cuerpo humano de los muertos que sirven de amuletos, la autora juega o coquetea con la muerte atribuyéndole poderes mágicos curativos o de buena ventura.

Voy a analizar el tema de la muerte en El último zelofonte (5) que es también la última novela de Levinson, publicada en 1984. Un antropólogo vive obsesionado buscando un ejemplar de zelofonte, al que finalmente encuentra en un viaje a Oriente. Vuelve a Buenos Aires con el exótico animal y con Sri, una bellísima joven. Su ayudante es Rupertus Meni, un perverso embalsamador. El zelofonte es un mítico animal, fruto de la imaginación de la autora.
En los primeros capítulos de esta obra, hay dos personajes principales: la naturaleza y la muerte que se atraen y se rechazan.
La naturaleza tropical, exuberante y “enemiga” cobra su primera víctima en Nikos, el bello joven griego, envenenado por la mandrágora y ahogado por la ciénaga. Rupertus Meni embalsama a Nikos utilizando, entre otros elementos, el mismo veneno de la mandrágora.
El semiderruido templo de Ankon también está amenazado por una naturaleza destructiva que lo invade con árboles y lianas.
En esta novela hay tres muertes fundamentales: las de Sri, de Rupertus Meni y del zelofonte. Las tres son diferentes.
La muerte impera en la ciudad de los zelofontes, que es, en realidad, el cementerio de los zelofontes, donde la autora destaca “la belleza” de los huesos de los legendarios animales.
La belleza de la muerte está simbolizada en el bello cuerpo de Sri, la atracción que su cuerpo ejerce sobre Rupertus Meni es también para Levinson la atracción y la sensualidad de la muerte.
Rupertus Meni encarna lo morboso: el embalsamador que profana los cuerpos y los mantiene aunque muertos, con vida, al librarlos de la corrupción. Sin embargo, al embalsamar el cuerpo de Sri, Rupertus quiere que la belleza y la vida triunfen, impide la muerte de la muerte.
Rupertus ama voluptuosamente el cuerpo muerto de Sri, la muerte entonces, no sólo se relaciona con el amor sino que ama, es genital.
Hay escenas en que Rosri, la niña de tres años, juega con el cuerpo embalsamado de Sri, su madre: “jugaba sobre ese bello cuerpo como si fuera una gran muñeca de porcelana. Buscaba sus labios, le perfumaba los lóbulos de las orejas, trenzaba y destrenzaba su cabellera.” Rosri y Sri simbolizan la vida y la muerte: sobre la morbosidad de estas escenas hay un halo de extraña belleza.
Nuevamente la muerte es el personaje principal, acompañada aquí por la lujuria, y como en el caso de la naturaleza que cobra su primera víctima en Nikos, es la muerte la que triunfa sobre la bella Sri -a pesar de que su cuerpo permanezca embalsamado- y sobre la voluptuosidad de Rupertus.
Tal como lo hace Levinson, podemos comparar el mbalsamamiento de Sri con el de Evita.
Evita es “la reina de la muerte”.
El doctor Ara es quien -como Rupertus Meni en El último zelofonte- (4) va a dar vida inmortal al cadáver embalsamado de Evita. Al igual que en el caso de la belleza de Sri, nos dice Tomás Eloy Martínez en Santa Evita: (6) “Evita se había tornado tersa y joven, como a los veinte años… Todo el cuerpo exhalaba un suave aroma de almendras y lavanda… una belleza que hacía olvidar todas las otras felicidades del universo”.
Si Ara como Rupertus Meni fueron los que embalsamaron sus cadáveres, Levinson al escribir la historia de Sri continuó con la obra del embalsamador, así como Tomás Eloy Martínez con su Santa Evita y todos aquellos que antes o después de él relataron la historia, continuaron con su mito.
Levinson también asocia con la muerte a la sonrisa de La Gioconda, que es: “la comunión de la juventud, la belleza y la muerte”. La sonrisa de la Mona Lisa “no es otra que la sonrisa de la amada, muy amada y muerta.” La sonrisa es “el secreto de la vida y de la muerte.”
Relaciona, de esta manera, a Sri, a Evita y a La Gioconda.
Como una piedra que arrojásemos en un estanque de quietas aguas, los círculos de la muerte se van abriendo, los anillos se van multiplicando: la muerte se relaciona con poderes mágicos y curativos, con la naturaleza, la belleza, la morbosidad, la atracción, la sensualidad, el amor y lo genital. En definitiva, la vida y la muerte que se atraen y se rechazan.
¿Cómo es, en cambio, la muerte en los hombres?
Levinson los acusa con dureza, son los hombres quienes guerrean y matan otros hombres, son los hombres los que provocan la muerte, no las mujeres.
La muerte de Rupertus Meni es muy diferente a la de Sri. Antes de morir, Rupertus piensa en matar: “Claro, matar. Matar al zelofonte. Matar ríos, venas, islas, archipiélagos, matar astros.” No hay belleza en la muerte de Rupertus Meni: “Esos cuerpos rellenos de nada, que ahora son él, él, Rupertus Meni.” Y, “de pronto Rupertus vomita la vida, vomita corazón, terror al zelofonte.”
La muerte de Rupertus es abyecta, representa el miedo y el horror a la muerte. Es la contrapartida del morir de Sri.
En la antigüedad, las serpientes, fueron relacionadas con la muerte y el reino de los muertos. Levinson asocia la muerte con las víboras.
Son las víboras y las serpientes las que arrastran el cuerpo de Rupertus y a este hombre que iba contra la naturaleza, lo hunden en lo profundo de un pantano.
Rupertus vuelve a un pantano similar al pantano donde cayó Nikos, a quien Rupertus no pudo, o dijo que no pudo salvar a tiempo. Rupertus, entonces, va a formar parte de esa naturaleza contra la que luchó para conservar cuerpos vacíos, “rellenos de nada.”
También la muerte del zelofone es diferente a la de la mujer y del hombre. El zelofonte muere para salvar a Rosri, su muerte es heroica.
El arpón del zelofonte tiene un “fino cordón sedoso y comunicante con su vida y con su muerte. Era el arpón con que podía matar, pero a condición de morir.” “Un arma que si la empleaba, ciertamente para matar, era a costa de su vida.”
El zelofonte le dedica su muerte a Rosri: “Tuya es mi muerte”, le dice.
Muerto el zelofonte, la zelofonte realiza la ceremonia de comer su carne, sangre, músculos, jugos y vísceras cumpliendo, tal vez, antiguos ritos caníbales. En esta forma lo incorpora a su ser. Comerse al bien amado es, tal vez, una instancia más que hacer el amor con él. Los huesos del zelofonte, pulidos hasta resplandecer, servirán para construir luminosas ciudades.
Por boca de Rosri, la autora nos habla del temor a la muerte. “¡Espanta a la muerte!”, pide Rosri a Nikos.
Nuevos círculos se van multiplicando en torno a la muerte: el horror, el heroísmo, el temor.
Nos preguntamos: ¿es definitiva la muerte para Luisa Mercedes Levinson?
La tierra entierra, sin embargo, salvo Rupertus, que aunque no es enterrado, vuelve a la naturaleza, ninguno de los muertos de El último zelofonte es sepultado, y en esto radica, a mi juicio, la originalidad de la autora.
Nikos vuelve a la vida o se reencarna en un nuevo Nikos, el zelofonte va a formar parte de la zelofonte. La autora dice: “el zelofonte o la zelofonte, ¿qué importa?”.
Sri como Evita permanece embalsamada. Levinson va más allá y da otra vuelta de tuerca cuando inmortaliza a la sonrisa de la muerte en la Mona Lisa, es decir, en el arte, en la obra de arte por excelencia. Es la sonrisa de la mujer amada y muerta que perdurará para siempre en la obra de Leonardo, desafiando de esta manera a la muerte.
Todas ellas, más que muertes son transformaciones, mutaciones que tratan de tapar ese vacío, ese silencio de la muerte tan difícil de aceptar.
En El pesador del tiempo, (7) la escritora dice: “De pronto la muerte no le pareció el último repliegue sino un tramo, sin mucha importancia, de la continuidad.”
Como la yarará que al cambiar de piel va dejando intacta la piel anterior, la muerte puede ser el renacer a otra vida o a otra forma de vida.
A partir de todas estas asociaciones tan dispares unas de otras, Luisa Mercedes Levinson revela un escondido deseo de vencer a la muerte, de triunfar sobre ella por lo que encierra de cruel e irreparable.

Los artistas también pueden considerar, sin lugar a dudas, que sus obras, sus libros, son una parte suya que los continúa después de la muerte.
Los escritores tienen distintas posturas ante la muerte.
Alberto Girri en una postura similar a Levinson sostiene que una sola vida no alcanza y tiene la intuición de que retornamos al mundo incesantemente, en distintas reencarnaciones.
Hay dos formas de continuarse después de la muerte: una, es vivir en el recuerdo y en el amor de nuestros amigos, de los que nos quisieron: en tanto vivan en nosotros los muertos siguen en la tierra, siguen con nosotros; otra, la de los artistas, los científicos, las grandes figuran de la humanidad que vencen a la muerte por sus obras, por sus actos y continúan vivos en la memoria de la posteridad.
Luisa Mercedes Levinson queda en nuestra memoria por sus obras y por su exótica personalidad que derramaba un inolvidable encanto sobre todas aquellas personas que la conocieron y la quisieron.

(1) Luisa Mercedes Levinson, A la sombra del búho, Buenos Aires, Editorial Losada, 1972.
(2) Luisa Mercedes Levinson, La casa de los Felipes, Buenos Aires, Santiago Rueda Editor, 1969.
(3) María del Carmen Suárez, Potencia del símbolo en la obra de Luisa Mercedes Levinson, Buenos Aires, Ediciones Ultimo Reino, 1993.
(4) Luisa Mercedes Levinson, Ursula y el ahorcado, Buenos Aires, Editorial Crea, 1981.
(5) Luisa Mercedes Levinson, El último zelofonte, Buenos Aires, Sudamericana -Planeta, 1984.
(6) Tomás Eloy Martínez, Santa Evita, Buenos Aires, Planeta, 1995.
7) Luisa Mercedes Levinson, El pesador del tiempo, Buenos Aires, Ediciones Gaglianone, 1980.
Del libro “Detrás de la palabra”1ª Edición , Ana María Torres, Buenos Aires, Botella al Mar, 2004, 2ª.ed.2015.

Beatríz Broide: La vestimenta y la moda

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LA VESTIMENTA Y LA MODA

La moda no es sólo el ropaje que un pueblo o un grupo social lleva en determinada época. Es el conjunto de sus hábitos, los modos que tienen sus miembros de relacionarse, las costumbres y la forma en que está pautada la convivencia en ese grupo humano. Constituye un núcleo de significaciones sociales, estéticas, eróticas, morales y económicas que entraña diversos mensajes.

Se puede interpretar la moda como escritura, código, construcción social, mito, discurso económico o reflejo político, pero es indudable su centralidad como representación simbólica de los cuerpos.

Tres teorías rivalizan entre sí para explicar las razones por las cuales los seres humanos comenzaron a cubrirse: la teoría del pudor, la teoría de la decoración y la que se apoya en la función protectora de las vestimentas.

La teoría del pudor era la más arraigada en Occidente y fue durante siglos la doctrina oficial del cristianismo, fundada en la antigüa tradición bíblica : el pudor es una consecuencia del pecado original cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso. Los teólogos consideraban que toda atención hacia el cuerpo era nociva para la salvación del alma y una de las formas más fáciles de apartar los pensamientos de aquel, era ocultarlo. Así, cualquier forma de exhibición del cuerpo, era considerada impudicia.

La teoría del pudor sufrió duras críticas cuando comenzaron a estudiarse las tribus neolíticas europeas, ya que surge la evidencia que la decoración era el motivo fundamental de sus desvelos por sus cuerpos desnudos. Existieron pueblos que no se vestían; pero nunca que no se decoraran.

El sentido alegórico de los adornos, la desnudez realzada por los tatuajes, la proliferación de joyas y dibujos indican un afán exhibicionista completamente opuesto al pudor tal como éste fue concebido posteriormente.

 

La tercera teoría, la de la función protectora, se basa en un argumento de sentido común: los seres humanos se han vestido para proteger sus cuerpos de los rigores del clima. Pero esta hipótesis , relativamente válida, es insuficiente para esclarecer la complejidad de las diversas ornamentaciones en las distintas culturas y tampoco resulta adecuada   para explicar otros aspectos, tales como los tabúes y las prohibiciones .

Si la moda se inscribe en las variaciones a las que son sometidas las vestimentas en una determinada sociedad, es indudable que toda modificación en la estructura social se reflejará en el vestido y producirá nuevas modas que la simbolicen. La moda es un indicador y muestra, por lo tanto, todo cambio en las relaciones de opresión de esa sociedad. Conducida `por los sectores dirigentes tiende siempre a expresar la aparente inmutabilidad del orden establecido

En Occidente resulta bien claro que los ciclos de la moda están estrechamente vinculados con acontecimientos sociales, económicos y políticos que a su vez se manifiestanen cambios en el sistema de producción de la vestimenta, tales como los mecanismos de fabricación, la expansión de los medios de transporte y de las comunicaciones, así también como el dominio de algunos países sobre otros , especialmente en el aspecto de la dependencia tecnologica y cultural, En la actualidad, en el marco de una creciente globalización, la moda se ha transformado en una industria de gigantescas proporciones, manejada por poderosos intereses..

Además, la relación entre el erotismo y la moda es tan importante como lo es la gravitación de los factores económicos y sociales. La seducción y la atracción juegan en la moda como dos agentes opuestos y complementarios: la exhibición y el ocultamiento, y ambos han sufrido una curiosa evolución en el curso de la historia.

La moda, como cambio constante y reflejo directo de prácticas y costumbres, como permanente búsqueda de lo nuevo, es un fenómeno que aparece en Occidente recién en la Edad Media.

En otras épocas y en diversas sociedades se observa un panorama distinto: durante siglos se han seguido usando relativamente las mismas vestimentas, y la marcada diferenciación sexual – ornamental , tan notable en Occidente, generalmente se esfuma en otras civilizaciones.

Históricamente es visible sólo un cambio que va desde el desnudo hasta la túnica, que con diversas variantes se mostró como única vestimenta conocida.

 

Antes de la llegada de los conquistadores extranjeros, los antigüos habitantes del Nilo vivían desnudos, tatuados y pintados , al igual que la generalidad de las tribus neolíticas europeas. Estos ornamentos se conservaron durante mucho tiempo, así como el hábito de acentuar la línea de las cejas y los párpados. tal como se observa en los frescos de los templos faraónicos.

Más adelante, las precisas estatuillas egipcias muestran a los varones sólo cubiertos por un “faldellín” y a las mujeres portando una túnica que marca claramente las formas del cuerpo. Y durante varios siglos estas vestimentas se complicaron muy poco, pero ambos sexos daban particular importancia a los adornos de la cabeza y a las joyas..

En Babilonia, los sumerios usaban una especie de holgada camisa que dejaba un hombro al descubierto y tanto varones como mujeres llevaban el pelo largo. Gudea, príncipe caldeo, aparece en las esculturas vestido con sencillez: un ancho manto doblado sobre el hombro izquierdo y el brazo derecho libre. Su única vestidura debió ser, entonces, semejante a la que varios siglos después Herodoto alcanzó a ver en los babilonios de su tiempo: un simple manto blanco.

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Detalle estela de Ur Nammu

 

Mantos y túnicas perduraron durante toda la Antigüedad, y es interesante destacar el hecho paradójico que toda esa sencillez en la vestimenta se corresponde con una gran libertad sexual y una compleja sacralización del erotismo, a la par que se iba desarrollando una multifacética cultura erótica.

Las costumbres en Egipto, y también en otras civilizaciones eran extremadamente libres y el erotismo se convirtió en algo sagrado.

Herodoto y Plutarco se asombraron de las prácticas egipcias, tradiciones que también se habían dado en otras culturas, y en todas se encuentra el mismo contraste entre la sencillez de mantos, túnicas y ropajes con la compleja sacralización del erotismo.

Quizás, para ser posible la aparición del fenómeno de la moda tal como hoy se lo interpreta, fueron necesarias las violentas restricciones del cristianismo que convirtieron en símbolo -por prohibid – aquello que antes era considerado sagrado.

Las variaciones más notorias en esos períodos de moda casi idéntica se dan en el arreglo de la cabeza: peinados, sombreros, pelucas,,,Y suponemos no haber sido casual que entre las múltiples prohibiciones de la Iglesia algunas de ellas recayeran sobre las cabezas de las mujeres, como lo expresara San Cipriano, varios siglos después. Lo Duca, en su Historia del Erotismo, enfatiza la importancia y la jerarquía del culto al cuerpo desnudo.

En las esculturas primitivas griegas, las vestimentas ya resaltaban las diferentes partes del cuerpo. Luego, en la época clásica, la escultura pasará a la exaltación del cuerpo perfecto hasta llegar a un realismo capaz de mostrar formas admiranles. Y mientras tanto se iba desarrollando una compleja cultura erótica que tuvo su apoteosis en Roma.

De la misma manera que pueden establecerse tan leves variaciones en las vestimentas de los pueblos de la antigüedad, se observa una gran similitud entre los rituales erótico-religiosos, en los ritos sacros tenía más relevancia el cuerpo desnudo que la vestimenta. Y esta aseveración es significativa, dado que los posteriores estudios de Occidente tuvieron que interpretar y descifrar, desde el punto de vista de su moral negadora y restrictiva, hábitos que no sólo eran practicados por muchísimas culturas sino que también se suponía eran placenteros para sus dioses.

Habría que preguntarse entonces si la importancia simbólica de la vestimenta, con sus variaciones y complejidades no se manifiesta en Occidente como una sustitución del culto al cuerpo, como aspecto manifiesto de un estilo de sexualidad. ¿Sería desacertado plantear la premisa de la existencia de un desplazamiento en la que el erotismo pasa del cuerpo a la vestimenta?…

La moda en Occidente procede de una fusión de culturas, pero rápidamente empieza a tener características propias. Es simbólica e inútil : los parámetros estéticos sustituyen a la practicidad.

Los zapatos cobran longitudes extravagantes, hacia atrás y hacia adelante, curvándose muchas veces hacia arriba. Las telas de Damasco, los paños recamados de oro, las sedas que llegan dificultosamente de Oriente eran incrustadas con piedras preciosas en un derroche de lujo y suntuosidad.

A finales del siglo XIV comienzan a emplearse los botones, ya conocidos por los persas 4.000 años a.C., pero olvidados por el uso de las túnicas.

Desde el Renacimiento, la historia de las modas es la de un cambio constante. Hasta el siglo XIX, en que se impuso la sobriedad en los trajes masculinos, estos rivalizaban en coloridos, bordados y encajes con los vestidos femeninos.

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Imágenes de la moda victoriana

 Y será el Imperio Inglés el que dicte las más estrictas normas. La época victoriana, célebre por su moral rígida, no sólo enfunda nuevamente a las mujeres en ceñidos corsés y telas que la ocultan, sino que además impone un verdadero uniforme para los varones blancos dominadores y para los sectores dirigentes de los pueblos sometidos que se identifican con ellos. El traje masculino –que con variantes aún llevan los varones- es un símbolo que crea el Imperio.

Parece importante recordar y resaltar que durante siglos los varones se constituyeron notoriamente en los árbitros de la moda en Occidente. No es necesario acudir a Petronio , que con tanto hastío se abrió las venas. Fueron los regios varones del medioevo quienes usaron una ropa tan ajustada que obligó el empleo de los botones. Y fueron ellos los que introdujeron los escotes en el siglo XV. Se muestran y destacan nítidamente pechos, muslos y   pantorrillas , con un esmero especial en subrayar las partes viriles.   Como contrapartida se reprime cualquier expresión de erotismo en la mujer.No es difícil entonces interpretar esta preeminencia del varón en la exhibición de su cuerpo vestido como un privilegio patriarcal.

La moda es el lenguaje y la expresión de las tendencias eróticas de una sociedad pero también es competencia, que se mostró durante siglos como una prerrogativa masculina: fué la ostentación simbólica de su poder. Para la mujer persistía la condena bíblica : la exhibición le estaba prohibida.

Esa exhibición preponderantemente masculina se puede observar, asimismo, en las tribus primitivas: los varones se decoraban , tatuaban y ornamentaban mucho más que las mujeres.

Pero fue más visible en Occidente, donde los tabúes impuestos por la religión como instrumento de dominación masculina fueron los que condicionaron con más fuerza la desaparición de la mujer de la competencia erótica recayendo sobre ella todo el peso de las prohibiciones y las amenazas de pecado: el erotismo, la visión del cuerpo, la moda misma , eran peligrosos sólo para la mujer. La fantasía consideraba diabólico el erotismo femenino…

Y saltamos al siglo XX- Dos guerras mundiales, profundos cambios en el sistema de producción , la lenta incorporación de las mujeres al mercado de trabajo… pero siguen persistiendo los factores estructurales que hacen a la esencia del concepto de la moda en el vestir : el eterno juego entre pudor y exhibicionismo que constituyen la base misma del erotismo en la moda, con toda una historia cargada de mala fe.

Freud intentó explicar el modo y la forma en que la estructura erótica de los individuos se expresa a través de la vestimenta. Pero recién al final de su vida llegó a sostener que no sólo las zonas erógenas sino todo el cuerpo está erotizado. Así, el cuerpo es un campo de satisfacción erótica, pleno de significados.

Lo mismo ocurre, en su aspecto simbólico, con las ropas que lo cubren: es precisamente en la vestimenta y en la moda donde se ven con mayor claridad esos complejos desplazamientos simbólicos.

Y la dominación masculina tradicional continúa… En la medida en que la moda es un índice de dominación, no sólo se reflejan en ella las restricciones de los opresores , sino también las del sexo dominante: dentro de un sistema impositivo se manifiesta un sexo también impositivo, que refleja las características de su poder en toda la sociedad.

Con posterioridad, la moda empieza a mostrarse como un territorio femenino, en el marco de un lento proceso a través del cual las mujeres intentan romper su secular relación de dependencia . Sin embargo, esa aparente posibilidad de elegir es, al mismo tiempo, otra forma de alienación. La moda impuesta por la sociedad de consumo, difundida por los medios de comunicación y puesta al alcance de muchas por un masivo sistema de producción industrial es un monstruo de mil caras: ¡otra trampa más!. La imposición de la novedad permanente, del incesante cambio en la superficie no es más que una distracción frenadora de cambios más profundos y temidos.

La mujer, aparentemente revalorizada, es reducida a una mera imagen convertida en un objeto inofensivo, consumista y objeto de consumo: su acceso al cetro de la moda constituye la expresión de la absorción del fenómeno por los mecanismos del poder masculino, ahora un tanto más sutiles, pero no menos efectivos.

La moda no es ni puede ser revolucionaria. Muestra hábitos y costumbres, prescripciones y prohibiciones, códigos y tabúes : refleja pero no decide. Es simultáneamente símbolo e instrumento de alienación, con frecuencia de conformismo, a veces de rebeldía.

Y en estas primeras décadas del convulsionado siglo XXI ¿seguirá el erotismo expresándose en la vestimenta?

Susana Cattaneo: Prácticas de horror y vergüenza contra las mujeres

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PRÁCTICAS DE HORROR Y VERGÜENZA CONTRA LAS MUJERES

A través del tiempo me fui enterando de situaciones terribles infligidas a las mujeres. Muchas me produjeron sentimientos de horror. Me invadió frente a la práctica de la ablación del clítoris y de la infibulación.

En este acto se elimina en forma total o parcial el tejido de los órganos femeninos, en especial el clítoris, para evitar que se sienta placer sexual.

Muchas veces me he preguntado qué llevó al hombre a semejante acción. Temor, acaso, de  no satisfacer lo suficiente a su compañera y ser tildado de poco hombre? ¿Qué esto la lleve al adulterio? ¿Envidia frente a la indiscutible superioridad orgásmica de la mujer? Las preguntas son muchas. En  nombre de una religión que no podría nunca dejar de rechazar, o de una cultura para la cual la mujer no es nada más que una “cosa”, se han hecho rituales salvajes como este. Y como es triste aceptar, hay mujeres, demasiadas, que se han identificado (¿será el síndrome de Estocolmo?) con esta barbarie y son ellas mismas las que la llevan a cabo. Vemos aquí una total deshumanización y ruptura de los derechos de la mujer.

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Niñas pequeñas de tres años o más son llevadas a lugares específicos, ya sea al desierto o debajo de algún árbol. Una mujer sostiene desde la espalda los brazos de la criatura y otras dos le abren las piernas. Queda así totalmente expuesta la vulva. Una cuarta con una cuchilla o piedra filosa procede a la ablación, haciendo caso omiso del llanto de dolor de su víctima. (utilizo ex profeso la palabra “víctima”).

Esto es una práctica que afecta a treinta millones de mujeres en veintiocho países africanos y ciento treinta o ciento cuarenta millones en todo el mundo, aunque se ha sospechado que esta cifra puede aumentar mucho más, porque hay países en los que no se ha podido investigar si se realiza o no.

La doctora Olayinka Koso ha dicho: “No hay una escala de crueldad para medir la agonía”.

Algunas versiones afirman que esto comenzó en el antiguo Egipto y se extendió al resto del continente. Lamentablemente se ha propagado a varios países de Asia, Europa (por el aumento de la inmigración), Oceanía e incluso América, aunque aquí en la mayoría de los países se prohíbe.

Después de la ablación del clítoris, sigue lo que se llama infibulación. Consiste en un corte a lo largo del labio menor y luego se elimina, raspando, la carne del interior del labio mayor. Se realiza en ambos lados de la vulva. A veces se verifica el trabajo introduciendo los dedos. Es de suponer que el dolor  no tiene límites. Queda una abertura minúscula para orinar y para que pase el flujo menstrual. Con espinas de acacia se perfora un labio y se clavan en el otro; así los unen, tal cual fuera hilo de coser. Como no es del todo seguro que se unan los labios, a la niña la atan desde la pelvis hasta los pies y quedan así inmovilizadas sus piernas. Posiblemente a un escritor de cuentos de horror no se le habría ocurrido tanto.

Muchos se han hecho la pregunta; ¿cultura o crimen? Yo me pregunto cuál es la diferencia entre crimen y cultura criminal. El diccionario nos dice que cultura es el conjunto de modos de vida y costumbres, grado de desarrollo científico entre otras cosas. ¿Podemos justificar un acto semejante porque la “cultura” de un país, su tradición, etc. indique que la mujer no tiene derechos y debe soportar esta tortura? Afirmo que en esas geografías se está llevando a cabo un crimen institucionalizado.

Las consecuencias de la ablación e infibulación son varias. Una mujer que ha pasado esta situación traumática no se recuperará jamás psicológicamente. También hay peligro de hemorragias graves, infecciones, tétanos, problemas urinarios, lesiones en los tejidos vecinos y llagas, quistes, esterilidad y también muerte.

Hay muchos casos donde el padre de la niña la obliga a la ablación, porque si está mutilada, al entregarle al esposo que él elija, recibirá más dote.

En este tema no podemos dejar de mencionar a Waris Dirie que es una modelo somalí, embajadora especial de la ONU, quien lucha contra estas atrocidades. Ella ha creado su propia fundación para combatir esta tortura en el  mundo. A los cinco años, su madre la llevó de noche al desierto para que la abuela le extirpara el clítoris con una hoja de afeitar y, claro, sin anestesia. Antes de sus trece años la iban a dar en matrimonio, canjeándola por tres camellos, para que sea la cuarta esposa de un hombre cuarenta años mayos que ella. Waris logra escapar y atraviesa el desierto hasta llegar a la capital de Somalía donde trabaja como empleada doméstica en el seno de una familia de diplomáticos. Esta familia la lleva luego a Inglaterra. Allí trabaja de mesera y un fotógrafo la descubre y la convierte en modelo internacional. Viaja mucho y se exhibe en las más importantes pasarelas, pero ella tiene por meta su lucha y públicamente cuenta su espantosa experiencia sufrida en su infancia. Explica al mundo que a partir de ese  momento pensó que si sobrevivía al daño haría algo para terminar con esa aberración. En su torturada mente de criatura, esto fue un esbozo de proyecto que afortunadamente logró llevar a cabo, dejando de lado lujo y viajes para dedicarse a su causa.

Así el mundo escucha sobre estas prácticas, para  mucha gente, desconocidas. Waris explica que cada once segundos, en el planeta una niña sufre la ablación. Esta mujer somalí de una enorme belleza física y espiritual, ha publicado un libro que tituló “La flor del desierto”, donde habla de estos sangrientos episodios que muchas veces son considerados la iniciación de la adolescencia. Pero también nos cuenta que se le practica desde bebés de pocos días hasta mujeres que han llegado a la treintena.

Waris se dedica hoy en día a reivindicar los derechos de la mujer y pide que todos  nos unamos para lograr que se respeten.

El hombre, en nombre de ciertos “dioses” y en nombre de alguna “cultura” (como ya dijimos), en nombre de una “superioridad” propia de personalidades muy enfermas, ha utilizado a la mujer para prácticas siniestras, que van desde tratarlas como menos que objetos, hasta exponerlas a tormentos físicos como el que tiene por tema este artículo.

Está claro que de todos los seres vivientes, sólo el humano masculino ha llegado a un lugar de perversión sin fronteras.

Hasta que no logremos frenar lo que yo denominaría, plaga, lacra, escoria, nunca tendremos paz.

Susana Cattaneo: Dian Fossy, el Ángel de los gorilas

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Dian Fossey es una investigadora que merece ser recordada y ubicada en la lista de mujeres que ocupan un lugar de privilegio en la historia.
Nació en San Francisco, en 1932, criándose en California junto a su madre quien tenía un gran renombre social y a su padrastro, que era adinerado. Quiso ser veterinaria, pero no aprobó el examen de ciencia. Entonces eligió hacer la carrera de Terapia Educacional y trabajó varios años en un hospital de Kentucky.
Influenciada por el zoólogo George Schaller, quien estudiaba a los gorilas, Dian junta el dinero y viaja a África. Allí observa a estos simios con la intención primera de investigarlos, pero luego su conducta se convierte en una cruzada para ayudarlos.
Primero estuvo en Zaire, pero la situación política hizo que se desplace hacia la selva tropical de Ruanda (en 1967). Conoce luego al paleontólogo Luis Leakey, a quien deslumbra con su gran personalidad. Este paleontólogo también iba a estudiar a estos animales y Dian se ofrece a acompañarlo, cosa que logra falseando su curriculum.
Después de un tiempo, se instala en la selva a 3000 metros de altura y encuentra una densa población de gorilas. Aparece en su vida Bob Campbell, quien durante tres años hace veinte mil metros de filmación, aunque la mayor parte no se vio jamás debido a que Dian tuvo con él una relación amorosa que terminó mal.
Filmar a los gorilas no fue fácil porque la selva era muy densa y ellos negro azabache.
A medida que pasaba el tiempo, comenzó a cuidar a dos de ellos huérfanos a los que quería liberar de sus cazadores, pero no lo logró, incluso a pesar de haber pedido ayuda internacional. Siguieron en cautiverio porque las autoridades ruandesas no quisieron liberarlos. Mientras ella los sacaba a pasear, pudieron ser filmados; escuchó sus sonidos y observó la relación que tenían con ella y su perra; con esta última jugaban, saltaban y corrían. Cuando los pusieron en jaulas y se los llevaron, Dian desapareció y lloró por mucho tiempo. Los dos huérfanos murieron nueve años más tarde. Ningún gorila de montaña, ha podido hasta el día de hoy, sobrevivir en cautiverio.
La misión de Dian, quien siguió investigando después de la separación de los huérfanos, no era nada fácil. Había terrenos muy empinados, barro, frío y niebla.
En 1969, gracias a las fotos tomadas por Campbell con mucho trabajo, recibe la noticia de que su propia fotografía será puesta en el National Geographir Magazine. En enero de 1970 sale en la portada y se convierte en una celebridad mundial. Esto la estimuló para seguir adelante.
Junto con Bob, comenzó a tratar de acercarse más a los gorilas y ambos lo hicieron imitando sus movimientos y comportamientos en general.

 

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Los gorilas comenzaron a confiar en ellos. Pero los cazadores también se
acercaban. Dian estaba horrorizada por las masacres que había visto. Ella amaba a todos los animales y para vengarse y alejarlos (a los cazadores), se ponía máscaras, los perseguía y los enfrentaba con sus propias supersticiones.
Amaba a los gorilas, les ponía nombres y ellos eran su familia. A pesar de que su relación con Bob se complicó, éste logró tomar fotos de Dian y los simios que la inmortalizaron. Así quedó grabado el primer contacto humano con gorilas salvajes, como compañeros, como amigos.
Aparece uno nuevo, al que ella llama Digit.
Por ese entonces, Bob se retira del campamento y Dian queda sola. En 1977 asesinan a Digit, le cortan la cabeza y las manos, dando los cazadores el terrible ejemplo de que la especie humana es la única asesina en el planeta. Este acto fue una venganza de los cazadores que sabían del amor de Dian por Digit. Dian queda destruida.
En los diez años siguientes ella y Bob sólo se vieron una vez. Así llega el año 1985, que encuentra a Dian sola y aislada.
Debido a su conflicto con los cazadores, el gobierno de Ruanda amenaza con suspender sus investigaciones.
En diciembre de ese año, uno o más asesinos irrumpen en su cabaña y la matan con un machete. Su cuerpo fue encontrado a la mañana siguiente y enterrado en su campamento, en las montañas de Virunga.
Esta inolvidable mujer pasó veintidós años de su vida viviendo entre gorilas y dando ejemplo de amor hacia ellos y los animales en general.
Gracias a ella, el mundo puso más atención sobre estos animales que hoy están en peligro de extinción. Dian dejó diarios donde detalla científicamente todo lo referido a ellos. Antes de morir también dejó un libro sobe su trabajo.
Hoy en día hay 650 gorilas de montaña en el África Central. Aún subsisten gracias al trabajo de Dian.
Reflexionemos sobre lo que verdaderamente significa ser un ser humano. Como dijo Trigueirinho: “Mientras se sigan matando animales, el planeta Tierra jamás será un planeta sagrado”. Sí. Sólo el humano posee maldad y es capaz de atroces conductas. Recordemos siempre a esta mujer y el ejemplo que nos deja. Que la Era de Acuario traiga luz.

Susana Cattaneo: Dian Fossy, el Ángel de los gorilas

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Dian Fossey es una investigadora que merece ser recordada y ubicada en la lista de mujeres que ocupan un lugar de privilegio en la historia.
Nació en San Francisco, en 1932, criándose en California junto a su madre quien tenía un gran renombre social y a su padrastro, que era adinerado. Quiso ser veterinaria, pero no aprobó el examen de ciencia. Entonces eligió hacer la carrera de Terapia Educacional y trabajó varios años en un hospital de Kentucky.
Influenciada por el zoólogo George Schaller, quien estudiaba a los gorilas, Dian junta el dinero y viaja a África. Allí observa a estos simios con la intención primera de investigarlos, pero luego su conducta se convierte en una cruzada para ayudarlos.
Primero estuvo en Zaire, pero la situación política hizo que se desplace hacia la selva tropical de Ruanda (en 1967). Conoce luego al paleontólogo Luis Leakey, a quien deslumbra con su gran personalidad. Este paleontólogo también iba a estudiar a estos animales y Dian se ofrece a acompañarlo, cosa que logra falseando su curriculum.
Después de un tiempo, se instala en la selva a 3000 metros de altura y encuentra una densa población de gorilas. Aparece en su vida Bob Campbell, quien durante tres años hace veinte mil metros de filmación, aunque la mayor parte no se vio jamás debido a que Dian tuvo con él una relación amorosa que terminó mal.
Filmar a los gorilas no fue fácil porque la selva era muy densa y ellos negro azabache.
A medida que pasaba el tiempo, comenzó a cuidar a dos de ellos huérfanos a los que quería liberar de sus cazadores, pero no lo logró, incluso a pesar de haber pedido ayuda internacional. Siguieron en cautiverio porque las autoridades ruandesas no quisieron liberarlos. Mientras ella los sacaba a pasear, pudieron ser filmados; escuchó sus sonidos y observó la relación que tenían con ella y su perra; con esta última jugaban, saltaban y corrían. Cuando los pusieron en jaulas y se los llevaron, Dian desapareció y lloró por mucho tiempo. Los dos huérfanos murieron nueve años más tarde. Ningún gorila de montaña, ha podido hasta el día de hoy, sobrevivir en cautiverio.
La misión de Dian, quien siguió investigando después de la separación de los huérfanos, no era nada fácil. Había terrenos muy empinados, barro, frío y niebla.
En 1969, gracias a las fotos tomadas por Campbell con mucho trabajo, recibe la noticia de que su propia fotografía será puesta en el National Geographir Magazine. En enero de 1970 sale en la portada y se convierte en una celebridad mundial. Esto la estimuló para seguir adelante.
Junto con Bob, comenzó a tratar de acercarse más a los gorilas y ambos lo hicieron imitando sus movimientos y comportamientos en general.

 

mono

Los gorilas comenzaron a confiar en ellos. Pero los cazadores también se
acercaban. Dian estaba horrorizada por las masacres que había visto. Ella amaba a todos los animales y para vengarse y alejarlos (a los cazadores), se ponía máscaras, los perseguía y los enfrentaba con sus propias supersticiones.
Amaba a los gorilas, les ponía nombres y ellos eran su familia. A pesar de que su relación con Bob se complicó, éste logró tomar fotos de Dian y los simios que la inmortalizaron. Así quedó grabado el primer contacto humano con gorilas salvajes, como compañeros, como amigos.
Aparece uno nuevo, al que ella llama Digit.
Por ese entonces, Bob se retira del campamento y Dian queda sola. En 1977 asesinan a Digit, le cortan la cabeza y las manos, dando los cazadores el terrible ejemplo de que la especie humana es la única asesina en el planeta. Este acto fue una venganza de los cazadores que sabían del amor de Dian por Digit. Dian queda destruida.
En los diez años siguientes ella y Bob sólo se vieron una vez. Así llega el año 1985, que encuentra a Dian sola y aislada.
Debido a su conflicto con los cazadores, el gobierno de Ruanda amenaza con suspender sus investigaciones.
En diciembre de ese año, uno o más asesinos irrumpen en su cabaña y la matan con un machete. Su cuerpo fue encontrado a la mañana siguiente y enterrado en su campamento, en las montañas de Virunga.
Esta inolvidable mujer pasó veintidós años de su vida viviendo entre gorilas y dando ejemplo de amor hacia ellos y los animales en general.
Gracias a ella, el mundo puso más atención sobre estos animales que hoy están en peligro de extinción. Dian dejó diarios donde detalla científicamente todo lo referido a ellos. Antes de morir también dejó un libro sobe su trabajo.
Hoy en día hay 650 gorilas de montaña en el África Central. Aún subsisten gracias al trabajo de Dian.
Reflexionemos sobre lo que verdaderamente significa ser un ser humano. Como dijo Trigueirinho: “Mientras se sigan matando animales, el planeta Tierra jamás será un planeta sagrado”. Sí. Sólo el humano posee maldad y es capaz de atroces conductas. Recordemos siempre a esta mujer y el ejemplo que nos deja. Que la Era de Acuario traiga luz.

Susana Cattaneo: Chavela Vargas: Una mujer inolvidable

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El 17 de abril de 1919, en San Joaquín, Costa Rica llegaba al mundo esta mujer singular que fue y es un ícono de la libertad para muchas mujeres. Ese día fue la llegada de alguien que siempre decía que su vida era “irse”.
Vivió en su lugar natal poco más allá de su pubertad. Sufrió en su país la falta de afecto y reconocimiento, lo que se agravó por su apariencia masculina y sus inclinaciones a las personas de su mismo sexo, situación que nunca dejó de tener la valentía de no negar. Valentía más aún tratándose de la época en que le tocó vivir. Complicada por el rechazo en las relaciones con su entorno, que, a su vez, tampoco reconocía el talento que ya demostraba, elige a México como país de residencia.A CHAVELA
Parte hacia el extranjero sola y al principio fue presa de muchas dificultades. Logró formar parte de un grupo de mujeres de bajos recursos y tomaba el trabajo que se presentara, entre ellos, el de chofer. A veces vendía lo que podía.
Como su pasión era cantar, lo hacía sin reticencias hasta que el destino la lleva a interpretar una canción del siglo XVII, Macorina, que le permitía seducir a las mujeres que la escuchaban, cosa que ella hacía sin ninguna represión.
Se vestía de hombre, fumaba cigarros y bebía tequila mientras cantaba.
A finales de 1950, tuvo con el tema antes mencionado mucho éxito en Cuba. Por otro lado, arregló a su manera esta canción tan importante en su carrera artística. Lo mismo hizo con las rancheras. Estas se caracterizan por su carácter festivo; Chavela saca a la luz la desolación en sus letras.
Las calles la vieron muchas veces ebria, cantando, penando por el amor de alguna mujer, hasta que no tuvo más remedio-debido al alcohol- que retirarse de los escenarios. Su ausencia duró una década.
Esta mujer tan querida por muchos fue amiga de Frida Kahlo, Diego Rivera y debemos agregar que Juan Rulfo decía que era su musa.
Volvió a cantar y partió a España, donde obtuvo un rotundo éxito. Almodovar (quien la llevó a la pantalla grande) y Sabina, la admiraban.
Le fue concedida la Gran Cruz de Isabel la Católica en el año 2000 y una calle española lleva su nombre.
Después de estar en importantes escenarios, como ser el Olimpia de París, ya con cincuenta años de carrera teme perder su voz y se retira. No por ello deja sus relaciones del ambiente artístico.
Fue nombrada Candidata Distinguida por el gobierno de la Ciudad de México al cumplir 90 años.
Esta mujer entrañable retaba al público desde el escenario con su amplio repertorio. Inventaba letras para sus canciones; de ellas las más apreciadas fueron “La llorona”, “Macorina” y “Volver”.
Como sucede con las personalidades importantes y, además, queridas, un numeroso grupo de gente, esperaba en las calles, con congoja, bebiendo tequila y cantando canciones, el desenlace de la enfermedad que la llevó a ser internada en un hospital.
El domingo cinco de agosto del año 2012, a la mañana, partió a otro plano. Pero nos quedan sus canciones, su figura inolvidable, su carisma, valentía y su ejemplo de libertad.
Considero que Chavela Vargas es una mujer que colaboró hondamente para romper cadenas atadas al sexo femenino.