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BEATRIZ BROIDE La mujer y la guerra Disquisiciones, elucubraciones y realidades

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Para la  cultura  tradicional en la que  estamos inmersos,  Homero, con su memorable  Ilíada , constituye la Gran Epopeya Bélica de Occidente .

Desempolvando aparentes inofensivos textos, la cólera de Aquiles, salpica, hecha añicos, los medios de comunicación del mundo, convulsionando todas las tierras de los grandes dominios.

Agamenón, Menelao, Paris, Héctor, Ayantes, Patroclo, esos héroes arquetípicos  que encontraron en la guerra el sentido de su existencia, ciñen nuevamente sus armas surgiendo de la muerte, preparando la muerte, erotizando al máximo su poder de destrucción. Troya emerge de sus ruinas para sucumbir una vez más  en la más cruel de las guerras: la guerra contra la vida misma.

Occidente  continúa  recorriendo obstinadamente  su antiguo periplo. El mito, primera palabra de toda cultura,  avasalla el curso de la historia, crea estructuras y superestructuras, destruye y  recompone poderes, coloniza pueblos, mata seres humanos y hace héroes de sus cenizas.  Ensalza el humanismo y destruye sus obras, compra arte y destruye a sus artistas. Una verdadera celebración genocida.

Sin embargo, es probable que Occidente esté llegando al final del amino

Icaro fantaseaba con el sueño eterno de volar: en la actualidad, poderosos aviones bélicos surcan  nuestros cielos. Hefaistos, Dios del Fuego, jamás pudo imaginar armamentos tan potentes y sofisticados como los actuales.

Poseidón  puede hoy provocar los mayores cataclismos marinos- Hércules, la figura heroica por excelencia, no tiene enemigos a los que no pueda fulminar con  monstruosas  bombas atómicas.

Las mil caras de los héroes  de otrora,  románticos, idealistas, justicieros, se tornan  actualmente  en la auténtica sombra lúgubre  y destructora que proyectaban en penumbras.

Marte,  el Dios de la Guerra,  alcanza toda su plenitud en los años que nos toca vivir.  Días de  muerte, espantos y temores a nivel internacional.  El mundo entero se ha convertido  en sus verdugos y en sus víctimas. Lo menos que se podría decir es que ya tiene sus histriones  dispuestos a representar el drama de la guerra  en proporciones gigantescas,  propia de un espectáculo de dioses…

Por un lado, las grandes potencias; por otro, “profetas” enloquecidos con toda clase de bombas a su disposición.  Más acá, mediocres mentalidades  que se desesperan por ingresar en las grandes empresas fratricidas;  más allá , salvajes mercenarios que prefieren  morir  empuñando armas de último modelo. Y, como telón de fondo, el ansia desmedida de poder y de dinero que puede llegar a traer como consecuencias  un planeta calcinado y muerto,  una tierra baldía y yerma…

La carrera armamentista parece imparable, con todos los intereses creados que la misma conlleva.  La escalada nuclear para usos bélicos se presenta cada vez más acelerada. ¡Y existen armamentos como para pulverizar la tierra cientos de veces!…  Quizás ya estemos en camino  de transmutarnos en polvo cósmico, incienso amargo para gloria  de un Olimpo guerrero-

Pero anterior  a todo Olimpo  de  dioses guerreros y diosas consortes estaba  la Tierra, la Mater Natura,  origen de dioses , héroes, titanes y ninfas. En el principio, era Gea

Un día, los  patriarcas envidiosos del poder engendrador de vida, la confinaron en las tinieblas de Cronos, donde permanece por siglos  en silencio. Los patriarcas, impotentes, sólo engendraron muerte  y crearon héroes destructores para sacralizarse.

Sin embargo, cuando las ciudades-estados griegos  se confederaron en ligas  panhelénicas sólo para la guerra, en virtud de una voluntad claramente expansionista, las mujeres, con  Lisistrata a la cabeza , decidieron utilizar sus poderes para terminar con las guerras: realizaron una huelga sexual  segregándose de los varones hasta que éstos depusieran  sus armas. Ellas no tuvieron mucho que esperar: los guerreros griegos se rindieron rápidamente ante esta amenaza.

Las mujeres pudieron comprender así que también las guerras sólo logran llevarse a cabo con su consentimiento, con su complicidad, con su pasividad. Lisistrata nunca existió más que en la imaginación de Aristófanes. Fue, tal vez, una especie de profecía acertada de lo que algún día  podría llegar a suceder. ¿Habrá llegado ese momento más de veinticinco siglos después?..

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Actualmente casi nadie recuerda los bramidos de Gea. Precisamente ahora, cuando la vida de los seres humanos está más comprometida  que nunca,  la tierra  menos habitable  y hasta la existencia  misma  convertida en una mera supervivencia sin sentido.

Precisamente ahora, cuando el movimiento de las mujeres tiene la potencialidad de adquirir más fuerza que nunca. las mujeres, depositarias de la vida, cultivadoras de la tierra, pozos de experiencia  cotidiana,  sanadoras y parteras durante siglos y siglos, están empezando a comprender  nuestro momento histórico.

Precisamente ahora, en el proceso de intentar recuperar sus perdidos poderes, pueden llegar a revolucionar  toda una geografía de miseria

y locura,  de muerte  y resignación.

En el principio era Gea…

beabroide@fibertel.com.ar