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MARIA LUISA BEMBERG: El mundo del cine

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mluisabEs una banalidad, pero también una lamentable realidad, que tanto en Oriente como en Occidente, dentro del sistema socio-económico que fuere, las mujeres son siempre una minoría en todas las aéreas: política, ciencia, cultura, arte.

En cualquier ámbito que no sea la conveniente y gratuita infra-estructura domestica, la mujer está casi siempre ausente en los puestos de mando. De manera que no es ninguna sorpresa que también en el creativo mundo del cine, las mujeres directoras seamos tan pocas: el 93% son hombres y el 7% son mujeres.

La mayoría de las veces, es muy difícil para una mujer hacer cine –yo soy una feliz excepción-. Si lo logra, no encuentra distribuidores que se interesen en su obra. No nos olvidemos que la industria cinematográfica esta mayoritariamente en manos masculinas. Esta hecha por hombres, con hombres, para hombres.

Hasta los más progresistas son discriminatorios en cuanto a creer o confiar en la competencia técnica y artística de una directora mujer –y, sobre todo, mostrar interés por su discurso fílmico. En este sentido, se le da importancia a un cine de acción que incluya la violencia, el poder, el sexo. Un cine donde los personajes femeninos están, casi siempre caricaturizados y/o erotizados de acuerdo a la misógina fantasía masculina que se cree con derecho a definir a los seres humanos en superiores o subalternos, según el sexo.

No solamente le es difícil a una directora convencer a un distribuidor. Tampoco le es fácil conseguir capitales para financiar su película. Aquí también los productores son hombres.

Las mujeres están fuera del famoso network masculino. No tienen casi contacto con el mundo del dinero o el poder a menos que tengan un marido, un padre o un varón que si lo tenga. Por algo las feministas italianas describen la marginación de las mujeres, no como seres del Tercer Mundo, sino como de cuarto mundo planetario: la verdadera mayoría silenciosa. O, más bien, silenciada.

Pero en este fin del Siglo XX, después de miles de años de dominación paternalista y de enclaustramiento en el entorno del hogar, las mujeres están tomando conciencia de su sometimiento y la poderosa estructura patriarcal está empezando a resquebrajarse. Creo que este de despertar de una de las mitades de la humanidad es el acontecer más trascendente de nuestra época. Porque se puede medir la evolución de un país de acuerdo a la situación de las mujeres en ese país.

El planeta está a punto de estallar con la escalada de violencia, de corrupción, de contaminación ambiental, de represión. Un mundo que no hicimos las mujeres.

Es por ellos que no solo es importante sino necesario que las mujeres estén haciendo cine; la cámara es un arma poderosa, no solo para entretener y emocionar sino también para hacer reflexionar. Para hacer descubrir en cada espectador y cada espectadora las perspectivas de un mundo diferente: más humano, más libre, más justo y, fundamentalmente, mas democrático. Sin violencia: ya que en la medida que las mujeres dan la vida las suponemos más respetuosas de la vida.

Se dice que “el estilo es el hombre”. También debemos contribuir a crear el estilo de las mujeres: una manera diferente de mirar, sentir y expresarse. Con autenticidad, con valentía, con rigor, prescindiendo de la represiva y condicionadora mirada del otro.

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