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Beatriz Broide. Carolina María de Jesus y su Quarto de Despejo (Diario de una mujer que tenía hambre)

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En el mes de agosto de 1960 se produjo en São Paulo (Brasil) uno de los fenómenos editoriales más espectaculares que se recuerde en la historia de aquel país y probablemente de los pocos ocurridos en el mundo entero. En tan sólo tres días se agotaron 10.000 ejemplares de Quarto de Despejo de Carolina María de Jesus, que pasó a ocupar el primer lugar en la lista de los libros más vendidos, ubicación que mantuvo durante seis meses consecutivos: ¡el libro de una mujer negra que recogía papeles y comida de los basurales para poder alimentar a sus tres hijos sin padre!.

El enorme, el gigantesco personaje de este libro es el HAMBRE. De la primera a la última página aparece con una constancia monótona, casi exasperante. Los demás personajes van surgiendo como consecuencias de la miseria: prostitución, violencia, alcoholismo robos

Redactado en forma de diario, día por día las sucias hojas de papel que Carolina había conseguido obtener por las calles fueron recibiendo sus relatos y sus narraciones. El intenso dramatismo de su contenido ya comenzaba a ser dramático a partir de su mismo continente. Los seres humanos que desfilan por sus páginas son todos reales, y aparecen mencionados con sus propios nombres.

Carolina va describiendo su hambre y el hambre de sus vecinos   con una escritura vigorosa y, paradojalmente, pulcra en su revelación trágica de una realidad que representa una tremenda acusación a toda la sociedad.

Carolina María de Jesus alcanzó una   síntesis perfecta al señalar aspectos que son comunes a todos los seres humanos. Por ello su libro es universal, a pesar de particularizar la tragedia de una colectividad marginal brasileña.

Es un verdadero documento que retrata en forma directa, cruda, sin artificios ni eufemismos, la esencia misma de la miseria más degradante. Pero es también un mensaje de esperanza, ya que al mismo tiempo que va narrando los dramas cotidianos de su entorno no se cansa de anhelar un mundo mejor.

Este libro habla a todas las personas del planeta. Es angustia, es dolor, pero asimismo es un penetrante deseo de cambio. Por eso, ha podido ser profundamente comprendido. Carolina es una verdadera generadora de emociones: la sinceridad de sus sentimientos se muestra conmovedora en su misma espontaneidad.

El “descubrimiento”

Audálio Dantas es un excelente periodista. Atento observador, con sensibilidad y creatividad, con el arte de un investigador, tuvo la sagacidad de “descubrir” a Carolina Maria de Jesus por encima del desorden de una situación cotidiana.   Entendió, sintió y cuando un periodista siente, los reportajes emocionan…

No se limitó a la mera información, a una mirada apenas raquítica de hechos y más hechos. Huyó de la indiferencia y llevó a su narración la intención de explicar y comprender.

La circunstancia que en un asentamiento urbano marginal, una de sus habitantes anunciara que escribiría algo en su libro, era, por cierto, un asunto interesante. Ese fue el primer encuentro de Audálio Dantas con Carolina María de Jesus.

Con certera intuición logró indagar y divulgar   ciertos aspectos que en parte el azar habían puesto a su disposición. Y lo hizo con coraje, claridad, transparencia y fluidez.

En palabras del mismo Audálio Dantas: “Es necesario tener coraje para ver, coraje para contar lo que se vió, coraje para espantar el miedo, coraje para convivir con el miedo”. Así, sin arrogancia ni prepotencia, con profesionalidad y equilibrio entre la emoción y la indignación, creó y produjo varios de los mejores documentos del periodismo de Brasil.

Y esta es la historia de Quarto de Despejo:

En una tarde de abril de 1958, Audálio Dantas salió de la redacción del diario Folha de São Paulo dispuesto a terminar un artículo sobre el problema de las poblaciones marginales de la ciudad de São Paulo, que se estaba prolongando desde hacía más de un mes. Se dirigió a la favela de Canindé, a pocos kilómetros del centro de la ciudad. Y fue allí donde encontró, los pies deslizándose en el barro negro, a la negra Carolina Maria de Jesus en seria discusión con un grupo de desocupados locales.

– “¡Si continúan peleando pongo el nombre de todos ustedes en mi libro!”, amenazaba ella, el grito fuerte, imperativo. El periodista quiso saber, naturalmente, qué era aquel asunto del libro. Al comienzo, Carolina se negó, desconfiada, pero terminó invitándolo a ir a su barracón: una habitación única, oscura, que servía de sala de estar, dormitorio y cocina para ella misma y sus tres hijos. De un viejo armario sacó algunos cuadernos sucios y llenos de polvo. Y él leyó una , dos, diez páginas y encontró, narradas con increíble realismo y precisión, las historias que hacía tanto tiempo que buscaba.

El lenguaje de Carolina, a pesar de incorrecto, dejaba al desnudo toda la tragedia de sus días: era la miseria vista por quien estaba adentro de la miseria. Como periodista, Audálio Dantas llegó a la conclusión que no tenía ningún sentido escribir un reportaje más -apenas una visión “impresionista”- sobre toda aquella miseria.

Regresó con los cuadernos de Carolina cuidadosamente empaquetados El Jefe de Redacción leyó inmediatamente algunas carillas y, al día siguiente, la primera edición del diario Folha de São Paulo publicaba trozos de esa conmovedora descripción en lugar del reportaje previsto.

Durante un año largo Audálio Dantas estuvo trabajando sobre los más de veinte cuadernos de Carolina María de Jesus, recogiendo los pasajes más expresivos, dactilografiándolos sin alterar una sóla palabra de ese humanísimo documento.

Cabe señalar que la misma tarde que la conoció, Audálio le hizo una promesa a Carolina: trataría de interesar a una editorial para la publicación   de los cuadernos. “La promesa pudo ser cumplida sin mucho esfuerzo”, escribió luego con gran modestia.

Habiendo comenzado a trabajar en la Revista O Cruzeiro escribió dos magníficos reportajes sobre el diario de Carolina: “Retrato de la favela en el diario de Carolina María de Jesus” (O Cruzeiro , junio de l959) y posteriormente “De la favela al mundo de las letras” (O Cruzeiro, septiembre de l960).

¡Y así fue el comienzo de “la otra historia”!

Aspectos biográficos

Quizás uno de los encuadres más difíciles de abordar sea precisamente el referido a las biografías y las autobiografías. Pudiera ser que en el fondo se trate de   una falta de interés por “la persona viva”, por “la vida real”.

Así, una biografía debe procurar desprenderse de las características meramente escritas de su sujeto – objeto   biografiado . Por ello, son más importantes aquellas líneas redactadas en el límite de lo vital, o esos testimonios inéditos y hasta los restos de una obra antes que la obra misma.

¿Cómo escribir entonces una biografía de Carolina María de Jesus?

¿Cómo biografiar a una autora “viva” en la medida que no tiene “obra” sino cuadernos manuscritos y publicaciones periodísticas creadas para no superar el día?.

No es fácil resolver el planteo: se trata de recuperar los rasgos vitales del pensamiento carolineano al contextualizar cada una de sus preocupaciones teórico-prácticas con momentos particulares de su rutina, reflejados en sus mismos cuadernos-diario. Y de inscribirlos en el marco del impulso de una voluntad inquebrantable, oniendo de este modo en primer plano las vicisitudes de una existencia dolorosa pero enormemente significativa para el pensamiento contemporáneo. De todos modos parece interesante mencionar una mínima información tradicionalmente convencional que disponemos.

Carolina María de Jesus nació en 1915 en Sacramento, Estado de Minas Gerais   (Brasil), donde vivió durante su infancia y su adolescencia. Descendiente de esclavos, era hija de negros que probablemente migraron de Desemboque a Sacramento , cuando se produjo el cambio en la economía de la extracción del oro hacia actividades agropecuarias.

El padre era un bohemio que tocaba el violín y aparentemente nada laborioso . Por eso, la madre tuvo que ser el sustento de la familia .En cuanto a su corta escolaridad en Sacramento, la realizó en el Colegio Allan Kardec , primer Colegio Espiritista de Brasil . Pero toda su educación formal duró tan sólo dos años, dado que tuvo que comenzar a trabajar muy precozmente.

Después de pasar por varias peripecias en el sur de Minas Gerais,   llegó a São Paulo y se estableció en la favela de Canindé, allí donde Audálio Dantas “la descubrió” varios años después.

Era alta e imponente, y hasta hubo quien dijo que hablaba con la autoridad de una princesa africana. Podría haber sido un número más en las estadísticas de desocupación , miseria y hambre del Brasil. Fue, sin embargo, uno de los mayores fenómenos literarios de su tiempo. Llegó a ser mundialmente conocida con la publicación de su primer libro, Quarto de Despejo , pero el fracaso de sus obras posteriores y otros factores colaterales la llevaron a vivir nuevamente en la pobreza.

Falleció   en febrero de 1977,  olvidada e ignorada.

El libro

A pesar de la perversidad de una supuesta “elite intelectual” que llegó a insinuar maliciosamente que Quarto de Despejo fue escrito por Audálio Dantas constituyendo un verdadero fraude, existen pruebas documentales fehacientes sobre la indudable autoría de Carolina María de Jesus, ya que los manuscritos originales han sido debidamente preservados.

El periodista declaró haber hecho algunas correcciones en el texto: colocó algunas comas, quitó otras, suprimió algunos trechos por repetidos, pero mantuvo la grafía original, limitándose a ordenar la narración, sin sustituir palabras o expresiones usadas por Carolina.

“No quise que la esencia de su escritura se perdiera”, explicó Audálio.

Quarto de Despejo es un relato de hechos verídicos vividos o presenciados por la autora. Registrados bajo la forma de diario, constituyen una secuencia ubicada en el tiempo por medio de fechas.

Algunos acontecimientos están contados más de una vez, quizás por una necesidad de darle más intensidad al relato. Su narración es lineal y su discurso es directo, entremezclándose con reflexiones que demuestran una profunda sensibilidad y un agudo sentido crítico. No es una autobiografía de tipo confidencial: es el fortísimo relato de una mujer con sus angustias, sus anhelos, sus dudas, sus interrogantes…

Pero es además la denuncia de las condiciones de vida de una comunidad marginal hecha por alguien que disponía de un arma poderosa y sabía cómo utilizarla: la   PALABRA. Carolina expresó , describió, mostró el sufrimiento y las amarguras del HAMBRE y la MISERIA.

El libro, como diario, presenta una cierta discontinuidad. Los registros comienzan el 15 de julio de l955 y son interrumpidos el 28 de julio de ese mismo año. Retomados el 2 de mayo de 1958 se extienden, con breves interrupciones, hasta el 1º de enero de l960. Pero esa discontinuidad cronológica del registro no acarrea un quiebre en la estructura narrativa del diario. Los días vacíos de anotaciones son llenados por la extensión metonímica de los días plenos a través de un recurso de estilo bastante simple pero eficaz: el de la repetición. Los días se repiten iguales en la monotonía implacable de un día de todos los días. Las significaciones pueden variar, porque los sucesos registrados también cambian. Pero todas esas variaciones convergen hacia una misma estructura narrativa, cuyo punto de sustentación principal es la presencia constante del hambre y la miseria en sus formas más concretas de manifestarse.

El diario presenta una enorme originalidad, con momentos de gran fuerza descriptiva y la creación de imágenes de notable simbolismo. Es una visión muy personal y de alguna manera unilateral, en la medida en que la misma autora es narradora y también protagonista. Es por ello que se podría sostener que existe un tiempo exterior, representado por el registro cronológico de los acontecimientos, y también un tiempo interior, expresado por los espacios   de reflexión . Y así, todo el texto es un verdadero espejo a través del cual Carolina se mira a sí misma , a las personas que comparten su espacio y, en su conjunto, al entorno que conoce y que la rodea.

mujer de color

Quarto de Despejo es una obra construida a partir de la singularidad armada entre la relación de la temática , la forma narrativa y el lenguaje. Y está escrita, relatada y vivida por tres figuras: la autora , la narradora y la protagonista principal; todas ellas llamadas Carolina María de Jesús. En el texto, narradora y protagonista se remiten respectivamente al sujeto de la enunciación y al sujeto del enunciado: la narradora narra la historia y la protagonista es el sujeto sobre el que se habla . Ambas, sin embargo, se remiten a la autora, que pasa a ser el referente fuera del texto.

Siempre busca dar autenticidad y credibilidad a sus relatos proponiéndose ser guardiana de la verdad de los hechos , pero sus células narrativas permanecen enteras a pesar de las discontinuidades y las repeticiones.

Así, a través de Quarto de Despejo arma el palco desde el que va desgranando un impresionante espectáculo , cosiendo todo con un hilo invisible que no permite a su peculiar escritura disolver su modo de organización narrativa ni su mensaje , bordando sus descripciones y sus opiniones sobre todo tipo de circunstancias : personales , políticas, formas de exclusión , injusticias. Y aún con contradicciones y ambigüedades, Carolina procura y logra mantener y resguardar en la práctica de su escritura diaria una imagen concordante con la conciencia colectiva de su marginalidad.

Nunca, hasta ese entonces, el hambre y la miseria habían sido descriptos por quien los padecía. Todo lo que se había producido sobre el tema en Brasil había sido escrito e investigado por representantes del discurso intelectual del momento.

Quarto de Despejo fue el primer texto escrito “de adentro para afuera” y esa circunstancia fué, quizás, uno de los más importantes motivos de su éxito. El sueño de Carolina, de escribir un libro con las descripciones que le proveían los habitantes de su mundo marginal, se realizó.

El lenguaje

Carolina tiene un estilo propio, rotundo, personalísimo. Por una parte, alterna incorrecciones ortográficas, sintácticas y de puntuación con el empleo correcto de términos específicos del lenguaje escrito culto. Este último aspecto es realmente un hecho muy curioso: que una semi-analfabeta use un vocabulario culto, con locuciones poco conocidas y raramente utilizadas aún en el lenguaje escrito. ¡Y las utiliza adecuadamente!….

En otros momentos la autora recurre a expresiones no precisamente eruditas, pero muy poco usadas en el lenguaje coloquial. Y en ese lenguaje coloquial, a pesar de su poca instrucción formal, sus descripciones entrelazan y combinan manifestaciones de gran hostilidad con un indudable   lirismo.

En esa habilidad para la recreación se plasman sus   peculiares metáforas y las comparaciones inusuales que utiliza , no solamente creando originalísimas imágenes sino también instaurando intensas búsquedas poéticas. Los contrastes y las ambigüedades están presentes en todo el texto. Va tejiendo permanentemente comparaciones y muchas veces, mediante la misma metáfora, señala efectos opuestos, ya sean estos positivos o negativos.

Pero no solamente llaman la atención su vocabulario y sus comparaciones. Generalmente usa frases cortas, pero las cadencias son muy apropiadas: después de oraciones largas, Carolina es breve para concluir.

De alguna manera, trata de mantener un “lenguaje puro” y los errores gramaticales no comprometen la comprensión de su mensaje.

El lenguaje narrativo es consistente y sólido, ya sea en la utilización de los aspectos connotativos y polisémicos de las palabras como en su capacidad para describir la miseria casi plásticamente. En su conjunto, el lenguaje de Carolina tiene un carácter auto-reflexivo, crítico, construído en forma fragmentada y reciclada.

Y es precisamente por todas esas características que el lenguaje de Carolina María de Jesus constituye un elemento estructural de Quarto de Despejo que le confiere fuerza, potencia y definición formal, dándole su propia sonoridad , color y movimiento.

Así, más allá de sus famosos errores gramaticales se observan en las revelaciones cotidianas de Carolina la singularidad de su escritura personal, la urdimbre de la trama y la estética de sus fragmentos. Y, a pesar de no ser heredera del discurso establecido y reconocido como literario, pone en el papel todo aquello que quiere decir, recogiendo palabras, reciclando discursos, repitiendo   acciones , eligiendo vocablos, proveyendo por lo tanto las llaves para un trabajo singular con el lenguaje .

De la gloria al ocaso

Quarto de Despejo constituyó un auténtico “best-seller”. Se calcula que fueron vendidos más de un millón de ejemplares en cuarenta países, con traducciones a mas de catorce idiomas.

El día de la presentación del libro en São Paulo estuvo presente una verdadera multitud: intelectuales, periodistas, artistas, autoridades estaduales y nacionales, entre otros el Ministro de Trabajo del por entonces Presidente Juscelino Kubitshek, quien públicamente prometió una casa para la autora. ¡Nunca se la entregó !…

Fueron unos poquísimos años dorados en la vida de Carolina: viajes, banquetes, entrevistas, participación en Congresos. Reconocida al principio como una revelación, tuvo, sin embargo, un brillo efímero.

Para intentar entender de alguna manera lo ocurrido, hay que ubicar Quarto de Despejo en el marco de los acontecimientos de la historia social, política y económica del Brasil de aquellos años que, seguramente, influyeron para depreciar y despreciar la valorización de una obra que muestra un aspecto que los sectores dominantes preferían ignorar y ocultar.

Había en el país una relativa estabilidad y una gran euforia por la construcción de Brasilia -la nueva capital- muy enaltecida   por Kubistshek , quien contaba con un considerable arraigo popular en sectores medios y medio bajos. Todo Brasil miraba “el gran acontecimiento” que así lograba desplazar la preocupación por los problemas de fondo: salud, vivienda, ¡HAMBRE!

El libro resultó emblemático en el marco del proyecto desarrollista e industrialista que se trataba de   implementar y en el que Carolina estaba inmersa mientras escribía.

Carolina María de Jesus surgió asimismo en el contexto de las reivindicaciones de distintas minorías en un momento especial de la vida brasileña en que las luchas populares que buscaban un cambio en el modelo económico encontraron una alianza con algunos sectores de intelectuales progresistas embarcados en rescatar los valores de las raíces nacionales.

El éxito también puede ser explicado conjuntamente con las causas que confluyeron para la aparición de un modelo que divergía de la imagen del escritor de renombre y de los textos por entonces canonizados por la institución literaria.

Era, asimismo, un momento en que estaba en boga la “contracultura”, pero ya empezaba a perfilarse el comienzo de la censura blanca a ciertas manifestaciones que podrían tornarse incómodas y constituir una amenaza para el poder establecido.

Quarto de Despejo marca el inicio de una literatura de denuncia socio-política en un entramado hegemónico y excluyente, constituyendo un adelanto previo a lo que se dió en llamar “ la literatura marginal brasileña” .

Y el diario permite seguir reflexionando sobre la dicotomía hegemonía y exclusión.

Carolina pudo conocer, aunque haya sido por brevísimo tiempo, la fama y los oropeles para ella más hermosos. Pero sus libros posteriores no tuvieron repercusión alguna ni despertaron interés en el mundo literario.

Su éxito fue efímero y nunca pudo vivir tranquilamente con sus recuerdos. Murió triste, abandonada e incomprendida; al parecer sin haber entendido que los mecanismos sociales que promovieron su éxito no pudieron evitar que por otro lado también hubiera otros que, simultáneamente, trabajaron para conseguir su olvido.

Esta traductora la recuerda hoy con nostalgia y con cariño.

Susana Cattaneo: Margaret Mead: Una vida para el futuro

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Coinciden ideas de diferentes personas en que los seres humanos primero vivieron en lo que se denominó “matriarcado”. En principio, parece haberse endiosado a la mujer: ella paría gracias a los elementos naturales sin que el varón participara en la concepción; éste tenía otro tipo de valores y se piensa que había un equilibrio entre ambos (mujer y hombre).
Es de lamentar, pero ese equilibrio sufrió una ruptura y con el tiempo la mujer fue considerada inferior. Esta supuesta inferioridad tuvo su más alto umbral en el régimen talibán.
No estoy escribiendo este artículo para desarrollar la historia de este sojuzgamiento y la batalla que dieron muchas mujeres. Sería algo extensísimo. Sí es mi intención hacer un homenaje con este recordatorio a una de esas mujeres que dieron batalla: Margaret Mead, mujer que estaba convencida de que su paso por este mundo tenía que ampliar el conocimiento que se tenía del mismo.
Nació en Filadelfia y después de sentir una gran inclinación por el arte, decide ingresar al Bernard College. Posteriormente profundiza en antropología en la Universidad de Columbia, donde obtiene el doctorado.
El amor por la poesía la une a un hombre, Luther Cressman, seminarista protestante que amaba esa rama del arte, pero ese matrimonio que se realizó a sus 22 años, caducó por las enormes diferencias personales.
Ya separada y con su licenciatura, parte a las islas Tau del grupo de Samoa, en Oceanía.
En esas islas encuentra menos represión sexual y mayor libertad en todos los sentidos. Corría el año 1925.
Estas investigaciones fueron hechas como estudiante de pre-grado y ha habido desacuerdos con sus ideas, pero su posición como antropóloga pionera permanece firme, Escribió de forma muy clara para que cualquier persona pudiera entender sus trabajos.
Enriquecida de experiencias, escribe “Adolescencia y cultura en Samoa”, en 1928.

MARGARET MEAD
Vuelve a Estados Unidos y trabaja de docente y se casa con Reo Fortune con quien publica, más adelante, “Educación y cultura en Guinea”.
Va viajando por Europa y más tarde realiza en su país un trabajo con los indios Omaha. Su naturaleza nómade y llena de entusiasmo la lleva a Nueva Guinea y se instala en las aldeas de los arapesh. Investiga sobre la influencia de los roles sexuales en la cultura, entre otras tantas cosas,
Uno de los libros que escribió y que es de suma importancia lo tituló “Sexo y temperamento en las sociedades primitivas”.
Tanto los caníbales como los cazadores de cabezas la ayudan para que ella siga investigando.
En sólo dos años da a conocer al mundolas costumbres y memorias de treinta culturas de la región.
Se separa de su esposo y en Inglaterra vuelve a casarse con George Bateson, antropólogo británico, con quien parte hacia Bali para permanecer allí tres años.
Regresa y tiene una hija, Mary Catherine; trabaja de docente y hace una vida muy activa. Recibe el título honorífico de “Doctora en Ciencias”, preside asociaciones, publica sus trabajos constantemente, dirige la Asociación Antropológica Americana, por nombrar algunas de sus actividades de enorme trascendencia.También tengamos en cuenta que obtuvo el premio “Medalla presidencial de la Libertad”.
Advierte en sus escritos que el modo de vida americano corre peligro; también la existencia de la humanidad amenazada por la fabricación de bombas, el ejercicio del poder, la incomunicación.
Margaret Mead fue una persona que combatió el racismo, lo que le dio muchos amigos y enemigos.
Siendo abuela, conoció algunos nietos y bisnietos de aquellos samoanos que le abrieron sus hogares.
Para sus últimos años, eligió como compañera íntima y profesional a RhodaMétraux, también antropóloga, con quien convivió desde 1955 hasta su muerte en 1978.
Falleció en Nueva York cuando le faltaba un mes para cumplir 77 años.
Margaret Mead es una mujer que dio impulso al mundo hacia adelante, hacia una evolución indiscutible.

Amalia Soto: Mil años de Genji Monogatari

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Mil años de Genji Monogatari

 La primera novela de la literatura japonesa, Genji Monogatari, y la figura de la madre muerta.

chino

De los pinceles que fueron caligrafiando de otro modo los ideogramas chinos con operaciones de estilización pictórica, al cabo de cuatro siglos (entre el v y el IX dC)  nació en lo que sería Japón el hiragana, escritura fonética también conocida como “suave” o “mano de mujer”. Los diarios, los poemas y el epistolario amoroso que compartían tanto los hombres como las damas de la Corte fueron el campo de experimentación de esta escritura de cuya gestación participaron las mujeres – tal como reconoce la etimología – y que también adoptaron los hombres. Una invención inédita en la historia de la escritura, escritura de mujeres que hizo que toda la literatura japonesa se califique como femenina.  Una sociedad que se reconocía por los perfumes de las ropas, por las capas de telas en las bocas de las mangas que asomaban tras los biombos bajos que ocultaban a las damas sentadas tras de ellos, un mundo que amaba las horas posteriores al atardecer para las conversaciones y la escritura. Y sobre todo las almohadas de madera para ocultar los papeles.

De ese mundo refinado y claustrofóbico nació una obra maestra de la narrativa, escrita en el siglo X por la cortesana Murasaki Shikibu: el Romance de Genji. Allí aparece la primera figura de madre novelesca, una dama de rango inferior que es la preferida del emperador y que expuesta a la envidia de las demás, cae enferma, víctima de ese “amor más cruel que la indiferencia” – según la traducción de Arthur Waley -, un prototipo literario que sigue alimentando la imaginación de los creadores. La madre abandona el palacio sola, dejando a su hijo, y temerosa de nuevas acechanzas. Esa misma noche muere en casa de su propia madre. Pasan los años y  llegan noticias al emperador sobre una muchacha de rara belleza, de quien dicen se asemeja mucho a la muerta. Por una serie de semejanzas con la desaparecida, el Emperador es inducido a desearla, y a su turno él insistirá, al hablar con el niño: “Es como tu madre, ámala”. Genji no recuerda a su madre, pero como tanto insisten en que es idéntica, se aficiona por ella. Un día, el emperador aconseja a su nueva joven consorte: “no seas ruda con él, se interesa por ti porque le han dicho que eres como su madre. No lo juzgues atrevido o precoz. Sé amable. Tanto te pareces a él en tu apariencia y en tus gestos que bien podrías ser su madre”. Así, a pesar de su corta edad, la efímera belleza tomó posesión de los pensamientos de Genji, quien forjó su predilección y lo que sería su obsesión eterna. Más tarde Genji violará a su madrastra, que concibe así a su hijo. La tercera amada en la misma línea de obsesión será Murasaki, sobrina de su madrastra, a quien Genji conocerá de niña cuando ella participa de una clase de caligrafía, y a quien esperará hasta hacerla su consorte.

La joven madre muerta y su complemento, la madrastra joven que borrará todo dolor, dos figuras de mujer fundantes, ejes de una estructura que se repite. Las emociones que despiertan reaparecen sin cesar a lo largo de la narrativa japonesa, disimuladas bajo muchas variantes de atracciones hacia figuras vinculadas por lazos familiares: la cuñada deseada porque recuerda a…, la hermana menor que muere jovencísima, la zorra metamorfoseada en mujer, la ogresa salvaje. Los relatos des Tanizaki, Kawabata, Shiga Naoya y el cine de Ozu y Mizoguchi, y cuántos más sucumbieron ante el misterio de la figura ausente e inolvidable.

En el último período de la era Heian, el momento del Genji, el concepto de utsushi (reflejo, proyección y transición) dominaba la visión de los asuntos humanos. La desesperación por la permanencia del amor se amparaba en la creencia de que el amor perdido podía revivirse en las imágenes de personalidades plurales. El estudioso Tetsuji Yamamoto vuelve a los planteos del estudioso Shinobu Orikuchi (1887-1953) sobre la problemática de la ilusión y la práctica en el “campo” de la mentalidad japonesa. Distingue dos mundos: uno, el de los espíritus vengativos (mononoke), otro, el mundo de irogonomi (la elección de enamorarse de una mujer noble, no lujuriosa). Sólo los más altos aristócratas, poseedores de majestad real, podían disfrutar de una libertad innata. Probar los límites de lo humano siempre dentro de la senda de irogonomi que se inicia con el amor por una madre. Y en este capítulo que Damiselas en apuros rescata, una noche de pasión de este don Juan del siglo X.

 

Fragmentos de La historia de Genji

En 1977, las editoriales Arca de Montevideo y Galerna de Buenos Aires publicaron una pequeña muestra de la monumental obra de Murasaki Shibuku, La historia de Genji, con traducción del inglés y prólogo de Manuel Tabares. Un fragmento seleccionado por D. Keene para su Anthology of Japanese Literature, “un prodigio de fidelidad y recreación”, según Tabares. A continuación, una parte de ese fragmento, titulado La fugitiva de Chujo.

Era otoño. Genji había tenido tantas complicaciones en su vida que había sido durante algún tiempo muy irregular en sus visitas al Gran Palacio y había caído en desgracia. La señora Rokujo, la de la gran mansión, era muy difícil y había superado tantos obstáculos mientras la cortejaba, que renunciar a ella en el momento en que la había conquistado, parecía absurdo. Aunque no podía negar que la pasión ciega y embriagadora que lo había poseído mientras ella era aún inaccesible casi había desaparecido. Por lo pronto, ella era demasiado susceptible y además estaba la diferencia de edad y todavía a eso se agregaba el terror a ser descubierto que lo asaltaba en el momento de las penosas partidas a las primeras horas de la mañana. En realidad, eran demasiadas desventajas.

Era una mañana en que la neblina se posaba pesadamente sobre el jardín. Después de despertarse varias veces, Genji terminó por salir de la habitación de Rokujo somnoliento y malhumorado. Una de las doncellas levantó parte de los postigos plegadizos como invitando a su señora a contemplar la partida del príncipe. Rokujo abrió las cortinas del lecho y echando su pelo hacia la espalda, contempló el jardín. Crecían tantas hermosas flores en los arriates que Genji se detuvo un instante para disfrutarlas. Qué bello luce allí parado, pensó ella. Cuando él estuvo cerca del pórtico, la doncella que había abierto los postigos se acercó y caminó a su lado. Usaba una falda de un verde pálido que armonizaba exquisitamente con la estación y el lugar, y cuya caída parecía favorecer la gracia y la flexibilidad de su andar. Genji se volvió hacia ella. “Sentémonos un momento sobre la baranda en este rincón”, le dijo. Parece muy tímida, pensó, pero con qué encanto cae el pelo sobre sus hombros. Y le recitó un poema: “Aunque no pensaba pasearme despreocupadamente de flor en flor, arrancaría gustosamente este convólvulo matutino”. Al decir estas palabras tocó la mano de la muchacha y ella contestó con destreza y facilidad: “Os apresuráis, veo, a admirar las flores matutinas mientras todavía la neblina las cubre”, desviando de este modo, mediante un verso que podía entenderse en un sentido personal o general, la  galantería que él le había dedicado. En ese momento un paje muy elegante, con los más encantadores pantalones follados, llegó hasta las flores y levantó el rocío a medida que caminaba y empezó a recoger un manojo de convólvulos. Genji anheló pintar la escena.

Nadie podía ver a Genji sin que le produjera placer. Era como el árbol floreciente bajo cuya sombra hasta el rústico campesino descansa con deleite. Y tan grande era la fascinación que producía, que los que le conocían ansiaban ofrecerle que les era más querido. Uno, que tenía una hija favorita, no aspiraba a nada mejor que hacerla entrar a su servicio. Otro, que tenía una hermana deliciosa, estaba dispuesto a  que ella sirviese en su casa aunque fuese en las  tareas domésticas más humildes. Y aquellas jóvenes que tenían en algunas ocasiones el privilegio de conversar con él y contemplarlo cuanto quisieran y que además eran sumamente sensibles, ¿cómo podían no deleitarse en su compañía y cómo no dejarían de notar con desasosiego que sus visitas se volvían menos frecuentes que antes?

(…)

Ella pensaba con gusto que la luna poniente los iluminaría en su camino, y Genji está precisamente diciendo eso, cuando de pronto la luna desapareció detrás de un cúmulo de nubes. Pero el cielo del amanecer era igualmente de una gran belleza. Ansioso de partir antes de que fuese completamente de día, él la urgió a montar en el coche y ubicó a Ukon con ella.

Se dirigieron hacia una casa deshabitada que no estaba lejos. Mientras esperaba que el mayordomo apareciese, Genji observó que los portones estaban cayéndose a pedazos y la hierba llamada shinobu crecía espesamente a su alrededor. Nunca había visto una entrada tan sombría. Había una neblina densa y el rocío era tan abundante que cuando levantó la cortinilla del carruaje su manga quedó empapada. “Jamás me había sucedido una aventura como esta”, dijo Genji, “de modo que como imaginarás estoy algo conmovido”. Y compuso un poema en el que decía que aunque la insensatez amorosa existe desde los inicios del mundo, nunca había iniciado una jornada de un modo más imprudente en una tierra desconocida. “Pero para ti, ¿no es una gran novedad?”. Ella se ruborizó y  dijo a su vez un poema: “Soy como la luna que recorre el cielo sin saber qué amenazas le tienen reservadas las crueles montañas; por más que se deslice en lo alto su luz puede ser repentinamente oscurecida”.

 

Reproducido de Damiselas en apuros http://damiselasenapuros.blogspot.com.ar

Beatríz Broide: Las amazonas: Mito, historia y realidad

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Las amazonas constituyen el primer y más persistente mito de mujeres en LIBERTAD. Eran guerreras porque querían obtener territorios donde instalarse, para vivir en comunidades gobernadas por ellas mismas. Eran poderosas porque manejaban armas. Y tener armas era y es, ayer como hoy, tener poder.
Mujeres luchadoras, sin una familia tradicional, poseedoras de caballos y de armas, han inquietado y fascinado desde siempre al mundo entero quedando perpetuadas en narraciones y leyendas de un universo vastísimo.
Para asegurar su descendencia, se reunían con varones en determinadas épocas del año. Si daban a luz hijos varones, los devolvían a sus padres; mientras que si eran hijas , las conservaban con ellas para encargarse de su educación.
Existen diversas versiones referidas al período en que se hacían cargo de los varoncitos. En general hay coincidencias: era sólo mientras los amamantaban, apenas unos pocos meses.
Pero hay otras versiones que parecen trascender las leyendas: los cuidaban hasta que tenían ocho o diez años y eran atendidos por las mujeres mayores . Ese largo hospedaje tenía por finalidad una mejor identificación para evitar el incesto y la consanguinidad; para que los hijos no retornasen algún día y tuvieran relaciones con sus hermanas, primas o parientas cercanas.
Asimismo, hay interesantes relatos sobre el momento del alumbramiento entre las amazonas. Tenía lugar de una manera muy sencilla. Al sentir los primeros avisos, la mujer se retiraba a un lugar apartado y allí, sin testigos,
daba a luz a su vástago. Apenas un par de horas después. se la podía ver caminando tranquilamente en dirección al río, llevando envuelto a su retoño en hojas silvestres para higienizarlo prolijamente , después de haber hecho lo mismo consigo misma.

Existe una abundante literatura y descubrimientos arqueológicos que revelan la efectiva existencia de estas excepcionales mujeres guerreras .Y es obvio que por su organización y modo de vida matrilineal, la historiografía se haya resistido y se resista aún a aceptarlas como realidad histórica.
Las más antigüas representaciones de las Amazonas aparecen en terracota y datan del siglo VII a.C. En general, se las muestra como mujeres bien constituidas, elegantes, usando una media túnica ajustada a la cintura, con un seno al descubierto y el otro apenas sugerido por debajo de vestidos ligeros . En la mano tienen el arco y a la espalda la aljaba donde transportaban las flechas.
Sabemos que muchos de los mitos referidos a las mujeres suelen ser perversos, maliciosos y hasta morbosos. El más difundido de ellos sobre las Amazonas da cuenta de una ablación deliberada , cauterizando o cortando el seno derecho de las púberes para facilitar el mejor uso del arco, las flechas y las lanzas.
Este mito, que cuanto menos podríamos calificar de fantaseoso, dado que ninguna mujer mutilaría adrede un órgano tan delicado y erótico, tampoco encontró eco en las mas antigüas representaciones de las Amazonas: desde las piezas de terracota o en los jarros griegos, ni existen indicios en las diversas obras de arte.
El cuestionado historiador, explorador y cartógrafo francés André Trevet, que escribió sobre las Amazonas de Brasil a mediados del siglo XVI se negó a aceptar como verdadera tan deleznable práctica.
Hasta nuestros días, mitógrafos, exploradores, geógrafos, historiadores, antropólogos, conquistadores y científicos han procurado indagar sobre las mujeres guerreras en Europa. África, Asia y América. Y mucho se ha escrito sobre ellas con la intención de develar este enigma que ha preocupado a la humanidad durante más de veinticinco siglos.
Herodoto aborda el tema de las Amazonas en sus Nueve Libros de la Historia y, por su parte, Plutarco las menciona en sus Vida Paralelas-También Virgilio hace referencia a ellas en su gran poema épico La Eneida.
Según los especialistas , el mito de las Amazonas se encuentra en todos los continentes, excepto Oceanía. Se las tiene por indudables en China, en “las islas misteriosas”, en relatos de navegantes árabes de los siglos XI a XIII, en el folklore de Escandinavia, de Rusia, de Bohemia, de África y de las Indias.
Cristóbal Colon, regresando de su primer viaje sufrió, al arribar a una de las islas del Caribe, una recepción decididamente hostil por parte de una tribu guerrera. Sobre este inesperado encuentro escribió :” es una isla donde no hay hombres. Estas mujeres no se ocupan de ninguna actividad femenina , sólo ejecutan ejercicios con el arco y las flechas fabricados con cañas y se cubren con láminas de cobre que poseen en abundancia.”
Por su parte, Hernán Cortés , cuando exploraba la costa occidental de México relató, en carta dirigida al Emperador Carlos V, haber tenido diversas referencias que aseguraban la existencia de islas pobladas exclusivamente por mujeres. También Diego de Almagro, que participó en la conquista de Perú, dijo haber oído en aquella zona innumerables relatos según los cuales había una extensa región dominada por mujeres.
Es probable que el mayor río de América del Sur haya sido parcialmente navegado por portugueses a comienzos del siglo XVI , y lo llamaron “ mar dulce”.
El posterior testimonio del español Francisco de Orellana es tan fuerte y descriptivo que no deja lugar a dudas sobre su encuentro con las mujeres guerreras: “ mujeres con arcos y flechas, muy blancas y altas, con el pelo largo entrelazado y enrollado en la cabeza”.Orellana, como muchos de los navegantes de su tiempo, había leído a los clásicos y creía en sus mitos. Por tanto, ¿que mejor nombre podía darse a ese majestuoso río? Y lo bautizó Río de las Amazonas. Cada siglo va señalando nuevas referencias y datos, algunos vagos, otros más precisos , sobre la ya irrefutable existencia de las Amazonas.

La larga Edad Media también escogió a las Amazonas como tema. Para muchos pintores ellas fueron pretexto para mostrar su talento, dibujando y pintando cuerpos femeninos, que de otro modo no hubieran permitido los
cánones de la época. En el Renacimiento, el tema fue tomado con otra intención y sabiduría. Y son muchos los escultores y poetas que las han inmortalizado.
En Orlando Furioso, de Ariosto, se menciona un país de mujeres guerreras. La épica describe que se congregaron para formar un país en el que los hombres fueron severamente reducidos a fin de evitar que retomaran el poder.
Y las Amazonas llegan a nuestros días dando siempre origen a nuevas interpretaciones a la par que algunos estudiosos han comenzado a rescatarlas con seriedad. Así, por ejemplo, el conocido antropólogo brasileño Darci Ribeiro afirmó: “Un pueblo – mujer contando sólo con ellas, sin hombres propios, sirviéndose de extranjeros como reproductores es plausible y hasta viable. Un pueblo sólo de machos es una utopía salvaje”.

Quizás no exista mayor desprecio que la discriminación y la exclusión y esto es precisamente lo ocurrido con las mujeres guerreras de la Antigüedad: la sociedad patriarcal las borró del mapa, de los libros de historia e incluso trataron de borrarlas de la memoria colectiva.
Aunque el hecho histórico de la existencia de las Amazonas es cada vez más evidente, resulta indudable que casi todo lo escrito es aún una combinación de hechos, mitologías y fantasías masculinas. Porque la cruzada por mitificar la real existencia de las Amazonas por parte del patriarcado ha contribuido a rodear a estas mujeres, que representan un aspecto de todas nosotras, de un halo de misterio que las dota, si cabe, de mayor poder y simbolismo.
Pero los hallazgos arqueológicos están ahí y las representaciones artísticas también. El clamor por reivindicarlas ya se convirtió en grito: desenterrar la verdad sobre estas valerosas e independientes mujeres capaces de fundar estados enteros, de subsistir sin un gobierno masculino y con potestad para
dirigir su propio destino. Un arquetipo de mujer muy mal visto que puede hacer tambalear los cimientos de nuestra civilización. ¡¡¡Pues que tambaleen!!!
Las nuevas amazonas están despertando de su ensoñación tratando de escapar de las mazmorras de la misoginia para ocupar los puestos que les corresponden y ya no permanecen en la retaguardia.
La amazona mítica ha cambiado su imagen y su función de acuerdo a las necesidades de los tiempos.Y también ha cambiado el sentido y el contenido de las batallas por las que lucha desplegando nuevas y audaces estrategias que buscan cuestionar profundamente el órden establecido para lograr desarticularlo y subvertirlo.
Que la palabra, el discurso, la investigación y la creatividad sean nuestras hachas , arcos y flechas.

SUSANA CATTANEO Alicia D´Amico, ejemplo de tenacidad y fortaleza en el ámbito de la fotografía.

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Son muchas las mujeres, que para hacer justicia, deberían ser nombradas por sus actividades en la sociedad.

Tal vez el varón, con un exacerbado narcisismo, temió una posible superioridad de la mujer que lo llevó a poner un manto oscuro sobre ella para negarla. El poder masculino, a través de siglos, no fue cuestionado por ninguna persona.

Desde la prehistoria se consideró inferior a la mujer, baste con el típico dibujo tan actual aún del cavernícola con un garrote en una mano y con la otra arrastrando a su compañera por los cabellos.

En el Imperio Romano, la mujer no tenía existencia legal; el padre de familia era el dueño incuestionable de ella y sus hijos.

Sabemos de la caza de brujas en la Edad Media, que se energizó dado que en esta etapa surgieron mujeres que se destacaron por varias actividades. El fuego hizo crepitar los leños en las hogueras públicas por este motivo. “Esas” sólo eran herejes y blasfemas.

La primera y la segunda guerra mundial consolidaron puestos de trabajo para el sexo femenino, ya que los varones estaban en el ejército.

Se ha logrado cambios. Hoy la mujer ocupa lugares antes sólo reservados a los hombres; están en el gobierno, en el ejército, en las universidades, en la policía, en empresas. Sin embargo, todavía falta recorrer un extenso camino.

Es mi intención, en este breve escrito, destacar la figura de una mujer argentina, nacida en Buenos Aires, cuya vocación la llevó por el sendero luminoso del arte: las artes visuales primero y posteriormente- y aquí fue donde puso más su empeño-, la fotografía. Hablo de Alicia D´Amico, de quien por la época en que yo realizaba mis estudios universitarios y aún después, se hablaba como un referente de la fotografía en nuestro país.

Nació el 6 de octubre de 1933 y a los veinte años egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes como profesora de dibujo y pintura. Dos años después va a París, donde se queda doce meses debido a una beca otorgada por el gobierno francés. Allí fotografía a Borges.

Su padre, Luis D´Amico, le ofrece su estudio para estudiar fotografía, de manera que a partir de 1957 comienza con lo que más amaba profesionalmente. Tres años después, pone su propio lugar, asociándose a Sara Facio, asociación que dura hasta 1986. En ese lapso, desde 1973 a 1986 integra la editorial La Azotea, de la cual es cofundadora. También lo fue del Consejo Argentino de Fotografía y del Consejo Latinoamericano de Fotografía.

Fue una mujer muy activa, participando en talleres, ponencias y textos para catálogos. Colaboró con La Nación y La Prensa y realizó actividades en varios países como Suiza, Italia y Méjico. En este último estuvo en el evento “Hecho en Latinoamérica” en 1978 y un año después participó en “Les Recontres Internationales de la Photographie de Arles”, en Francia.

Hizo exposiciones colectivas e individuales. De estas, las últimas en el exterior, fueron en Gallery Tzukada, Tokio, en San Pablo y en Milán.

España, USA y Alemania también la conocieron.

A partir de 1982 tuvo muy en cuenta el rol de la mujer dentro de la fotografía como autora y como modelo.

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(Foto de Wald Fulgenzi)

Se considera que “Lugar de mujer” es la primera casa feminista en Argentina. Alicia fue cofundadora en 1983 y en este año participó del  “2º  Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe”, en Lima.

Esta gran fotógrafa nuestra, también editó varios libros, entre ellos “Sara Facio y Alicia D´Amico” en 1985 y “Podría ser yo” en 1987 entre otros. Estos fueron los dos últimos, pero no puedo dejar de nombrar también “Humanario”, en 1976. En él se complementan la fotografía y la literatura. Aquí el texto de Julio Cortázar acompaña imágenes que muestran el lamentable estado de los hospitales psiquiátricos. Las fotos fueron tomadas por ella y Sara Facio en 1966. Este libro iba a entrar a imprenta el 26 de marzo de 1976, dos días después del golpe militar en Argentina. La obra fue censurada y tuvo que esperar una década más para salir a la luz.

Alicia D´Amico, mujer digna de destacar, que prefería la fotografía en blanco y negro y que obtuvo muchos premios, nos dejó físicamente el 2 de agosto del 2001.

He querido hacerle un homenaje con este recordatorio, por su dedicación y valentía. Y también quiero reiterar que hay una enorme cantidad de mujeres que han sido injustamente olvidadas tras el manto del tiempo. Pero entramos en una Era donde no faltará nunca quien las reivindique como merecen.

EDUARDA MANSILLA

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Hija del general Lucio Mansilla y de Agustina Rosas, Eduarda nació en Buenos Aires el 11 de diciembre de 1834. Su crianza se desarrolló en el entorno de Juan Manuel de Rosas, un ambiente de alto perfil tanto en lo económico como en lo cultural. Casada con el diplomático Manuel Rafael García. Partió rumbo a Estados Unidos primero y a Europa después.

Al igual que su hermano Lucio Victorino, siempre se sintió atraída por las manifestaciones artísticas, en especial las letras. En cumplimiento de su vocación publicó una novela que la convirtió en pionera en el género: El médico de San Luis. No eran tiempos para que una mujer se atreviera a firmar una obra literaria, de modo que se ocultó tras el seudónimo de Daniel, el nombre de su primer hijo. Asimismo fue este seudónimo el que utilizó para firmar Lucía Miranda, su otra novela basada en un episodio real de ta época de la Conquista-

Durante su estadía en París escribió en francés Pablo ou la vie dans les pampas, publicada inicialmente como folletín y luego en forma de libro. Más tarde fue traducida al inglés, al alemán y al castellano, estando siempre acompañada de las mejores críticas, entre otras la de Victor Hugo quien aseguró: “”Su libro me ha cautivado. Yo le debo horas cautivantes y buenas. Usted me ha mostrado un mundo desconocido. Escribe una excelente lengua francesa, y resulta de profundo interés ver su pensamiento americano traducirse en nuestro lenguaje europeo.”

Recuerdos de viajes, Creaciones, El ramito de romero, Dos cuerpos em un alma son otras de sus producciones que se completan con su incursión en la literatura infantil con Cientos, relatos para niños que la convirtieron también en pionera de este campo.

Eduarda se sintió también atraída `por el periodismo, colaborando con El Alba, La Gaceta Musical y El Plata Ilustrado. En este periódico, con el seudónimo de Alvar publicó, entre 1871 y 1872 publicó diversas crónicas  que le valieron numerosos elogios. Tampoco el teatro le fue ajeno: en 1883 estrenó La marquesa de Altamira, que luego se tradujo al italiano.

Ya viuda, regresó a Buenos Aires, donde su casa se convirtió en un centro de reunión de los intelectuales más destacados de la época-

Falleció en 1893 en la misma ciudad que la vio nacer

Raquel Camaña

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raquelRaquel Camaña nació en Buenos Aires en 1883, el mismo año en que llegaba Mary Olstine Graham, una de las cuarenta y una educadoras traídas al país por Sarmiento.

Miss Mary ejercía como profesora en la Escuela Normal de La Plata, donde estudió la joven Raquel, trabando una fuerte amistad con su mentora. Luego Raquel se diplomó en la Escuela Normal de Lenguas Vivas de Buenos Aires, asistiendo luego a cursos de lógica. Dictados por Nicolás Matienzo y de psicología por José Ingenieros.

Preocupada por los derechos de la mujer, participó activamente, en 1907 del Primer Congreso Femenino del Comité Pro Sufragio Femenino.

En 1910. junto a Miss Mary. concurrió al Congreso de Higiene Escolar celebrado en París, donde presentó planes de trabajo que llamaron tanto la atención por la modernidad y valentía de sus enfoques que no sólo la elogiaron sino que llegaron a decir que ninguna otra mujer sentía más como mujer que Raquel Camaña.

Su actuación le valió asimismo ser invitada a Bélgica al Congreso de Pedagogía e Higiene y a Madrid, donde brindó una serie de conferencias en el Ateneo

En 1910 presentó también su tesis, titulada “La cuestión sexual”, que fue recibida con unánime aprobación y la recomendación por parte de la Sociedad de Higiene Pública  de que fuera incluida de la educación sexual en las currícula académicas.: Ese mismo año se postuló para la cátedra de Ciencias de la Educación Al ser rechazada su postulación a la cátedra de Ciencias de la Educación, escribió un artículo que tituló “El prejuicio social y el profesorado en la Facultad de Filosofía y Letras.

La protección a la infancia y a los desvalidos fueron ejes fundamentales de su pensamiento, por lo cual dirigió duras críticas al modelo de educación vigente. Camaña  decía:  “La escuela actual, desde el Jardín de Infantes hasta la Universidad, en nuestra Argentina y en el resto del mundo, no educa para la vida: enseña a leer, escribir y contar: hace funcionarios públicos, maestros, abogados, médicos, ingenieros, pero no se preocupa de formar al hombre-“

Esta notable pedagoga, pensadora y docente murió a la temprana edad de 32 años, en 1915. Poco después, en la colección “La cultura argentina” dirigida por José Ingenieros, se editaron dos de sus obras: Pedagogía social y El dilettantismo sentimental cuyos conceptos básicos siguen teniendo plena vigencia.