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BEATRIZ BROIDE. Las piratas

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MARY READ Y ANNE BONNEY, cuyas fechorías fueron recordadas con escalofríos por los navegantes que se aproximaban a Jamaica, son dos mujeres que se lanzaron al ruedo de la piratería hacia finales del gran siglo de los corsarios ingleses. El español Francisco Serra llego a decir que si estas mujeres tuvieron la plata quebrada, no fue para quedarse en casa, sino para calzarse una pata de palo…

Charles Johnson, el ilustre escritor y marino norteamericano, abrigaba ciertos temores acerca de la opinión de sus lectores cuando dio a conocer la historia, hace ya más de doscientos años…

Pero la verosimilitud de los datos parece estar fehacientemente comprobada, no solo por testigos, por el fallo del Tribunal que las condeno a muerte, sino también por las investigaciones de algunos especialistas en el tema de la piratería, como el ingles Phillip Gose en su popular obra “Historia de la Piratería”, y la italiana Ángeles Massino, que escribió “Piratas y Filibusteros”.

MARY READ había nacido en Londres hacia el año 1690.Su madre, que no se distinguía por sus virtudes precisamente, había contraído matrimonio con un oficial de la Marina que estaba al servicio de la Compañía de las Indias Orientales.

Sea porque se arrepienta de su enlace o por otros motivos que se desconocen, lo cierto es que el marino se hizo a la mar abandonando la vida conyugal y el niño recién nacido de ambas cónyuges.

Es de suponer que la señora no lamentase mucho la ausencia de su esposo porque al año siguiente dio a luz nuevamente.

Pero esta vez una hermosa y robusta niña, “ligereza” que logro ocultar a los ojos avizores de su suegra quien le pasaba una pensión mensual para su sustento y el de su nieto.

Como el niño era enclenque y enfermizo, murió antes de cumplir dos años.

Ocultando lo ocurrido a su suegra, que la visitaba muy de tanto en tanto, fácil le fue reemplazarlo por la niña, situación que nunca pudo ser descubierta dado que desde entonces Mary Read siempre uso la indumentaria de varón.

Así fue como inicio la vida extravagante de la muchacha en todas sus andanzas. Cuando cumplió trece años, la madre le explico los motivos de su determinación: “El mundo no debe saber que eres mujer. Tarde o temprano te convencerás que las mujeres somos siempre victimas del egoísmo de los hombres. Mientras puedas pasar por hombre serás feliz, nadie te molestara y el mundo será tuyo.”

Ante estas palabras, no emitimos ningún juicio valorativo, pero obviamente todos los interrogantes quedan abiertos.

Mary acepto los consejos de su madre sin dudarlo ni un instante y algún tiempo después entro a trabajar de pinche de cocina de una taberna de nota donde todos le consideraban como un muchacho de su edad por sus maneras afables y buena disposición. Luego cambio de ocupación y posteriormente, y sin pensarlo mucho, contando apenas 16 años, se alisto como grumete en un barco de guerra.

Pero la vida a bordo de los navíos de Su Graciosa Majestad era bastante dura para aquellos tiempos, y aprovecho la primera oportunidad para desertar, no sin haber aprendido algo del oficio de marinero.

No paró hasta llegar a Flandes, donde logro ingresar como cadete en una Compañía de Infantería perteneciente al Ejército que luchaba contra las tropas de Luis XIV, rey de Francia.

Mary, indiscutiblemente, era una persona decidida y tan valiente que supo luchar con igual ardor que los soldados veteranos. Pero pronto se dio cuenta que su brío en el combate, allí no le serbia para ascender. A los puestos de oficiales no se ascendía por meritos y ni siquiera por escalfon, sino exclusivamente por influencias o por dinero. De modo que viendo sus escasas posibilidades de éxito, solicito su baja que, por cierto, tardo mucho en conseguir.

No se sentía cómoda en Flandes, pero tampoco quiso regresar a su país nativo, Inglaterra.

Comenzó a buscar trabajo para subvenir a sus necesidades más perentorias, pero el divino Cupido le jugó una mala pasada.

Tropezó con un joven militar que regresaba de la guerra y se enamoro de él: haciendo una vez más alarde su audacia, se despojo de su indumentaria masculino y a la vista de todo el mundo volvió a ser mujer.

Aprovecho todas las oportunidades para mostrar en público se belleza hasta que conquisto al apuesto soldado con lo cual no tardaría en casarse. Pero el matrimonio no duro mucho, pues a los meses de casados murió el marido.

Al verse sola otra vez resolvió de nuevo vestirse de hombre y se alisto en el ejercito de las Provincias Unidas, pero al cabo de unos pocos meses, no pudiendo adaptarse a la gran disciplina de aquella unidad móvil, deserto de sus filas, enrolándose como marinero a bordo de un barco holandés que partía para las Indias Occidentales del Océano.

Pero el caso es que el buque nunca arribo a si destino, porque hallándose en las cercanías del Archipiélago de las Bermudas, fue saqueado e incendiado por un grupo de piratas ingleses.

Los marineros holandeses no sufrieron vejámenes: sanos y salvos se los desembarco en una isla desierta, excepto Mary Read, quien entusiasmada por la aparente rudeza de aquellos bandidos opto por sumarse a ellos.

Aquel era el ambiente que, en realidad, le parecía haber soñado siempre. Allí no había soldados, ni tampoco penosas marchas a pie de varios kilómetros para adiestrar y endurecer a la gente. Entre piratas sentía en su verdadero elemento: sabía manejar las armas con destreza, cualesquiera que ellas fueran, y siempre figuraba entre los primeros en el momento de saltar al abordaje.
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La práctica adquirida en el ejército, con sus cargas a la bayoneta, le resultaba muy útil ahora y sus nuevos compañeros, los piratas, comenzaban a tratarla con creciente respeto, a pesar de su aspecto juvenil y afeminado que debió de llamar la atención de aquella gente patibularia.

Pero aquella vida fuera de la ley no pudo durar mucho. En efecto, en 1717, el capitán de su barco, al igual que otros varios jefes piratas de Nueva Inglaterra, aceptaron la armamentística proclamada por el comisionado real, Wooder Roger, y, en consecuencia, la vida de aventuras parecía terminada para Mary Read, que se quedo en las Bahamas hasta que se encontró sin fondos ni medios para vivir.

Cuando se entero que el capitán Woodes Rogers estaba armado un buque corsario para dar caza a los piratas que habían desatendido su llamado de clemencia, se traslado rápidamente a Nueva Providencia para participar en la expedición. Se la acepto sin mayores tramites, y algunas semanas después, Mary Read se hizo a la mar nuevamente, pero esta vez al servicio del Gobierno de Inglaterra El barco caza piratas se llamaba “Griffin”, y no solamente era muy veloz sino que contaba con 16 cañones y estaba muy bien pertrechado. Sin embargo, fallaba lo principal: la tripulación compuesta en su totalidad, como es lógico suponer, por piratas recogidos de la amnistía, que aprovecharon la primera oportunidad para apoderarse del barco.

Se produjo un motín a bordo que termino con el triunfo de los sublevados (a los que Mary Read se había sumado desde el primer momento) y cuyo jefe, Jack Rackman, asumio el mando del buque, después de haber abandonado el un bote abierto a mereced de las olas.

Inmediatamente fue izada la bandera de la calavera y las tibias entrecruzadas al pico del palo mayor, y Mary Read pudo tener de nuevo la satifaccion de gozar de aquella vida extraña y fuera de la ley que tanto ansiaba.

Con todo, si se hallaba persuadida de ser la unica mujer a bordo, se equivocaba completamente.

Por supuesto, ni por asomo podia imaginar que el joven y apuesto de Jack Rackman no era un hombre sino una mujer, llamada Anne Bonney otra mujer pirata tan audaz como ella misma y que el azar había reunido a ambas en el mismo buque.

ANNE BONNEY era la hija unica de un rico propietario de Carolina del Norte, mimada ilimitadamente por sus padres. Tras haber asesinado un día a su institutriz por fútiles motivos de un desengaño amoroso, comenzó a frecuentar los bajos fondos de los barrios portuarios de la ciudad donde veraneaban. Hasta que a sus escasos 16 años, se unió a un marinero de un barco pirata, abandonándole por un tiempo más tarde al enterarse que su “amigo” se había convertido en confidente de las autoridades.

Fue entonces cuando Anne Bonney conoció a Jack Rackman y se enamoro perdidamente de él. Para ella encarnaba la masculinidad en toda su ponderación: era el macho por excelencia; y por ende, la más perfecta brutalidad.

Incapaz de renunciar a su frenético amor, y con el objeto de estar siempre junto a él, decidió vestirse como un hombre y alistarse en el navío de Jack. Solo el sabia de su verdadera identidad, y para disfrazar y disimular sus continuas entrevistas a bordo, lo nombro de inmediato su lugarteniente.

Todo se desarrollo sin problemas hasta que quedo embarazada de su primer hijo. Con la finalidad de ocultarlo a la tripulación, Rackman invento un invento un intento de rebeldía y, para castigarla, la tuvo encerrada en su camarote noche y día hasta el momento del alumbramiento, dejándola en un hospital y aclarando a su gente que se encontraba muy enferma.

Nacido felizmente un niño, su madre lo dejo al cuidado de un ama de cría y, vistiendo de nuevo su indumentaria de costumbre, volvió a ocupar su puesto a bordo.

Pero ahora ella no era la misma. Por encima de todo se sentía madre, por lo que dejo de atraerle las ansias de aquel “bruto” y deseaba, ardientemente ,encontrar por compañero un hombre bueno y capaz de defenderla, e haber sido necesario, de aquellos “salvajes…”

Y, en efecto; creyó encontrarlo en la persona de un joven marino de la misma tripulación en el que presentía buenos sentimientos, si no se engañaba…

Se enamoro de él y un día lo cito en su camarote, pero este no acudió a la cita.

Ante la insistencia de Anne, el joven marino no tuvo más remedio que confesarle la imposibilidad de poder complacerla, porque, en realidad, el era otra mujer, y también como ella ansiaba y tenia ocultos, cautelosos, amores con el sexo contrario.

Terminando este “tierno” relato de piratas, cabe señalar que el mes de octubre de 1720, un navío bien artillado, enviado por el gobernador de Jamaica, ataco a Rackman quien no pudo ofrecer resistencia porque su tripulación estaba bebida y solo las dos mujeres se aprestaban al combate.

Encarcelados Jack y toda su tripulación fueron objeto de un ruidoso proceso del que se hablo por doquier y del cual Rackman y su lugarteniente Anne resultaron condenados a la horca y colgados ambos del palo mayor de su propio buque.

En cuanto a Mary Read, fue indultada provisoriamente de la misma pena, por hallarse en un muy avanzado estado de gestación, falleciendo a los dos meses como consecuencia de un mal complicado parto.

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