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EDUARDA MANSILLA

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Hija del general Lucio Mansilla y de Agustina Rosas, Eduarda nació en Buenos Aires el 11 de diciembre de 1834. Su crianza se desarrolló en el entorno de Juan Manuel de Rosas, un ambiente de alto perfil tanto en lo económico como en lo cultural. Casada con el diplomático Manuel Rafael García. Partió rumbo a Estados Unidos primero y a Europa después.

Al igual que su hermano Lucio Victorino, siempre se sintió atraída por las manifestaciones artísticas, en especial las letras. En cumplimiento de su vocación publicó una novela que la convirtió en pionera en el género: El médico de San Luis. No eran tiempos para que una mujer se atreviera a firmar una obra literaria, de modo que se ocultó tras el seudónimo de Daniel, el nombre de su primer hijo. Asimismo fue este seudónimo el que utilizó para firmar Lucía Miranda, su otra novela basada en un episodio real de ta época de la Conquista-

Durante su estadía en París escribió en francés Pablo ou la vie dans les pampas, publicada inicialmente como folletín y luego en forma de libro. Más tarde fue traducida al inglés, al alemán y al castellano, estando siempre acompañada de las mejores críticas, entre otras la de Victor Hugo quien aseguró: “”Su libro me ha cautivado. Yo le debo horas cautivantes y buenas. Usted me ha mostrado un mundo desconocido. Escribe una excelente lengua francesa, y resulta de profundo interés ver su pensamiento americano traducirse en nuestro lenguaje europeo.”

Recuerdos de viajes, Creaciones, El ramito de romero, Dos cuerpos em un alma son otras de sus producciones que se completan con su incursión en la literatura infantil con Cientos, relatos para niños que la convirtieron también en pionera de este campo.

Eduarda se sintió también atraída `por el periodismo, colaborando con El Alba, La Gaceta Musical y El Plata Ilustrado. En este periódico, con el seudónimo de Alvar publicó, entre 1871 y 1872 publicó diversas crónicas  que le valieron numerosos elogios. Tampoco el teatro le fue ajeno: en 1883 estrenó La marquesa de Altamira, que luego se tradujo al italiano.

Ya viuda, regresó a Buenos Aires, donde su casa se convirtió en un centro de reunión de los intelectuales más destacados de la época-

Falleció en 1893 en la misma ciudad que la vio nacer