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BEATRIZ BROIDE El cuerpo enajenado

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¿Donde empieza  y donde termina la enajenación del cuerpo  en el terreno de lo cotidiano?  ¿Hasta donde llega la intervención del aparato social en la disposición del cuerpo? ¿En qué medida ese cuerpo que pretendemos nuestro  está dominado y condicionado  por normas y códigos  socio – culturales que  hacen que casi no nos pertenezca?…

Parecería ser que se trata de un cuerpo que oscila entre lo reprimido (negado en cuanto tal en su propia existencia) y un cuerpo de simulación,  escenificado y desvirtuado.

Las actividades aparentemente más inocentes, las conductas supuestamente  más inocuas están permanentemente penetradas por la ley social y conducen, por lo tanto, a la enajenación en sus formas más visibles (la vestimenta, las modas)  o a las más solapadas  (el deporte, la publicidad, el ocio, la educación formal, la ciencia, las iglesias): en términos generales todo un estilo de vida.

 

Durante siglos nos han enseñado que nuestros cuerpos son siempre cuerpos “delincuentes”  El único cuerpo lícito se muestra como representante del poder: el del gran  espectáculo.  Es un cuerpo enajenado y alienado;  es la desposesión social  a través de lo imaginario  que produce un catálogo de representaciones del cuerpo, interponiéndose entre nosotros e imposibilitando  un auténtico discurso del deseo  en una sociedad  que todo lo concibe  como valor de intercambio.

Apenas exteriorizado y socialmente significado, el deseo es rápidamente integrado en el mecanismo de consumo masivo.

Frente a esta desposesión, tanto moral como física ¿qué lenguaje le queda al cuerpo para la expresión de su deseo? ¿Podría ser la fantasía una manera de salir de este atolladero? ¿Y cómo funcionaría la fantasía  con el nivel de la realidad?

Es obvio que cualquier “excentricidad”  es considerada como un atentado a la ley, es decir. a la práctica dominante impuesta como norma. Toda “desviación”  aparece como una  disidencia: quien se aparta del código dominante  se pone al margen de la ley y de la sociedad en general.

Sin embargo, las “infracciones” a los códigos no pueden ser interpretadas de una manera automática: siempre intervienen los mecanismos de una mediación social  y muy pronto se pone en acción el poder recuperador de los medios de comunicación. La “escenificación” del deseo  es en realidad una manera más de controlar el cuerpo.

Esa “puesta en discurso” del sexo del que hablaba Foucault permite su control inmediato, encerrando al cuerpo, cosificándolo,  reduciéndolo a una simple mercancía. Y, como paradoja, nuestra civilización actual, que teóricamente  hace  tanta ostentación  del cuerpo erótico, dista mucho de ser una civilización del cuerpo.

Ese autoritarismo comienza desde la niñez,  sigue con la  transmisión de una serie de discriminaciones que, a lo largo de la vida. se verán reforzadas por una extensa cohorte  de disciplinas sociales, culminando en la fase última con la “socialización” de la muerte a cargo de empresas especializadas con propósitos claramente lucrativos. ¡La muerte también es un terreno del que el cuerpo no escapa!.

Intervienen, además, constantes  agresiones exteriores, tanto culturales como las ligadas a los mecanismos  de infiltración en el espacio individual  con cotas de intrusión que se intensifican en grados superlativos.

Todo ello contribuye  al deterioro cada vez más fuerte y preocupante del reconocimiento, aceptación y liberación del propio cuerpo, tanto a nivel físico como psicológico. Pero poco cabe esperar de una visión que se asienta  en la  ocultación un hecho esencial: el de la vida cotidiana .

Plantear el problema del poder no sólo a nivel social sino también en el plano de lo inter-individual, quizás sea una nueva manera de encarar una reivindicación básica. Reivindicar el cuerpo como una auténtica propiedad  (eminentemente privada, además) implica también un mecanismo de cuestionamiento  de la dinámica social en la que estamos inmersos.

Recuperar el cuerpo perdido y aunque sólo se plasme  en un rechazo del orden corporal dominante, no deja de ser una reivindicación plena del cuerpo, cuerpo enajenado, cuerpo por inventar…