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SUSANA FINKLSTEIN Paradigmas de la abuelitud

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Con el animo de ilustrar la posición política del feminismo en estos años debo parafrasear a mi amiga Ester Nani cuando cita:” es difícil participar en las instituciones y organizaciones políticas tal como son hoy, democráticamente incompletas, pero no es imposible. Será necesario hacer un esfuerzo colectivo, pluralista y no sectario, para utilizar todos los esfuerzos y recursos posibles. Hará falta ingenio, solidaridad, paciencia, fuerza, tolerancia, buen humor y afecto, cosas que las mujeres hemos desplazado muchísimas veces. Contribuiremos con ello, junto a todos los que se propongan lo mismo, a profundizar esta democracia aún inconclusa”. Judith Astelarra. Barcelona.1988.

Los nuevos parámetros  de inclusión y exclusión, es un desafío así como las nuevas problemáticas del género frente al desarrollo de la población y la composición de los grupos sociales.

Si bien los planteos de erradicar las desigualdades y la discriminación se mantienen, y se pone el acento en luchar contra la violencia de género que es su máxima expresión, no podemos ignorar que las políticas públicas , como herramientas debe tender a comprender la realidad del momento.

En este sentido el colectivo de mujeres debe observar un aspecto crucial y terminante que nos marcan las estadísticas que es el envejecimiento de la población.- El aumento de la población de 60 años y más aun de 80 años respecto a la de 0 a 14 años.

Ello indica que debemos prestar atención a este fenómeno, y como influye en la carga otorgada a las mujeres sobre el cuidado de los otros, que ahora incluye el de los niños de las anteriores generaciones y la de los ancianos que no son autoválidos.

Con el sentido del humos que indicaba al comienzo podemos ponernos a pensar en el “paradigma de la abuelitud”, o sea el mandato social que establece que las mujeres debemos transformar el placer de los nietos en una obligación de cuidado, porque es la única tarea que nos gratificará “a esa altura”

La naturalización de ese principio determina el fin de la vida pública de las ancianas más jóvenes para incluirla exlusivamente en el ámbito privado, so pena de ser consideradas “anormales” en la constelación familiar.-

Ello responde a la falta de politicas públicas de cuidado que incluyen los dos extremos etáreos que nuevamente son suplido por las mujeres, y que se adorna en este caso con las convenciones que determina que el amor maternal todo lo puede, aun convertir un día de 24 horas de atención en un disfrute.

Ni hablar de lo que se denominan “las mujeres sándwich” las que tienen entre 50 y 60 años que están divididas entre el cuidado de sus nietos y el de sus padres, trabajo este totalmente invisible que genera mucha tensión y mucha culpa, porque cuando no puede dar la atención que ambos requieren, ya sea por problemas económicos o por falta de tiempo, no hay donde acudir.

Párrafo aparte merecen aquellas mujeres mayores cuidadoras de sus parejas invalidadas, (estadísticas dixit)  que carecen totalmente de consideración tanto por el estado como por la sociedad que ignora su actividad múltiple tanto como su papel de proveedoras del hogar silenciosas e ignoradas.-

En el siglo pasado esta temática estaba por lo menos reasignada a ámbitos gerontológicos médicos, y ausente de cualquier congreso, encuentro, o taller de grupos feministas, en los que aun la menopausia sonaba como tema tabú .-

Propongo que en forma solidaria asumamos la problemática planteada, ya que nuestra realidad impone no ocultar, y nuestra calidad de luchadoras de género impongamos los rubros a analizar que nos impone el paso de los años.-

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