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SUSANA CATTANEO: Alejandra Pizarnik o el dolor de la palabra

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Al leer la obra de Alejandra Pizarnik siempre pensé que detrás de su angustia existencial había una búsqueda incesante de la verdadera vida, aquella que no es de este mundo. Creo que su suicidio fue la esperanza y el pasaje para  llegar a ella. Esperó lo que pudo hasta que se dijo a sí misma por última vez:  “…Basta de hacer fila para morir….¡Arremete, viajera!…”

Fue una autora con personalidad singular cuya obsesión rondaba el problema del lenguaje, la muerte, la atracción que ejercía sobre ella la infancia. Se le reconocen influencias del surrealismo francés y del simbolismo, como del romanticismo alemán. Sin embargo su escritura no se asemeja a la de ninguno; su estilo es personal, distanciándose así de las vanguardias nacionales de su época y de la llamada Nueva Vanguardia en especial.

Esta poeta argentina, nacida en 1936 y autora de “Los poseídos entre lilas” “El árbol de Diana”, y más libros como ser “La última inocencia”, “Extracción de la piedra de la locura”, “El infierno musical” entre otros, fue hija de inmigrantes rusos y desde joven se dedicó a escribir y así comenzó a poner misterio a las palabras. A través de su vida viajó a Estados Unidos y residió en París, donde se contactó con figuras literarias de importancia como Octavio Paz y Julio Cortázar.

Ocupa un lugar de privilegio, a mi entender, en la literatura hispánica, por la capacidad de hacer que el lector encuentre en ella sus propios sufrimientos, por su lírica, su arte y por lo controvertida que fue, llegando a su fin con el suicidio(1972) que la hizo aún más misteriosa y valiente frente a sus lectores.

A través de su poesía se pueden apreciar algunas diferencias de forma en su estilo. Sus poemas son algunos muy breves y otros más extensos. Entre líneas escuchamos las voces de Artaud y los llamados poetas malditos en general, como ser Baudelaire, Mallarmé, Verlaine, Rimbaud. Admiraba a los escritores surrealistas y simbolistas del siglo xix y xx; estuvo bastante influenciada por éstos y se ha inspirado en ellos estilísticamente. Utiliza una métrica irregular y se vale del simbolismo de las palabras para desarrollar su temática.

Sus temas se repiten: la orfandad, la niñez, la desolación, la angustia, la muerte  y muchas veces encontramos dos escribiendo: ella y otra ella.

Todo esto puede encontrarse, más allá de lo explícito, en forma de símbolos. Por ej. La muñeca lleva en sí personificada la infancia:

Al alba dormiré con mi muñeca en mis brazos, mi muñeca la de ojos azul oro, la de la lengua tan maravillosa como un poema a tu sombra”.

Y a veces se transforma en un maniquí  (surge una sensación de lo siniestro, de locura), que no es más que ella misma:

Maniquí desnudo entre escombros. Incendiaron la vidriera, te abandonaron en posición de ángel petrificado. No invento: esto que digo es una imitación de la naturaleza, de una naturaleza muerta. Hablo de mí, naturalmente”.

La dra. Fiona Mackintosh, profesora de estudios hispánicos  en la universidad de Edimburgo y autora de un importante trabajo sobre Pizarnik, afirma que en la poeta el tratamiento de la infancia está muchas veces caracterizado por numerosas descripciones de violencia y crueldad unido a su temor a la madurez, a la orfandad y a las alusiones a la locura.

Mackintosh sugiere además que el motivo de suicidio de Alejandra podría deberse precisamente a que la poeta no soportaba la idea de crecer y tener que abandonar la imagen aniñada que ella misma se había creado. Vemos, entonces, que el papel de lo biográfico es fuerte en la obra de la poeta, idea que aún se refuerza más  si se piensa  que el tema de la edad y la infancia también circula en sus diarios.

El 30 de abril de 1966  de su diario escribe:

“Lo infantil tiende a morir pero no por ello entro en la madurez definitiva. El miedo es demasiado fuerte, sin duda…aceptar ser una mujer de 30 años no es fácil… me miro en el espejo y parezco una adolescente. Muchas penas me serían ahorradas si aceptara la verdad.

Estoy de acuerdo en toda obra de un escritor lo biográfico está en forma ineludible. Johnny  Kondrup, profesor de la Universidad de Cophenhague,  nos cuenta que el autor de una obra literaria es un eslabón en la comprensión de dicha obra y Adam Oehlenschläger habla de la relación entre la personalidad del autor y su creación afirmando que se relacionan del mismo modo que un árbol y sus frutos.

En sus libros de poemas, de prosa y en sus diarios, refleja su atormentado mundo interno, donde encontramos también el contraste de dolor y belleza y a veces nos hace sentir que no son opuestos sino un complemento de la extrema sensibilidad que un ser es capaz de sentir.

En su obra juega con espacios en blanco; a veces aísla palabras para que tengan más fuerza:

“Ahora

        En esta hora inocente

Yo y la que fui nos sentamos

En el umbral de mi mirada”.

La palabra “Ahora” está aislada del resto. También vemos aquí el desdoblamiento del que hablábamos anteriormente y los espacios en blanco.

En determinados poemas como recurso rítmico para la musicalidad utiliza palabras graves y otras que desde un lugar indiscutiblemente estético la ayudan a transmitirnos sus emociones más profundas.

Aparte del aislamiento del que hablábamos antes, también para dar énfasis utiliza la repetición. Hay en su obra metáforas y describe situaciones angustiantes ya sea en forma directa o indirecta. A veces no utiliza ni comas, ni puntos, no cumpliendo así con las reglas gramaticales, pero en algunos de sus poemas en prosa sí las cumple. Ej:

Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa”.

Vemos, entonces, que no tiene un modelo compositivo fijo.

Encontramos el oxímoron (unión de significados opuestos). Ej:

“Memoria iluminada, galería donde vaga la sombra de lo que espero.

No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá”.

Alejandra desarrolla con maestría los recursos poéticos que le permiten enviar los mensajes que quiere expresar: la melancolía, la muerte, la niñez, el miedo, la angustia existencial antes mencionada.

Si incluimos la temática, la métrica irregular y todo esto que venimos diciendo, vemos que es diferente de los escritores de su generación, que tendían más a temas tradicionales o sociales.

También hace alusión a los silencios, a su intención de prescindir de las palabras, a la ausencia de ellas:

 “Deseaba un silencio perfecto.

             Por eso hablo”.

 

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Su vida, su manera de sentirla, de ser, está en cada verso, en cada oración. En la completitud de los textos. Y en ellos dicha vida se diluye y le hace sentir al final de su existencia que las palabras ya no le sirven, situación que actúa como filoso cuchillo sobre la cuerda que la ataba a este mundo. Si queremos encontrar hechos concretos no los encontramos; ella nos trasmite una biografía de su sentir, de su alma, de su pensamiento. Explora otros planos de la palabra y del silencio.

Sus sentimientos de muerte y miedo se acentúan con la presencia –hecha metáfora- de la noche y lo oscuro:

“La noche, de nuevo la noche, la magistral sapiencia de lo oscuro”. “La sombra. Ella está aquí. Casa del sal volcada…”

Los textos en prosa se acercan a una escritura psicótica; hay lenguaje dislocado, obscenidades; quiebras.

“¡Basta de malentendidos, pedazo de Wittgenstein! Ella me la da en Alabama de mi flauta y el canario se me malentiende…En fin, quécarajo, le dio una biaba que arrastró con el Papa, con la pluma y con la concha de tu hermana, hypocryte lecteur…”

 Desde el punto de vista psicoanalítico afirmo se ve en ella una  personalidad depresiva (“Yo, que sólo conozco la noche de la orfandad…”) con importantes rasgos esquizofrénicos (ya vimos el desdoblamiento) , estados que la  llevaron  a padecer varias internaciones. Sin embargo, pudo legarnos una obra literaria de gran envergadura capaz de acompañar en los momentos en que lo necesitamos. Una obra que influyó en muchos escritores que la siguieron. Neruda dijo que la poesía es un arma de combate. Para Alejandra fue un arma para estar viva.

Esta poeta, que también tenía sus momentos en que era divertida, hacía chistes e iba a la confitería La Paz con su hámster en el hombro y que se vestía de forma bizarra es para mí un pilar indiscutible de la literatura argentina e hispanoamericana.

Para terminar y como homenaje, un poema suyo que me llega profundamente:

 “Para que las palabras no basten es preciso alguna muerte en el corazón.

La luz del lenguaje me cubre como una música, imagen mordida por los perros del desconsuelo, y el invierno sube por mí como la enamorada del muro.

Cuando espero dejar de esperar, sucede tu caída dentro de mí. Ya no soy más que un adentro”.

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