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Beatríz Broide: La vestimenta y la moda

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LA VESTIMENTA Y LA MODA

La moda no es sólo el ropaje que un pueblo o un grupo social lleva en determinada época. Es el conjunto de sus hábitos, los modos que tienen sus miembros de relacionarse, las costumbres y la forma en que está pautada la convivencia en ese grupo humano. Constituye un núcleo de significaciones sociales, estéticas, eróticas, morales y económicas que entraña diversos mensajes.

Se puede interpretar la moda como escritura, código, construcción social, mito, discurso económico o reflejo político, pero es indudable su centralidad como representación simbólica de los cuerpos.

Tres teorías rivalizan entre sí para explicar las razones por las cuales los seres humanos comenzaron a cubrirse: la teoría del pudor, la teoría de la decoración y la que se apoya en la función protectora de las vestimentas.

La teoría del pudor era la más arraigada en Occidente y fue durante siglos la doctrina oficial del cristianismo, fundada en la antigüa tradición bíblica : el pudor es una consecuencia del pecado original cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso. Los teólogos consideraban que toda atención hacia el cuerpo era nociva para la salvación del alma y una de las formas más fáciles de apartar los pensamientos de aquel, era ocultarlo. Así, cualquier forma de exhibición del cuerpo, era considerada impudicia.

La teoría del pudor sufrió duras críticas cuando comenzaron a estudiarse las tribus neolíticas europeas, ya que surge la evidencia que la decoración era el motivo fundamental de sus desvelos por sus cuerpos desnudos. Existieron pueblos que no se vestían; pero nunca que no se decoraran.

El sentido alegórico de los adornos, la desnudez realzada por los tatuajes, la proliferación de joyas y dibujos indican un afán exhibicionista completamente opuesto al pudor tal como éste fue concebido posteriormente.

 

La tercera teoría, la de la función protectora, se basa en un argumento de sentido común: los seres humanos se han vestido para proteger sus cuerpos de los rigores del clima. Pero esta hipótesis , relativamente válida, es insuficiente para esclarecer la complejidad de las diversas ornamentaciones en las distintas culturas y tampoco resulta adecuada   para explicar otros aspectos, tales como los tabúes y las prohibiciones .

Si la moda se inscribe en las variaciones a las que son sometidas las vestimentas en una determinada sociedad, es indudable que toda modificación en la estructura social se reflejará en el vestido y producirá nuevas modas que la simbolicen. La moda es un indicador y muestra, por lo tanto, todo cambio en las relaciones de opresión de esa sociedad. Conducida `por los sectores dirigentes tiende siempre a expresar la aparente inmutabilidad del orden establecido

En Occidente resulta bien claro que los ciclos de la moda están estrechamente vinculados con acontecimientos sociales, económicos y políticos que a su vez se manifiestanen cambios en el sistema de producción de la vestimenta, tales como los mecanismos de fabricación, la expansión de los medios de transporte y de las comunicaciones, así también como el dominio de algunos países sobre otros , especialmente en el aspecto de la dependencia tecnologica y cultural, En la actualidad, en el marco de una creciente globalización, la moda se ha transformado en una industria de gigantescas proporciones, manejada por poderosos intereses..

Además, la relación entre el erotismo y la moda es tan importante como lo es la gravitación de los factores económicos y sociales. La seducción y la atracción juegan en la moda como dos agentes opuestos y complementarios: la exhibición y el ocultamiento, y ambos han sufrido una curiosa evolución en el curso de la historia.

La moda, como cambio constante y reflejo directo de prácticas y costumbres, como permanente búsqueda de lo nuevo, es un fenómeno que aparece en Occidente recién en la Edad Media.

En otras épocas y en diversas sociedades se observa un panorama distinto: durante siglos se han seguido usando relativamente las mismas vestimentas, y la marcada diferenciación sexual – ornamental , tan notable en Occidente, generalmente se esfuma en otras civilizaciones.

Históricamente es visible sólo un cambio que va desde el desnudo hasta la túnica, que con diversas variantes se mostró como única vestimenta conocida.

 

Antes de la llegada de los conquistadores extranjeros, los antigüos habitantes del Nilo vivían desnudos, tatuados y pintados , al igual que la generalidad de las tribus neolíticas europeas. Estos ornamentos se conservaron durante mucho tiempo, así como el hábito de acentuar la línea de las cejas y los párpados. tal como se observa en los frescos de los templos faraónicos.

Más adelante, las precisas estatuillas egipcias muestran a los varones sólo cubiertos por un “faldellín” y a las mujeres portando una túnica que marca claramente las formas del cuerpo. Y durante varios siglos estas vestimentas se complicaron muy poco, pero ambos sexos daban particular importancia a los adornos de la cabeza y a las joyas..

En Babilonia, los sumerios usaban una especie de holgada camisa que dejaba un hombro al descubierto y tanto varones como mujeres llevaban el pelo largo. Gudea, príncipe caldeo, aparece en las esculturas vestido con sencillez: un ancho manto doblado sobre el hombro izquierdo y el brazo derecho libre. Su única vestidura debió ser, entonces, semejante a la que varios siglos después Herodoto alcanzó a ver en los babilonios de su tiempo: un simple manto blanco.

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Detalle estela de Ur Nammu

 

Mantos y túnicas perduraron durante toda la Antigüedad, y es interesante destacar el hecho paradójico que toda esa sencillez en la vestimenta se corresponde con una gran libertad sexual y una compleja sacralización del erotismo, a la par que se iba desarrollando una multifacética cultura erótica.

Las costumbres en Egipto, y también en otras civilizaciones eran extremadamente libres y el erotismo se convirtió en algo sagrado.

Herodoto y Plutarco se asombraron de las prácticas egipcias, tradiciones que también se habían dado en otras culturas, y en todas se encuentra el mismo contraste entre la sencillez de mantos, túnicas y ropajes con la compleja sacralización del erotismo.

Quizás, para ser posible la aparición del fenómeno de la moda tal como hoy se lo interpreta, fueron necesarias las violentas restricciones del cristianismo que convirtieron en símbolo -por prohibid – aquello que antes era considerado sagrado.

Las variaciones más notorias en esos períodos de moda casi idéntica se dan en el arreglo de la cabeza: peinados, sombreros, pelucas,,,Y suponemos no haber sido casual que entre las múltiples prohibiciones de la Iglesia algunas de ellas recayeran sobre las cabezas de las mujeres, como lo expresara San Cipriano, varios siglos después. Lo Duca, en su Historia del Erotismo, enfatiza la importancia y la jerarquía del culto al cuerpo desnudo.

En las esculturas primitivas griegas, las vestimentas ya resaltaban las diferentes partes del cuerpo. Luego, en la época clásica, la escultura pasará a la exaltación del cuerpo perfecto hasta llegar a un realismo capaz de mostrar formas admiranles. Y mientras tanto se iba desarrollando una compleja cultura erótica que tuvo su apoteosis en Roma.

De la misma manera que pueden establecerse tan leves variaciones en las vestimentas de los pueblos de la antigüedad, se observa una gran similitud entre los rituales erótico-religiosos, en los ritos sacros tenía más relevancia el cuerpo desnudo que la vestimenta. Y esta aseveración es significativa, dado que los posteriores estudios de Occidente tuvieron que interpretar y descifrar, desde el punto de vista de su moral negadora y restrictiva, hábitos que no sólo eran practicados por muchísimas culturas sino que también se suponía eran placenteros para sus dioses.

Habría que preguntarse entonces si la importancia simbólica de la vestimenta, con sus variaciones y complejidades no se manifiesta en Occidente como una sustitución del culto al cuerpo, como aspecto manifiesto de un estilo de sexualidad. ¿Sería desacertado plantear la premisa de la existencia de un desplazamiento en la que el erotismo pasa del cuerpo a la vestimenta?…

La moda en Occidente procede de una fusión de culturas, pero rápidamente empieza a tener características propias. Es simbólica e inútil : los parámetros estéticos sustituyen a la practicidad.

Los zapatos cobran longitudes extravagantes, hacia atrás y hacia adelante, curvándose muchas veces hacia arriba. Las telas de Damasco, los paños recamados de oro, las sedas que llegan dificultosamente de Oriente eran incrustadas con piedras preciosas en un derroche de lujo y suntuosidad.

A finales del siglo XIV comienzan a emplearse los botones, ya conocidos por los persas 4.000 años a.C., pero olvidados por el uso de las túnicas.

Desde el Renacimiento, la historia de las modas es la de un cambio constante. Hasta el siglo XIX, en que se impuso la sobriedad en los trajes masculinos, estos rivalizaban en coloridos, bordados y encajes con los vestidos femeninos.

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Imágenes de la moda victoriana

 Y será el Imperio Inglés el que dicte las más estrictas normas. La época victoriana, célebre por su moral rígida, no sólo enfunda nuevamente a las mujeres en ceñidos corsés y telas que la ocultan, sino que además impone un verdadero uniforme para los varones blancos dominadores y para los sectores dirigentes de los pueblos sometidos que se identifican con ellos. El traje masculino –que con variantes aún llevan los varones- es un símbolo que crea el Imperio.

Parece importante recordar y resaltar que durante siglos los varones se constituyeron notoriamente en los árbitros de la moda en Occidente. No es necesario acudir a Petronio , que con tanto hastío se abrió las venas. Fueron los regios varones del medioevo quienes usaron una ropa tan ajustada que obligó el empleo de los botones. Y fueron ellos los que introdujeron los escotes en el siglo XV. Se muestran y destacan nítidamente pechos, muslos y   pantorrillas , con un esmero especial en subrayar las partes viriles.   Como contrapartida se reprime cualquier expresión de erotismo en la mujer.No es difícil entonces interpretar esta preeminencia del varón en la exhibición de su cuerpo vestido como un privilegio patriarcal.

La moda es el lenguaje y la expresión de las tendencias eróticas de una sociedad pero también es competencia, que se mostró durante siglos como una prerrogativa masculina: fué la ostentación simbólica de su poder. Para la mujer persistía la condena bíblica : la exhibición le estaba prohibida.

Esa exhibición preponderantemente masculina se puede observar, asimismo, en las tribus primitivas: los varones se decoraban , tatuaban y ornamentaban mucho más que las mujeres.

Pero fue más visible en Occidente, donde los tabúes impuestos por la religión como instrumento de dominación masculina fueron los que condicionaron con más fuerza la desaparición de la mujer de la competencia erótica recayendo sobre ella todo el peso de las prohibiciones y las amenazas de pecado: el erotismo, la visión del cuerpo, la moda misma , eran peligrosos sólo para la mujer. La fantasía consideraba diabólico el erotismo femenino…

Y saltamos al siglo XX- Dos guerras mundiales, profundos cambios en el sistema de producción , la lenta incorporación de las mujeres al mercado de trabajo… pero siguen persistiendo los factores estructurales que hacen a la esencia del concepto de la moda en el vestir : el eterno juego entre pudor y exhibicionismo que constituyen la base misma del erotismo en la moda, con toda una historia cargada de mala fe.

Freud intentó explicar el modo y la forma en que la estructura erótica de los individuos se expresa a través de la vestimenta. Pero recién al final de su vida llegó a sostener que no sólo las zonas erógenas sino todo el cuerpo está erotizado. Así, el cuerpo es un campo de satisfacción erótica, pleno de significados.

Lo mismo ocurre, en su aspecto simbólico, con las ropas que lo cubren: es precisamente en la vestimenta y en la moda donde se ven con mayor claridad esos complejos desplazamientos simbólicos.

Y la dominación masculina tradicional continúa… En la medida en que la moda es un índice de dominación, no sólo se reflejan en ella las restricciones de los opresores , sino también las del sexo dominante: dentro de un sistema impositivo se manifiesta un sexo también impositivo, que refleja las características de su poder en toda la sociedad.

Con posterioridad, la moda empieza a mostrarse como un territorio femenino, en el marco de un lento proceso a través del cual las mujeres intentan romper su secular relación de dependencia . Sin embargo, esa aparente posibilidad de elegir es, al mismo tiempo, otra forma de alienación. La moda impuesta por la sociedad de consumo, difundida por los medios de comunicación y puesta al alcance de muchas por un masivo sistema de producción industrial es un monstruo de mil caras: ¡otra trampa más!. La imposición de la novedad permanente, del incesante cambio en la superficie no es más que una distracción frenadora de cambios más profundos y temidos.

La mujer, aparentemente revalorizada, es reducida a una mera imagen convertida en un objeto inofensivo, consumista y objeto de consumo: su acceso al cetro de la moda constituye la expresión de la absorción del fenómeno por los mecanismos del poder masculino, ahora un tanto más sutiles, pero no menos efectivos.

La moda no es ni puede ser revolucionaria. Muestra hábitos y costumbres, prescripciones y prohibiciones, códigos y tabúes : refleja pero no decide. Es simultáneamente símbolo e instrumento de alienación, con frecuencia de conformismo, a veces de rebeldía.

Y en estas primeras décadas del convulsionado siglo XXI ¿seguirá el erotismo expresándose en la vestimenta?

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